viernes, 18 de julio de 2008

Días sagrados



Como el espacio, el tiempo no es, para el hombre religioso, ni homogéneo ni continuo. Existen los intervalos de tiempo sagrado, el de las fiestas periódicas, y el tiempo profano, en el que se inscriben los actos despojados de toda acción religiosa, tiempo que transcurre de día en día, lineal.

El tiempo sagrado es, por su propia naturaleza, reversible. Es decir, tiempo mítico primordial actualizado. Toda fiesta sagrada es reactivación de un acontecimiento que sucedió al comienzo de la constitución de los pueblos. En otros términos, por la fiesta el pueblo recupera indefinidamente los gesta de sus creadores y los mantiene presentes. En el tiempo sagrado el hombre se encuentra con su Creador y con él vive las acciones creadoras.

Posiblemente, pocos países como Venezuela hacen tantas celebraciones, que por ser tantas ya nada celebran. Hay “día de” de casi todo. Hasta los bancos se han vuelto muy “religiosos”. Que cada quien tenga sus fiestas, pero no se obligue al país. Semana Santa y Carnaval deben dejarse a cada uno, pero no estimular una significación que han perdido. La Navidad es fiesta de los niños y canto a la vida. Año Nuevo son las promesas de un futuro mejor. Éstas serían las fiestas nacionales profanas.

El tiempo sagrado es un tiempo circular, recuperable y ahistórico. Con él, los pueblos detienen periódicamente el tiempo profano y se reinsertan en la Historia, eterno presente. Venezuela debe revisar sus fiestas patrias, para que sean verdaderas celebraciones religiosas.

Hay que analizar el contenido del 19 de abril. ¿Qué conmemoramos ese día? ¿La renuncia del bonapartista Vicente Emparan? ¿El establecimiento de la “Junta defensora de los derechos de Fernando VII”? Fue un rey muy inicuo para seguir otorgándole ese honor.

Deben revisarse también el 24 de junio y el 24 de julio. No creemos que los pueblos deban celebrar sus batallas. Está bien que los franceses canten el comienzo de una gran matanza. Pero imitemos a los Estados Unidos que dedican un día para dar gracias por los dones recibidos.

Cantemos el 5 de Julio la civilidad, el entendimiento y la voluntad de vivir juntos y en armonía en el concierto de las naciones. Es imperioso recuperar la Primera República.

Tengamos el Día de la Nacionalidad. Como el Orinoco que atraviesa nuestra geografía, mantengamos presentes, sin privilegiar a ninguno, los afluentes de pueblos y de gentes que constituyen nuestra gran Nación. Si nuestra democracia política es aún defectuosa, nuestra democracia étnica es casi perfecta.

Volvámonos religiosos, pero de la religión de los Derechos Humanos, de la religión del ‘religare’, de la religión que une a los hombres en una maravillosa diversidad, de la que el pueblo venezolano es testimonio. Cantemos esa unión en los días sagrados.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 21 de noviembre de 2003, pág. 13
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