viernes, 18 de julio de 2008

Ate

Ningún mortal del mundo puede escapar a las artimañas de Ate. Con caricias fatales y palabras que empalagan el alma, la engañosa diosa envuelve al hombre entre sus redes. A eso se dedica, lograrlo es la finalidad de su existencia y su gozo divino.

En épocas lejanas, Ate moró en el Olimpo. Pero de más en más se fue convirtiendo en compañía indeseable. Con sus cuchicheos, acallaba las amenas conversaciones que otrora alegraban los festines de los dioses. En las esquinas, los esperaba para espantarlos y burlarse de ellos que tan fácilmente perdían la compostura. Pronto miradas de dioses cabizbajos vagaban compungidas por oscuros corredores a causa de la presencia de tan astuta e inquietante diosa. Y más: los siemprejóvenes dioses se querellaban en toda forma todo el tiempo, porque Ate les insinuaba al oído alguna palabra que los inducía a equivocarse, ya fuera juzgando u obrando desacertadamente al tomar una cosa por otra . Los inmortales tenían entonces que cargar a sus espaldas pesados fardos de culpas nacidas de sus actos falaces y fallidos.

Pero cierto día, Zeus se cansó de tanta discordia. Se cansó de ver cómo los dioses se equivocaban y de cómo él mismo incurría en tremendas metidas de pata -con perdón-. Airado, el señor del Olimpo tomó a Ate por los cabellos y la arrojó a la Tierra.

Expulsada de la sociedad divina, la diosa pasó a vivir entre los hombres. Comenzó entonces su trabajo: perturbar los corazones, enredar las lenguas, desviar la mano que se mueve en gesto amable, poner tropiezos a los pies.... Desde ese día los lapsos, los juicios falsos, los desaciertos, el incumplimiento del deber de los hombres son pasatiempos de la diosa. Alcanzar esto es su diversión y mayor placer. A los hombres que la diosa enreda, no les queda sino vagar de un lugar a otro o divagar el pensamiento, la imaginación y atención y... lamentarse.

Pero los hombres no están desamparados, aunque casi. Cuentan con las Preces, humildes y cojas hijas de Zeus. Noche y día, estas siervas de los hombres siguen las huellas de la maléfica divinidad, tratando de deshacer muchas de las intrigas que Ate va esparciendo por donde pasa, aunque en raras ocasiones consiguen reparar por completo el mal que la diosa desparrama. Porque Ate es de muy ligeros pies. Sin dejarse alcanzar, anda por el mundo despojando a los mortales de su tranquilidad. Fingiendo mostrarles la buena senda, los conduce por vías tortuosas que van al despeñadero del mal.

Las Preces no llegan siempre a tiempo para detener a los humanos. Cuando ellas se presentan, muchas veces ya Ate ha pasado y únicamente encuentran en el camino lamentos de arrepentimiento o rebelión. Y ya no les queda otra cosa que consolar a los desdichados mortales, constantemente engañados por los artificios de la diosa con aquello de que “es de humanos errar”.

Ate es el error, el extravío, la desgracia y, sobre todo, es diosa de las disensiones. Algunos ambiciosos miembros de la Coordinadora Democrática la tienen como diosa protectora.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 14 de agosto de 2003, página 13
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Utopía


Sin duda los 60 fueron años revolucionarios, locos... y sangrientos en América. Recordamos la instauración del régimen cubano (con no pocos fusilamientos) y la matanza de Tlatelolco. Pero también fueron años de revoluciones menos violentas, aunque sí más mugrosas. ¿Cómo olvidar a los hippies? Los nuestros, aunque tardíamente, un día se fueron para La Azulita y para El Paují, en la Gran Sabana, a vivir su utopía de paz y amor.

Pero el siglo de la colonización utópica fue el XIX (testigo turístico es la hermosa Colonia Tovar) y América, el lugar para el no hay tal lugar. Aunque hubo teóricos muy importantes como Flora Tristán, sin embargo este continente fue el campo de experimentación del saintsimonismo, del falansterismo, de la sociedad cooperativa y de la Icaria de Cabet.

A partir de 1830, se fundaron una serie de colonias en las que la propiedad en común de los bienes de producción, el reparto comunista del consumo o el amor libre, para dar algunos ejemplos, parecían más factibles en las soledades americanas que en el anquilosado mundo del control social europeo.

Robert Owen le pidió a la República de México que le cediera libremente la provincia de Texas y de Cohauila a una sociedad que se formaría con el fin de realizar un cambio radical en la especie humana. El gobierno mexicano no lo escuchó. Pero sí a A. K. Owen con el que firmó unos contratos para que fundara la colonia de Topolobampo.

En Brasil hubo dos grandes experimentos socialistas europeos. Uno, alrededor de 1840, dirigido por el médico francés Jean-Benoit Mure. Giovanni Rossi dirigió el experimento de la colonia socialista Cecilia, fundada por él en febrero de 1890 en el Estado de Paraná, en un territorio desierto, en tierras vírgenes de una región aislada. Rossi consideró que gran parte del fracaso de Cecilia se había debido a la “contaminación” que traían los europeos, quienes, por esa razón, no podían vivir en una comunidad libertaria como la que él planteaba. Por eso, para la futura colonia elegiría a indias salvajes, que no estarían contaminadas como las europeas por la civilización, y aceptarían sin prejuicios el amor libre que preconizaba en la frontera del Estado de Matto Grosso.

El eje Orinoco-Apure no sería un mal territorio para un ensayo. Los expelidos y marginados, rechazados y vomitados, humillados y ofendidos por una sociedad y un Estado que los considera escoria, tal vez encontrarían su lugar. Con lujo de detalles el maestro Simón Rodríguez diseñó el experimento en 1842, para que los hombres pudieran empezar a vivir “como Dios manda que vivan”.

Claro que un problema no menor tal vez sería la elección del Ministro de Colonias. ¿A quién elegiría usted?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 12, el 27 de agosto de 2003
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El perdón




El pueblo judío, con un ayuno riguroso, cada año reserva un día muy especial para purificarse ante Dios a fin de que lo vuelva a inscribir en el libro de la vida. Pero Dios no perdona los pecados cometidos contra los hombres. El hombre debe entenderse con sus hermanos para obtener su perdón. Todos hemos ofendido mucho, pero hay diez pecadores capitales que deben confesarse ante nosotros para que los perdonemos.

El que cometió acto punible en febrero y noviembre de 1992. No es suficiente haber sido condenado por felonía, aunque la suya haya sido una "rebelión de los ángeles" (del mal).

El beneficiario de cosa proveniente de delito, que se montó sobre la cresta de la ola golpista que lo llevó al mar de desgracias de que hoy se queja.

El andariego por tv y radio para vender bacalao podrido como si fuera rosado salmón. Su palabra no será creíble nunca más, aunque se desgañite diciendo que el pez era lobo.

El combatiente, de prestigio más ficticio que auténtico, bocetista de una revolución pacífica mal pensada y peor ejecutada.

El pusilánime que permitió el risueño derrumbe de instituciones que llevó muchos años construir.

El prestamista de conocimientos, con los que ayudó a crear la fantasía popular del Mesías redentor. Después se supo que la Constitución no era el problema, y de oropel la valía del académico.

El engañador y estafador de ilusiones, cobarde fugitivo del reflujo de la marea opositora. Un día responderá de sus acciones que causaron ruina, dolor y llanto a tantas familias.

El general inepto que reclama un respeto debido al mérito y al saber que no tiene. ¡Cuántos recursos no perdió en él la República! Ésta deberá considerar seriamente si la "defensa de la soberanía" no puede hacerse de otra manera... más barata.

El cobarde militar que declaró "territorio liberado" un espacio que no necesitaba la liberación, que sí requerían otros. Para detener el brazo vengador, se asiló en un lugar sagrado de la ciudadanía.

Una parte del pueblo venezolano debe pedir perdón por desear vivir sin trabajar; otra, por ofender con su prepotencia. Aquélla porque la envidia fue su consejera; ésta, porque la soberbia la ha confundido. Una y otra deben perdonarse y enmendar sus vidas. ¿Lo harán?

Los autores de obras de autoayuda aconsejan el perdón para ser felices. Alguno ha insinuado que, si al pecador le cuesta mucho enfrentarse a quienes ha ofendido, puede hacerlo frente al espejo. Este opinador cree que el presente no es el caso. Si el pueblo venezolano no perdona y no se arrepiente, no heredará esta hermosa tierra. Deberá perdonar, pero también hacer justicia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 12 de septiembre de 2003, pág. 12, con ilustración
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De la mujer


Discutir de religión es como pelear por la sombra de un burro, como decía un refrán griego. Pero la discusión es pertinente cuando están en juego los Derechos Humanos. De hombres y de mujeres. En estos días se ha discutido de algunos de los hombres. Hablemos un poco de los de las mujeres en la Iglesia católica.

San Pablo odiaba a las mujeres, igual que San Agustín, después que se cansó de ellas. Éste tildó al placer sexual de enfermedad, podredumbre, pus nauseabundo, monstruoso, diabólico, locura... y fanáticamente condenó lo que definió como "la concupiscencia en el matrimonio".

Desde la cruzada emprendida por el Apóstol de los Gentiles y por el Obispo de Hipona, la mujer es señalada como el ser maldito y despreciable contra el que hay que luchar para salvarse (los varones). Y esta impronta patológica quedó grabada a fuego, hasta el día de hoy, en el cuerpo teológico y vital de la Iglesia católica y de sus clérigos, así sean papas. Los buenos conocedores de la curia romana dicen que el desprecio de cierto papa por las mujeres sólo tenía parangón con su amor por los hombres.

Para entender a la Iglesia de hoy, desandemos unos siglos. En Corintios 1, el apóstol Pablo desgrana estas perlas: "Comenzando a tratar de lo que me habéis escrito, bueno es al hombre no tocar mujer" (7,1). Insiste : “Dígoos, pues, hermanos, que el tiempo es corto. Sólo queda que los que tienen mujer vivan como si no tuvieran” (7,29). Y añade: “”Quien, pues, casa a su hija doncella hace bien y quien no la casa hace mejor” (7,38). Esto es: ¡a quedarse solteras, chicas!

¿Y cuál es el papel de la mujer? La respuesta se comprende si se acepta el principio: “El varon (...) es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón, pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón; ni fue creado el varón para la mujer; sino la mujer para el varón” (11,9). Como el lector puede deducir, Pablo no quería nada con mujeres. No deja de ser ilustrativo el “olvido” que tiene el fariseo de su madre en el último pasaje.

Sentadas las premisas, las conclusiones se caen de maduras, como le dice a Timoteo (1): “La mujer aprenda en silencio, con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio, pues el primero fue formado Adán, después Eva. Y no fue Adán el seducido, sino Eva, que, seducida, incurrió en la transgresión. Se salvará por la crianza de de los hijos si permaneciere en la fe, en la caridad, en la castidad, acompañada de la modestia” (2,10-15).

¡Pobre mujer! ¡Un remedio para la concupiscencia de los hombres! ¡Sólo se salva, si se salva, criando hijos que los hombres producen! Doctrina actual de la Iglesia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 2 de octubre de 2003, pág. 12
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Publicado por El Aragüeño, Maracay, el 14 de marzo de 2006

De nuevo la mujer


Las grandes religiones semíticas organizadas son siempre para varones. Los profetas del judaísmo fueron contrarios a las concupiscencias femeninas. Muy duramente trataba el gran Isaías a las mujeres.

Mahoma, por su parte, escribió: “Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a éstos por encima de aquéllas” (Corán, IV,38). A causa de su razón defectuosa, la mujer está siempre dispuesta a buscar camorra sin motivo ( XLIII, 17), cosa que no parece importarle demasiado al Profeta, al punto de que se arroga ciertos privilegios para hacerse con más (XXXIII, 49).

En otras palabras, por su condición la mujer es sierva y enemiga, instrumento sexual y agente provocador: mundo, demonio y carne al mismo tiempo.

La inferioridad fisiológica, moral, jurídica y política de la mujer ha sido y sigue siendo, abierta o encubiertamente, uno de los principios esenciales de la "antropología católica", causa y consecuencia a un tiempo del celibato obligatorio del clero y de la prohibición del sacerdocio femenino. La jerarquía católica no llega ni a la proclamación abstracta de la igualdad de la mujer ante la ley. La mujer es indigna del sacerdocio y de ser esposa o compañera de sacerdotes. Si no hay otro remedio, concubina; si lo hay, sólo alivio ocasional o meretriz. A ser posible, ni una cosa ni la otra: negada para las cosas santas.

Pero Jesús fue el restaurador y el libertador de la mujer, digan lo que quieran san Pablo y los Padres de la Iglesia que, al rebajar a la mujer al papel de sierva del hombre, han falseado el pensamiento del Maestro de Nazaret, cuyo carácter era amorosamente comprensivo.

 Un día le trajeron a una mujer y, poniéndola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos aconseja Moisés apedrear a éstas; tú, ¿qué dices? (...) Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en tierra. Como ellos insistieran en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero. E inclinándose de nuevo, escribía en tierra. Ellos que lo oyeron fueron saliéndose uno a uno, comenzando por los más ancianos, y quedó él solo y la mujer en medio. Incorporándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ? ¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más” (Jn 8,1-11).

La Iglesia católica no tiene ninguna indulgencia con las mujeres. ¿Temerá acaso una inundación de lujuria, como la derramada por los nicolaítas que extraían del cuerpo la fuerza de Prunikos (la lascivia) mediante la voluptuosidad? No hay peligro de que algo así se repita mientras la Iglesia esté gobernada por una gerentocracia clerical vestida de mujer... pero en cuerpo de varón.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 12, el 20 de octubre de 2003
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De cierta intolerancia



La intolerancia no es característica casual, sino necesidad derivada del derecho de toda sociedad de excluir de su seno a aquél que no se somete a sus normas y ordenanzas. Después de siglos de persecución furiosa en contra de los que se desviaban, la Inquisición pasó. ¿Pasó también la intolerancia de la Iglesia católica en contra de los que le son fieles? Leamos el Catecismo y entenderemos sus últimas actuaciones.

Dice sobre "Castidad y homosexualidad": “La Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural (sic). Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementación afectiva y sexual (sic). No pueden recibir aprobación en ningún caso”. Aunque los homexuales no eligen su condición, que es instintiva, deben, sin embargo, someterse a la castidad.

Si un homosexual creyente acepta estos argumentos de la Iglesia católica y decide renunciar a su condición sexual para alcanzar "la perfección cristiana", es su libertad. Pero el hecho no justifica la intolerancia eclesiástica para con él y con muchos otros que, como él, desean ser cristianos dentro de la Iglesia católica.

Otro índice de intolerancia es el referido a la decisión tan humana de divorciarse. La oposición es, incluso, a la separación decidida por ambos cónyuges. Y es que para la Iglesia "El divorcio es una ofensa grave a la ley natural" (sic)

Tampoco le gusta a la Iglesia la unión libre de un hombre y una mujer que deciden probar vida en común. Los distintos matices de esa unión libre son contrarios para la ley moral, pues "el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la unión sacramental".

Si esa intolerancia es para con la gente "del siglo", ¿qué esperar para los que deciden vivir "en religión"? La Iglesia católica impone a sus sacerdotes un estándar de pureza tan elevado, inalcanzable e inhumano, que una parte de ellos sólo son capaces de enfrentarse a él desde su propia derrota.

Pero en otro lugar se lee: "La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es dueño de la vida desde su comienzo hasta su término..." Sentado lo anterior, no podemos dejar de sonreír cuando la propia Iglesia justifica la pena de muerte: "La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar prejuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte..." Es comprensible: la Iglesia católica es gobernada por el Antiguo Régimen. Los Derechos Humanos todavía no fueron promulgados en el Vaticano. ¿O sí?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, página 13, el 3 de noviembre de 2003
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Días sagrados



Como el espacio, el tiempo no es, para el hombre religioso, ni homogéneo ni continuo. Existen los intervalos de tiempo sagrado, el de las fiestas periódicas, y el tiempo profano, en el que se inscriben los actos despojados de toda acción religiosa, tiempo que transcurre de día en día, lineal.

El tiempo sagrado es, por su propia naturaleza, reversible. Es decir, tiempo mítico primordial actualizado. Toda fiesta sagrada es reactivación de un acontecimiento que sucedió al comienzo de la constitución de los pueblos. En otros términos, por la fiesta el pueblo recupera indefinidamente los gesta de sus creadores y los mantiene presentes. En el tiempo sagrado el hombre se encuentra con su Creador y con él vive las acciones creadoras.

Posiblemente, pocos países como Venezuela hacen tantas celebraciones, que por ser tantas ya nada celebran. Hay “día de” de casi todo. Hasta los bancos se han vuelto muy “religiosos”. Que cada quien tenga sus fiestas, pero no se obligue al país. Semana Santa y Carnaval deben dejarse a cada uno, pero no estimular una significación que han perdido. La Navidad es fiesta de los niños y canto a la vida. Año Nuevo son las promesas de un futuro mejor. Éstas serían las fiestas nacionales profanas.

El tiempo sagrado es un tiempo circular, recuperable y ahistórico. Con él, los pueblos detienen periódicamente el tiempo profano y se reinsertan en la Historia, eterno presente. Venezuela debe revisar sus fiestas patrias, para que sean verdaderas celebraciones religiosas.

Hay que analizar el contenido del 19 de abril. ¿Qué conmemoramos ese día? ¿La renuncia del bonapartista Vicente Emparan? ¿El establecimiento de la “Junta defensora de los derechos de Fernando VII”? Fue un rey muy inicuo para seguir otorgándole ese honor.

Deben revisarse también el 24 de junio y el 24 de julio. No creemos que los pueblos deban celebrar sus batallas. Está bien que los franceses canten el comienzo de una gran matanza. Pero imitemos a los Estados Unidos que dedican un día para dar gracias por los dones recibidos.

Cantemos el 5 de Julio la civilidad, el entendimiento y la voluntad de vivir juntos y en armonía en el concierto de las naciones. Es imperioso recuperar la Primera República.

Tengamos el Día de la Nacionalidad. Como el Orinoco que atraviesa nuestra geografía, mantengamos presentes, sin privilegiar a ninguno, los afluentes de pueblos y de gentes que constituyen nuestra gran Nación. Si nuestra democracia política es aún defectuosa, nuestra democracia étnica es casi perfecta.

Volvámonos religiosos, pero de la religión de los Derechos Humanos, de la religión del ‘religare’, de la religión que une a los hombres en una maravillosa diversidad, de la que el pueblo venezolano es testimonio. Cantemos esa unión en los días sagrados.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 21 de noviembre de 2003, pág. 13
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Esta oscura desbandada



Homero describe el lugar: una vasta planicie subterránea. Sus habitantes vagan apáticos como sombras sin inteligencia, sin dolor ni alegría, por las melancólicas praderas desprovistos de esperanzas

Se entra por una cueva de afiladas rocas. La oscuridad es cada vez mayor. Tinieblas cenicientas, espesas de silencio, pero que no se alcanzan a ver, vuelan por todas partes. Los fantasmas se duplican alrededor. Se pueden reconocer voces heladas. El fétido olor que todo lo invade anuncia la cercanía de uno de los cinco ríos que es preciso recorrer para el último viaje. Más allá están el Aqueronte, el Cocito, el Flegetón y el Leteo, donde todo se olvida.

En una margen sombría y estéril del Estigia, el primero de los ríos, aguarda el barquero Caronte para llevar a los viajeros al otro lado. De los pasajeros recibe el óbolo que los parientes les habían colocado bajo la lengua como pago para la travesía.

Mientras navegan, el barquero, sordo a los lamentos, señala la dirección. Tienen que atravesar el bosquecillo de Proserpina. Después, el portón del Erebo, guardado por Cerbero, can de múltiples cabezas. Detrás de él, el reino de los Infiernos.

Traspuesta la entrada, la barca llega a su destino. Los viajeros bajan y se apostan en las penumbras a la espera del juicio. Frente a ellos se abren dos caminos: uno va hacia los Campos Elíseos, lugar de temperatura amena, suaves brisas y constante felicidad; allí viven los héroes, los favoritos del Olimpo y los justos y respetuosos de los dioses. El otro lleva al Tártaro, lugar de tormento rodeado por una triple muralla, al pie de la cual corren las llamas del río Flegetón. En sus márgenes padecen, entre otros, los Gigantes (o la fuerza bruta), que se alzaron contra Zeus (o la razón).

Ante el alma estremecida por la ansiedad, se presentan tres jueces, tres figuras taciturnas y severas que, sin vacilar, castigan o recompensan. Por último, surge Hades, juez de jueces, señor de la noche, hijo invisible del Tiempo y de la Tierra. El rojo de sus ropas destaca en el fondo umbroso de sus dominios. De ceño fruncido, no llora ni sonríe. El rostro impávido, olvidado de la luz, muestra la cansada gravedad de quien hace tiempo que está acostumbrado a formular la sentencia final. Sus súbditos están muertos.

¿Por qué toda esta descripción? Porque el descontrol, desatinos y desesperos y, sobre todo, la falta de buen humor de que está dando muestras esta oscura desbandada que nos (des)gobierna parecen indicar su viaje a... tan inhóspita residencia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 8 de diciembre de 2003, pág. 13
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Placeres imaginarios


Platón nos dejó la primera universidad, que duró más de mil años, y una enorme cantidad de problemas. Entre éstos se cuenta la tesis de los falsos placeres.

Porque ¿qué quiere decir el Fundador de la Academia cuando afirma en el Filebo que los placeres falsos existen o pueden existir? Usted y yo, como personajes del diálogo, podemos preguntarle a Sócrates: ¿Es ello posible? ¿Qué significa 'falso' en la expresión 'placer falso'? ¿Qué relación hay entre 'falso' e 'irreal', y entre 'falso' y 'malo'? ¿Qué clase de falsedad está en juego?

No pretendemos dar cuenta de esta difícil tesis, pero mucho se aclara si suponemos tres niveles de realidad. Primero, el material sensible. El segundo construido por el imaginario individual. Social es el tercero, nivel que marca el equilibrio y la articulación de la realidad sensible y de la realidad imaginaria.

El imaginario humano, como el de todo animal, ejerce la aestimatio y si hay estimación puede haber yerro. Aplicado a la tesis, podemos decir que el placer es creído como placer. No se está diciendo que el que goza no goza, sino que su opinión es falsa. ¿Por qué es falsa? ¿Dónde está la ilusión? Es obvio que no en la sensación, sino en la opinión que de lo placentero tiene el sujeto que disfruta el placer. Esto quiere decir, no que el placer no se da, sino que no posee las características que le atribuye aquél que lo siente. La respuesta a la pregunta deriva de este enunciado: Todos los hombres desean estar bien, pero no todos calculan su bien por los mismos principios.

La tesis platónica tiene un segundo aspecto que debemos destacar: la opinión falsa es sustentada por el hombre malo que se representa placeres futuros. Es entonces la exageración, la creencia de que su bienestar está en fabulosos goces exclusivos la raíz de la falsedad. Al no poder vivir aislado, al requerir de las atenciones y cooperación del semejante, exclusivo vale tanto como imaginario, y sólo los malos pueden tener esta creencia. O como lo dijo el maestro Simón Rodríguez: "Goza ficticiamente uno solo de las privaciones de muchos, y en realidad todos padecen".

Reduciéndonos al máximo, el placer falso es posible únicamente en la ignorancia. La falsedad está en la ignorancia que el sujeto que goza tiene del hermano que sufre. Por eso ambos padecen. Saber es, fundamentalmente, saber que el otro sufre como uno. Sólo así puede haber goce verdadero. El goce es goce compartido o es ilusorio. El goce es social, o no es goce, porque es el resultado más genuino de una elección racional: vivir en civilización, vivir en armonía con los otros.

Los nuevos dirigentes, que pretenden sustituir a un gobierno que en su momento llamó a los excluidos del banquete social, deben tener presente que la clase alta venezolana ha vivido salvajemente durante mucho tiempo. Y la media, también.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 22 de diciembre de 2003, pág. 12
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De iconoclastas e iconódulos




La historia suele ser socarrona. En el 726 d.C., el emperador León III el Isáurico mandó destruir los iconos o imágenes religiosas de todas las casas e iglesias; las paredes de éstas, decoradas con magníficas pinturas y mosaicos, fueron encaladas. Desde entonces, a los rompedores de imágenes se les denomina iconoclastas.

¿Por qué un emperador cristiano - que diez años antes había destrozado la armada de Sulaymán en el asedio de Constantinopla (716-717)- osaría acometer tal profanación? Por alergia personal que se le unió a la idea de que los fulgurantes éxitos de los musulmanes, enemigos de cualquier imagen, fuese un castigo divino para los cristianos no inmunes a la idolatría.

Por su lado, los defensores de las imágenes, llamados iconódulos (literalmente: servidores de iconos), reivindicaban la legitimidad de venerar lo divino en sus expresiones materiales, pues el mismo Dios había tomado cuerpo haciéndose visible en Cristo.

La historia, que es irónica, quiso que la principal oposición al decreto del rey-sacerdote viniera de la capital del Imperio omeya, golosa de conquistar el mundo, en la persona del monje (san) Juan el Mansur. Este hijo del visir de Damasco se atrevió a discutir la autoridad del emperador en cualquier materia religiosa, o sea, a proponer una separación de poderes en una tradición secular. Justificaba el Damasceno: "Las imágenes son para los que no saben leer lo que los libros para los letrados". Este último Padre griego rezaba a la Virgen: "Estrella de los mares, haz renacer la calma entre las olas. El león ruge buscando a quien devorar. No me dejes entre sus garras, oh Tú, Virgen Inmaculada, que diste al mundo un Niño divino, domeñador de furias y leones".

La revolución iconoclasta duró 116 años. En ese largo período se abrió un abismo de antipatía entre el Oriente y el Occidente, que culminó en el cisma griego de 1054, antipatía que los orientales sentían hacia los países latinos, a quienes menospreciaban como bárbaros. Algunos historiadores dicen que la barbarie estuvo en la infinidad de obras de arte que fueron destruidas.

No hay peligro de que el enfrentamiento entre iconoclastas e iconódulos criollos llegue a tanto. El pueblo venezolano es alegre por naturaleza y la guerra de las imágenes no es más que una buena razón para divertirse. Unos lo hacen sirviéndose de las imágenes con propósitos políticos; otros, cortándoles la cabeza (a las imágenes, todavía) por las mismas razones.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 9 de enero de 2004
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A la intemperie


Phone home... Phone home... Era el quejido lastimero de E.T. que conmovió a la familia que lo había acogido y nos conmueve a todos porque todos hemos sido arrojados fuera de nuestros hogares.

Con su mujer preñada y su hija de seis años, baja del cerro el buhonero y se llega hasta Sabana Grande. En un depósito ha guardado durante la noche las pocas pertenencias que constituyen su capital de trabajo. Toma el carretillo, la tabla que le servirá de mostrador y una especie de rejilla que exhibe la mercancía, venida de todas partes, porque ya en el país no se producen sino buhoneros. El día será largo, sin comer muchas veces y... sin orinar. Con fervorosa dedicación se sienta a esperar el comprador, que no llega.

Baja también el latero que recorre la ciudad. Su capital son los envases de aluminio arrojados en papeleras, cunetas y canales. Vagar y andar cargado es su función.

¡Vaya usted a saber con qué criterio!, en lugares ya establecidos se instala el pordiosero. Muchos de ellos ni hablan ya. Un par de monedas en un pequeño envase gritan por ellos su miseria.

En la Avenida Libertador se pueden ver los pobres locos que a nadie ofenden, pero que a todos recuerdan su humanidad descalabrada. Una señora de mediana edad, con su petate al lado, mira sin ver pasar su futuro que ya pasó.

El joven drogadicto de la Avenida Casanova no tiene ni petate. Sólo un vaso de plástico le pide a usted una moneda para que su dueño pueda adquirir una lata de pega en la ferretería de al lado. No quiere comer. Lo suyo es olvidar.

Arrojado del trabajo ha sido el obrero y el empleado que ven pasar días y meses entregando currículos en empresas que no quieren leer. Porque las empresas van saliendo de circulación. Las grandes se van a Colombia o a Costa Rica; las pequeñas, aquí se mueren y aquí las entierran. El cementerio se va ensanchando y alargando. El país se nos está convirtiendo en un gran camposanto.

Ominosas predicciones nocturnas tienen confirmación matutina. Las fuerzas físicas sólo llegan hasta cierto límite, y las del ánimo, también. La enfermedad hace estragos en todos; pero al pobre lo muerde especialmente. Si no lo mata una infección, lo aniquila un mosquito o el degenerado malandro, enfermo social. Algunos dirán que así el mundo se corrige en su propia órbita, porque todo está pleno de oportunidades. Sólo, por cierto, que son de algún modo demasiado grandes para ser utilizadas... Otros, que ésta es una falsa revolución, de ahí los males que nos aquejan. 
El maestro de Bolívar, que sí conoció varias verdaderas, escribió: “Descríbase una peste y se describirá una revolución”. 

Además de enfermarnos por contagio, en cualquiera de ellas, aunque sea bonita, hay que vivir a la intemperie.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 13, el 21 de enero de 2004
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No me mandes flores


Si no lo explicara el pie, en la foto de Giorgio Ughi no se aprecia muy bien que se trata de un cadáver echado sobre la línea que separa la calzada de la cuneta. Una mano, que parece pedir ayuda, sale por debajo de unas hojas de periódico que apresuradamente lo cubren. Los carros siguen veloces a su destino. Manchas de sangre por todas partes. La oscuridad de la noche apenas se ve rota por la presencia de tres focos que iluminan el lugar. Un cono anaranjado en la vía marca la presencia de la autoridad. ¿Autoridad?. Asentó Hobbes: "La seguridad es la finalidad que persiguen los hombres al someterse a otros; si no lo logran, es incomprensible que se hayan sometido a otro y hayan abandonado el derecho de defenderse a su arbitrio" (VI,3).

La noticia que comentamos la trajo El Siglo un día, cualquier día, todos los días: "Ciclista murió arrollado en la Carretera Nacional". Nada extraordinario, como tampoco es nuevo que el homicida se haya fugado, sin ser visto ni reconocido. "El occiso no portaba identificación", aclara el diario de Aragua; "Se espera ubicar a los familiares".

Ingenuamente, en pocas palabras la periodista Alejandra Guerrero describió la situación del país. Si te matan en una esquina de cualquier calle, o en tu casa, debe de haber alguien que te llore, alguien a quien le hagas falta, tal vez tus hijos, o tus padres, o tu mujer, o tus hermanos , o algún amigo, porque debes tener, siquiera, un amigo. Si no tienes a nadie, mejor: así no le causarás dolor a nadie. 'Nadie' no siente. Nadie' es alguien para quien no existes, alguien que debiera velar por ti y por los tuyos : el Estado. Apenas eres una foto en el periódico, con una nota al pie, un número en la estadística de los combatientes caídos en la batalla de cada semana.

No me mandes flores, mándame vengadores, parece ser el eslogan que repiten con armas en la mano individuos justicieros. Es frecuente leer que la policía tuvo que "rescatar" a los acusados de ser "azotes de barrio". Otros no tienen tanta suerte. Mas esta golosa venganza no es sino la expresión de la guerra de todos contra todos. Sólo el enfermo social puede gustar de "vivir" en este mundo miserable y odioso, pues "mientras no se tiene garantía de que los otros no van a atacar, cada uno conserva el derecho originario de velar por sí mismo con cuantos medios quiera y pueda utilizar, es decir, el derecho sobre todo, que es también el derecho de guerra" (V,1), asentó el filósofo inglés en las páginas de Del Ciudadano.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 4 de marzo de 2004, página 13 (con ilustración), en TalCual
PUBLICADO POR EL ARAGÜEÑO EL 5 DE ABRIL DE 2006
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jueves, 17 de julio de 2008

Objetado


-Buenos días.
-Buenas.
-Por favor, quisiera renovar mi cédula.
-Ajá. ¿Le ha sacado copia?
-Sí, señor, aquí la tengo.
-Deme acá la original y tome asiento .
No hay lugar dónde sentarse. Un individuo recibe la cédula y marca un número en una teléfono celular. Habla con alguien por el aparato. Espera. A una seña suya, vuelve a la sala el primer funcionario.
-¿Señor XY?
-Sí, soy yo.
-Objetado.
-¿Cómo?
-Está objetado. Diríjase al piso 6 del edifico de la DIEX en El Silencio. Que pase el siguiente.

-Buenos días. ¿Estoy en el piso 6?
-Sí.
-Me envían de la DIEX de la Av. Andrés Bello para renovar mi cédula.
-Bueno, esto es del Consejo Nacional Electoral, pero tiene que venir el próximo lunes. Trabajamos de lunes a jueves de ocho y media a once y media, y de una y media a cuatro y media.
-Muchas gracias, señor. Adiós.

En la teoría fue J. Lacan quien primero invirtió la conocida fórmula saussereana del signo lingüístico de significado sobre el significante con un propósito práctico, terapéutico. En efecto, el psicoanalista francés enseñaba que el significante marca al sujeto. Es decir, el sujeto es efecto de la cadena del significante, pues está marcado en el lugar del significado de un significante que lo representa ante otro significante. Entre los dos hacen la cadena.

Si traducimos la jerga, diremos que la cédula de identidad es un significante fundamental proporcionado por el Gobierno y que sustituye y representa ante el significante primordial, el Estado, a un individuo. Mediante un número, éste queda incrustado, sujeto, como eslabón en una compleja red denominada ciudadanía. De existencia natural pasa el individuo a la existencia política: ciudadano, con derechos y deberes. Pero si esa cédula de identidad le es arrebatada, no existe. 

La pregunta es: ¿Cómo se renueva una cédula de identidad sin ser humillado por ejercer un derecho?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el 5 de abril de 2004
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El fin del mundo

Cuentan los más ancianos de una tribu arunta, que el divino Numbakula, hace muchas, muchas lunas, creó un antepasado patrón, delimitó el territorio de la tribu y estableció sus instituciones. Del tronco de un árbol gomífero, el divino Numbakula elaboró el poste sagrado. Después de haberlo untado con su sangre, trepó por él y desapareció en el Cielo.

Sin duda alguna, este poste representa un eje alrededor del cual el mundo se hace habitable. Su presencia sacraliza el espacio. Del lugar sagrado así acotado toman los integrantes su fuerza vital y eficacia. El poste sagrado es tienda que los cobija de la intemperie del universo y, también, brújula que los guía en la travesía de su propio desierto. Por esta razón, la tribu observa cuidadosamente la inclinación del poste, que señala la dirección que debe seguir.

El poste sagrado de las naciones "civilizadas" es su Constitución. Bajo sus preceptos y normas, los pueblos modernos regulan su existencia. Las páginas escritas con la sangre de las generaciones fundadoras marcan la dirección, sobre todo en los momentos difíciles, como parece ser el caso de Venezuela.

Es seguro que a algunos nos parezca deficiente la nuestra. Los más se quejan de que impone pocos deberes, pero registra demasiados derechos que no pueden ser satisfechos. Para otros contiene demasiadas cosas que no debía tener. En fin, se anota, con propiedad, que la de los Estados Unidos, siendo mucho más breve y más general, les ha servido durante más de doscientos años, y durante otros tantos les servirá. Pero todo esto no importa, como no importa el tipo de madera de que está hecho el poste sagrado.

La Constitución permite corregir el rumbo que una vez pudimos haber tomado mal. Nuestra realidad, nuestra fuerza y vitalidad están en su entorno y baso su sombra. Anclados en ella, podemos comunicarnos con lo pasado y con lo futuro. En sus peregrinaciones, la tribu arunta de los achilpa transportaba el poste sagrado con temor y reverencia, pues éste les permitía desplazarse continuamente sin dejar de estar en su mundo, al mismo tiempo que en comunicación con el Cielo adonde el divino Numbakula se había ido. A través de él se ponían en contacto con sus antepasados creadores que los protegen. Por eso, si el poste se rompía, sobrevenía la catástrofe; de alguna manera, se asistía a la regresión, al caos, al fin del mundo.

Cuentan Spencer y Guillen (The Arunta, Londres, 1928) que, según un mito, habiéndose roto una vez el poste sagrado, la tribu quedó presa de la desorientación. La angustia, entonces, se apoderó de todos. Por algún tiempo anduvieron errantes. Finalmente, cansados y sin rumbo, se sentaron en el suelo y se dejaron morir. 

¿Qué está por venir si seguimos en el juego del tira y afloja de nuestro poste sagrado, nuestra Carta Magna?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 5 de mayo de 2004, pág. 13
Publicado nuevamente, con ilustración, el 15 DE JULIO DE 2004, p. 15
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Los dos reyes y los dos laberintos


Valiéndose de una serie de falsedades del tipo de las que sólo son permitidas a los poderosos –y que sólo desgracia traen a los débiles-, construyó el rey de Nueva Babilonia un laberinto tan perplejo y sutil que los más prudentes varones no se aventuraron a entrar en él.

Insignificante, pero torvo y sediento de grandeza, se dio a la ingente tarea de armar una poderosa máquina hecha de clavos y tornillos, tuercas, pernos, remaches y puntillas de hierro con la que atrajo al laberinto a quien, no pudiendo destacarse por nada loable, se había destacado por la ignominia: algunas veces se solazaba torturando y matando a su propio pueblo, otras se daba el lujo de asustarlo asesinando a sus propios parientes. ¡Cuánto se burló! ¡Cómo se gozó el sedicente guardián de la seguridad del mundo viendo vagar aturdido por su torcida y escandalosa obra al zumbón, maldiciente y abominable rey de diabólica malignidad!

A la declinación de la tarde, el confundido y afrentado –que no era otro más que el rey de Nueva Arabia- imploró el socorro divino. El Clemente y Poderoso, que también atiende a los malvados, escuchó su oración y le mostró la puerta de salida. Ésta era -¡oh paradoja del Altísimo! ¿Quién puede conocer Tus designios!- la entrada a un dilatado, áspero, seco e inconmensurable desierto.

Arrogante y furioso, ambicionando perpetuar su nombre perseguía el emperador republicano al tirano de Tikrit que huía por las traicioneras arenas. Vientos huracanados cegaban su visibilidad a la vez que aumentaban la resequedad del clima general. Al cabo de un año, deslumbrado por el sol de la verdad, el rey de Nueva Babilonia no se daba cuenta de que estaba en medio de un laberinto donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, recovecos burlones ni muros intransigentes que impiden el paso.

Exhausto, sin poder encontrar un árbol al cual arrimarse y sin agua con la que saciar su enfebrecida sed, es muy posible que este otrora envanecido y fatuo rey muera solo y triste, acosado por los buitres y picado por las alimañas ponzoñosas del lugar. Abandonado hasta del Misericordioso, lo vio hace muchos años –en un cuento de El Aleph, que lleva el título de este artículo- J. L. Borges, cuya mirada penetraba en lo más profundo del interior humano, sus sentimientos.

Ha sido siempre muy torpe sustraer al problema de la guerra el sentimiento, porque éste es, en muchos casos, el principal soporte de la moral de la guerra. A un año de la penetración en Iraq de las tropas de la coalición tras haber destrozado el país, el sentimiento general del pueblo iraquí parece ser el de que se vaya el invasor.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 20 de mayo de 2004, pág. 13, con una ilustración.
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Langosta









Los individuos que componen las familias de los acrídidos y testigónidos son cosmopolitas. Pero unos son gregarios; los otros, no. Los acrídidos gregarios y migratorios son las langostas, verdaderas plagas. En la fase solitaria, antes de convertirse en enjambres, las ninfas son de colores tales que se mimetizan en el medio que habitan con escasa actividad. Sin embargo, en un determinado momento se juntan y forman esas bandadas devoradoras de toda vida que encuentran a su paso, por tierra o por aire. Pero esto no ocurre sólo en el reino vegetal, también sucede en las repúblicas humanas.

En la necesidad de fumigar las langostas de funcionarios que se apoderaron de instituciones como el IVSS, CADIVI..., están de acuerdo partidarios de la revolución y de la contra. Por eso no está de más recordar algunos pasajes de los Diez días que estremecieron al mundo, cap. IV, que pueden ilustrar sobre la materia.

“La oleada impaciente de la tropa –escribió John Reed- nos empujó por la entrada de la derecha [del Palacio de Invierno], la cual conducía a una vasta sala abovedada, de muros desnudos: la bodega del ala Este, de donde partía un laberinto de corredores y escaleras. Guardias rojas y soldados se lanzaron inmediatamente sobre grandes cajas de embalaje que se encontraban allí, haciendo saltar las tapas a culatazos y sacando tapices, cortinas, ropa vajilla de porcelana, cristalería... Uno de ellos mostraba con orgullo un reloj de péndulo de bronce que llevaba colgado a la espalda. Otro había incrustado en su sombrero una pluma de avestruz. El pillaje no hacía más que comenzar cuando se escuchó una voz: “¡Camaradas, no toquéis nada, no agarréis nada, todo esto es propiedad del pueblo!” Inmediatamente repitieron veinte voces: “¡Alto! Volved a ponerlo todo en su lugar, prohibido agarrar nada, es propiedad del pueblo!”... En los corredores y las escaleras, debilitadas por la distancia, se escuchaba repercutir las palabras: “¡Disciplina revolucionaria! ¡Propiedad del pueblo!”...

“Fue confiscada así una variedad extraordinaria de objetos: estatuillas, frascos de tinta, colchas bordadas con las iniciales imperiales, candelabros, un bote pequeño de pintura, secantes de escritorio, espadas con puño de oro, pastillas de jabón, vestidos de todas clases, mantas... Los miembros de la comisión de registro, hablando todos a la vez, les explicaban que robar era indigno de los paladines del pueblo”.

Por definición, toda revolución vuelve a su punto de origen. La trayectoria del giro de la bolchevique fue de más de 70 años.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 7 de junio de 2004, pág. 13.
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La mugre

Nadie sabe muy bien qué es. Tampoco se explica cómo apareció. Ni cuándo. Algunos en la casa quieren recordar un punto de partida: tres explosiones que, se afirma, mataron a mucha gente. Pero no es seguro que esto haya sido así. Los hechos, en realidad, fueron menos ruidosos, más bien sigilosos. La imagen más certera de lo que ocurrió es la de la casa tomada, de J. Cortázar.

Un día entró sin llamar a la puerta. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de su presencia. Tal vez entró por todas partes y no nos percatamos de ello porque estábamos dormidos. Ahora suponemos que fue tomando cuerpo cuando una noche se alzó un gran ruido.

Primero apareció como un polvillo plateado, que algunos veían dorado. Romántico, decían. Vino desde el fondo de la casa hasta el frente. Atravesando paredes, se diseminó por doquier: encima, debajo, dentro, fuera... No permite trabajar, estudiar, jugar ni hacer el amor, porque pasamos de la ansiedad a la euforia y caemos, a continuación, en una anemia espiritual y decaimiento general. Al tiempo que se iba apoderando de todas nuestras cosas y de nosotros mismos, ha ido cambiando de color y de textura. Polvo fino, granulado; pasta áspera; masa grasa, viscosa... Del color llamativo inicial no queda nada. Pasó por el gris, marrón, pardo, negro... A partir de ese momento, se ha vuelto incolora. Es como “pega loca”, pero más grasa y penetrante. Se agarra de uno y no lo suelta. Va con nosotros y con nuestras cosas adonde vayamos, como una sombra. Envuelve todos los enseres y nos cubre a todos. Se ha vuelto casi una segunda piel, como el amor propio.

No hemos hallado manera de quitárnosla de encima. No sale con nada. Hemos probado todo. Primero, no le prestamos atención porque la considerábamos un polvillo más de la calle que nos había invadido. Por eso algunos se pusieron a limpiarla con plumero. Lo que se consiguió fue una polvareda. Otros decidieron probar con el agua. Algo se hizo, pero muy poco. Al final casi nos vimos metidos en una inundación. De ahí se pasó al detergente, todos los detergentes habidos y por haber, nacionales e importados. En algunas partes se logró intimidarla, hasta el punto de que a fuerza de exfoliantes hubo ciertos retrocesos. Pero siempre regresa. Es taimada y voluntariosa, persistente, desafiante e infame. Ya hemos pasado por desinfectantes, soda cáustica, thinner... y nada. Hay quienes en su desesperación se han bañado en ácido muriático. Parece que sólo queda desollarnos.

¡Menos mal que sólo fue un sueño!


carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, pág. 15, el jueves 5 de agosto de 2004
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Artistas hermafroditas




Y también mártires y testigos, sobre todo si son adolescentes y jóvenes. Tal prodigio resulta de considerar que género es lo mismo que sexo.

Con el término génos se designa en griego tanto al término gramatical género como el sexo de los seres vivos. La misma doble significación la tiene el vocablo alemán Geschlecht. Pero el castellano género, como el inglés gender, significa exclusivamente género gramatical.

Si esto es así, puede entenderse que la preferencia del masculino sobre el femenino de la segunda regla de la concordancia, según el ordenamiento de Andrés Bello, no es una manifestación machista. Decimos, en este sentido, que Antonio y Luisa son venezolanos del mismo modo que hablamos de problemas y preguntas muy dificultosos en el examen. De manera análoga, si concurren personas verbales diferentes para concordar con el verbo, la segunda es preferida a la tercera, y la primera a todas, como en tú, él y yo leemos el artículo. No se trata de egoísmo.

“La solidaridad femenina y la lucha del género por las aberraciones del poder no son nuevas”, escribió en estos días un periodista. Lo nuevo es este uso de género. Si aceptamos la confusión, tendremos entonces, además de palabras hermafroditas como las citadas, otras que son homosexuales: ruiseñor y grillo, criatura y persona, y hasta travestis. Así, clima, día y panorama tienen cuerpos de macho vestidos de hembra, mientras que mano y nao se visten de macho en cuerpos de hembra.

Para distinguir personas, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela habla de extranjeros y extranjeras, venezolanos y venezolanas, ciudadanos y ciudadanas, electores y electoras, funcionarios y funcionarias, gobernadores y gobernadoras, alcaldes y alcaldesas, diputados y diputadas, ministros y ministras... Claro que uno se pregunta: ¿Por qué los nombres masculinos van primero? ¿Por qué se dice el Consejo de Ministros? ¿A las ministras les quitaron la facultad de dar o recibir consejos? ¿Y qué hacemos con representantes, integrantes y solicitantes?

Según la prensa, la misma comisión de estilo que redactó la Constitución redactará las formas burocráticas de la UCV. Habrá, entonces, investigadores e investigadoras, profesores y profesoras, empleados y empleadas, todos y todas de primera, y estudiantes. Éstos y éstas van a tener que vivir indiferenciados e indeferenciadas ¿Acaso no tienen, ellos y ellas, derechos?

En serio, ¿además de vencer las sombras, esta nueva casa quiere también destrozar la gramática?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, con ilustración, pág. 15, el 1º de julio de 2004.

Nota. Este artículo causó mucho escozor a las feministas de la UCV, con carta y todo a la Dirección de Tal Cual.
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Miles gloriosus




Pirgopolinices es el nombre del soldado fanfarrón que ridiculizara el comediógrafo latino Plauto (254-284 a. C.). Su trabajo era arduo: dar órdenes a sus esclavos para que pulieran su escudo y espada, a fin de que, cuando llegara la ocasión, el resplandor de estas armas nublara la mirada de sus enemigos; alardear de heroísmos en batallas que nunca dio y pretender que todas las mujeres corrían tras él, porque él sintetizaba en sí todas las virtudes de Marte y Venus.

Es indiscutible que muchos venezolanos tienen dudas sobre la necesidad de una defensa armada, y más precisamente sobre la función de la Fuerza Armada. Por otra parte, tanto militares como una buena porción de la opinión pública tienen mucha razón al afirmar que un pueblo tiene el derecho y el deber de defender su vida y sus derechos contra una agresión exterior. Ahora bien, ¿garantiza la Fuerza Armada la independencia y soberanía de la Nación y asegura la integridad de su espacio geográfico, como manda el artículo 328 de la Constitución Nacional? ¿Ha cumplido en lo pasado esa función y podrá hacerlo adecuadamente en lo futuro? Hay dudas razonables al respecto.

Hasta el presente, sólo ha sido eficaz en la “cooperación en el mantenimiento del orden interno”, como también manda la Constitución, estos es, en supresión de la llamada amenaza interior. El ejército “leal” chileno, las fuerzas armadas de Argentina, Uruguay y Colombia permiten comprobar de manera evidente que las fuerzas armadas muy frecuentemente son empleadas por los gobiernos como fuerza de represión interna. De donde, el ejército no constituye, en la esfera política, sino una seguridad engañosa.

Mucho más general y popular es la crítica de los hombres de armas por motivos económicos. Un ejército cuesta caro. En todos los países de América –con la honrosa excepción de Costa Rica- los presupuestos destinados a prepararse para la muerte constituyen una carga abrumadora, sobre todo si se comparan con las inversiones para la vida: sanidad, educación, investigación y ecología... Lo peor de todo: esos presupuestos son para nada, para preparar guerras que nunca se darán, afortunadamente. Nos dirán los estrategas que los ejércitos cumplen una función disuasiva. Sería bueno preguntarles a los ganaderos de Zulia, Táchira y Apure qué opinan del argumento.

No pensamos que sea un deshonor abrir carreteras, construir puentes, repartir pollo o atender a los más necesitados. Sí nos parece peligroso pretender que la Fuerza Armada Nacional deba ser el garante de la aplicación de la Constitución y de las leyes, como han pedido algunos políticos de la oposición. Éste es un buen momento para discutir el tema
.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 15,
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Creso, Némesis y Ciro


Creso gobierna a infinidad de gente. Su ambición de mando sólo es comparable con su hambre de riqueza. Pillajes, tesoros, tributos, impuestos y venta de ciudadanos como esclavos son el comienzo de su inmensa fortuna. La posesión de yacimientos mineros la consolida.

A destajo distribuye subsidios y prebendas para atraerse gentes a su corte. Sus riquezas parecen inagotables. Poderoso, rico y feliz, vive en el lujo rodeado de seres que sólo se ocupan de servirle. No teme a nada ni a nadie, pues la fidelidad de sus súbditos está garantizada por la largueza con que gobierna.

Creso tiene de todo en exceso. Y son justamente los excesos de bienes los que atraen la atención de Némesis, la Venganza divina. Oculta en lo alto, la diosa vigila y castiga con severidad, aunque con justicia. Ahora sus ojos se han puesto sobre Creso para guiar sus pasos, como a Narciso, hasta el río que le será fatal.
El poderoso rey debería temerla, pero el miedo está lejos de su corazón.

 Trasladado en trono de oro, se siente tan invulnerable como un dios. Ni siquiera le pasa por el pensamiento -siempre vuelto hacia su propia grandeza- que algún día podía perder todos sus bienes bajo la hoja de una espada movida por manos ambiciosas. Es más, intenta sobornar a los dioses, pero éstos lo castigarán. Némesis, entonces, decide apoyar abiertamente a Ciro que está forjando proyectos de conquista.

En la madrugada silenciosa los invasores asedian la ciudad y rodean el palacio. El sonido alegre de los cantos y las fiestas es reemplazado en el aire por los gritos y el ruido de las armas. El placer de la vida se trueca en el dolor de la guerra. Y en la antigua mesa repleta, sólo queda el hambre rodeada de cuerpos famélicos. La risa desaparece y en su lugar se presenta el llanto. La nostalgia habita en todos los corazones, el luto decora todos los hogares. La paz se perdió en el odio. Y Creso, siempre tan seguro, se ve obligado a acordarse de que quien poco tiene poco tiene que perder. Nada le queda de la antigua soberbia. Sus manos, acostumbradas a la molicie y a las caricias, se hieren en una lucha inútil por retener algo de todo lo que era suyo. Al fin caen vacías, inertes, prisioneras en las de su enemigo.

Condenado a la hoguera entre catorce de sus más cercanos seguidores, medita y suspira. Al oír los lamentos, Ciro le pregunta: “¿Quién te aconsejó salir en campaña contra mi país y te hizo mi enemigo en lugar de mi amigo?” “Rey, el causante fue la diosa que me incitó a la campaña, pues nadie es tan necio que elige la muerte en lugar de la paz”, respondió compungido.

Desde lo alto, Némesis sonríe... satisfecha. Su función es castigar el crimen y los excesos, cuidando que los mortales no intenten igualarse a los dioses.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual en Libremente, pág. 14, el 23 de septiembre de 2004.
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De la voluntad de poder







Escribió F. Nietzsche: “En mi concepto, la voluntad de poder es la forma más primitiva de la pasión, y todas las otras pasiones son configuraciones de aquella”.

Lo anterior se dice de cada ser humano y, en especial, de Juan Pablo II, el Papa que se vio moribundo en Lourdes. En Suiza, reiteró que no renunciará al papado y que seguirá al frente de la Iglesia. “Después de casi sesenta años de sacerdote -dijo en Berna ante 13.000 oyentes que abarrotaron el Palacio de Hielo- estoy contento de poder expresar ante ustedes, jóvenes, mi testimonio: es bonito poder entregarse hasta el final por la causa del Reino de Dios”.

Cuarenta y un teólogos y sacerdotes no piensan lo mismo, pues en carta pública reclamaron que los pontífices deben jubilarse a los 75 años. Argumentaban: es muy difícil que un hombre anciano y enfermo, como el Papa Wojtyla, pueda dirigir la Iglesia.

El ejemplo más dramático de esto es Brasil. Por primera vez en 500 años, la Iglesia Católica del Brasil se está debatiendo en su propio terreno. Según el clero brasileño, el materialismo es uno de sus rivales. Un vigoroso movimiento evangélico es otro. Nación con el mayor número de católicos, de 1991 a 2000 perdió 9 puntos; por el contrario, el movimiento evangélico ganó el15% en el mismo período. (Y no sólo en Brasil. Le invito, lector, que vea cuántos templos católicos se están construyendo y que me diga cuántos templos evangélicos puede comprobar en su urbanización o en su barrio). Pero lo peor es un sentimiento creciente de indiferencia en la población.

El mismo hombre que defiende de puertas afuera los derechos humanos los niega, puertas adentro, a sus pares obispos y a los teólogos que no comulgan con su conservadurismo.

Se presenta como un gran admirador de María y predica excelsos ideales femeninos, pero, en realidad, rebaja a las mujeres al no permitirles ingresar en la jerarquía eclesiástica.

Predicador en contra de la pobreza masiva y la miseria del mundo, sin embargo su posición en contra de la regulación de la natalidad y la explosión demográfica es culpable de esa miseria.

La gente tiene problemas en el mundo de hoy con las drogas, el divorcio, la violencia y el alcohol, pero cuando va a la Iglesia Católica en busca de alivio lo que recibe es una ración de dogma y... espectáculo. Como cualquiera estrella del pop, el Papa es recibido con cantos haciendo la “ola” y ondeando banderas.
En sus presentaciones, Juan Pablo II suele estar rodeado de impresionantes multitudes, que durante horas aguardan el paso del “papamóvil”. Pero el sucesor del pescador galileo se rodea de un importante número de policías y guardaespaldas. Tocarlo, como tocaban las gentes al Maestro, es imposible: demasiado importante.

La tradición católica quiere que el solio pontificio romano sea la piedra sobre la que el Profeta de Nazaret presuntamente fundó la Iglesia. Y a mí me parece que Juan Pablo II es la hiedra.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual en Libremente, pág. 14, el jueves 7 de octubre de 2004.
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La Pasión



Ahora que los ladridos de la jauría mercantil y fanática se oyen a distancia, podemos hablar de La Pasión.

Me cuento entre los que acusan a Mel Gibson de antisemita, pero lo disculpo. En realidad, quien pretenda filmar una película sobre la pasión de Jesús de Nazaret basándose en el Evangelio según Juan no puede dejar de ser antijudío.
El cuarto de los canónicos es, quizás, el texto más entrañable y querido por los creyentes cristianos por el fuerte contenido emocional con el que impregna todo lo referente a Jesús.

Gran parte de este evangelio consta de discursos de Jesús tratados al modo griego. En efecto, el Jesús de los evangelios sinópticos habla a la manera judía, en cuanto a temas y construcción, tal como puede observarse en el Sermón de la Montaña. En cambio, el Jesús de Juan emplea las más veces el lenguaje de un no judío y, a menudo, un estilo extraño. Por ejemplo, al referirse a la Ley dada por Moisés, Jesús dice "vuestra ley", en lugar de 'nuestra ley', y añade: "Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores". Incluso, Jesús alude a Dios identificándolo consigo mismo -que para los judíos sería una blasfemia- al decir "Yo y mi padre somos uno".

¿Quién escribió el Evangelio según Juan? En 1907, una comisión bíblica concluyó que el apóstol Juan fue el autor del libro que lleva este nombre, pero hoy los investigadores dicen otra cosa. Ya E. Renán , en su hermosa Vida de Jesús, se preguntaba cómo podía ser posible que al lado de noticias precisas, que revelan en algunos momentos al testigo ocular, se encuentren unos discursos en todo diferentes a los de Mateo. Pero pueden hacerse muchas otras preguntas: ¿Cómo puede ser que el cuarto evangelio no ofrezca una sola parábola, un solo exorcismo? ¿Pudo Juan, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago (al que no se menciona ni una sola vez en el cuarto evangelio), escribir en griego lecciones de abstracta metafísica, de la que los sinópticos no ofrecen ninguna muestra? ¿Cómo es posible que “el Apóstol de la circuncisión” haya compuesto un escrito más hostil al judaísmo que todos los de Pablo, un escrito en el que la palabra ‘judío’ es casi equivalente a ‘enemigo de Jesús’?

Así como el Evangelio según Mateo está construido para demostrar que Jesús es el Mesías prometido, legítimo heredero del rey David, el Evangelio según Juan fue escrito para demostrar que los judíos mataron a Jesucristo, el Hijo de Dios. “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron”, escribió el autor en el Prólogo. De ahí en adelante, se va a referir a “los judíos” 62 veces (trece en el capítulo 19, el capítulo de la Pasión).

En marzo de 2004, el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia entregó al Parlamento Europeo un informe de 344 páginas, en el que señala textualmente: “Europa tiene un problema con el antisemitismo”. El problema empezó con el cuarto evangelio.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, pág. 14 (Libremente), el miércoles 13 de octubre de 2004
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Sobre la defensa del indio






Ante las imágenes del asalto al monumento de Colón en el Golfo Triste por la defensa del indio, uno duda de que “el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo”, como escribió Descartes.

La presencia de América para Europa fue un nuevo e inesperado hecho que condujo, por ejemplo, a la meditación filosófica y teológica por senderos no recorridos hasta ese entonces a fin de comprender la realidad del Nuevo Mundo.

Si dejamos de lado la conocida defensa que hizo del indio, en 1519, Fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566) en una célebre polémica con Ginés de Sepúlveda y otros teólogos, en la que se demostró -entre otras cosas- que la infidelidad en materia de religión no debía privar a los pueblos de sus derechos políticos, sin duda el segundo ejemplo paradigmático de lo que apuntábamos arriba sea el caso de Francisco de Vitoria (+1546).

En sus Relectiones Theologicæ De Indis prior y De Indis posterior sive de iure belli (ambas de 1539), F. de Vitoria niega la legitimidad de la conquista, los derechos del soberano español sobre los pueblos conquistados y los derechos del Sumo Pontífice para disponer de los pueblos americanos. Rechaza el derecho fundado en el hallazgo, puesto que los indios tenían señores, y pretender derivar un título justo de dominio del hecho de haber Colón descubierto la América es tan absurdo como si, supuesto el caso de haber sido los americanos quienes hubieran descubierto el Viejo Mundo, pretendiesen aducir, por eso, derechos sobre él. En cuanto a la justicia de dominar a los indios para poder evangelizarlos, el catedrático de Salamanca recuerda que la fe es libre. Estima además necesario refutar el título basado en la voluntaria aceptación por los indios del dominio español, por ser notoria la inexistencia de tal hecho, y, con respecto al argumento de que la conquista era una manifestación de la voluntad divina, quien en sus inexorables juicios condenara, por sus iniquidades, a los indios a la pérdida de la libertad, entregándolos a los españoles, manifiesta que no quiere disputar sobre ello porque sería muy expuesto aceptar a algunos como profetas contra la opinión general y la Sagrada Escritura y sin que se confirme con milagros su espíritu profético.

La doctrina del padre Vitoria es una admirable manifestación de la filosofía del humanismo europeo, a la vez que una muestra del mejor pensamiento latinoamericano que ha sido dejado de lado. Pero los indios de hoy no requieren que los defiendan con argumentos que ya han sido dados hace más de 465 años. Piden, sí, atención de ciudadanos, como otros ciudadanos, que viven en una república del siglo XXI.


carloshjorge@hotmail.comPublicado en TalCual, pág. 14 (Libremente), el viernes 22 de octubre de 2004.
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