Mostrando entradas con la etiqueta Coordinadora Democrática. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coordinadora Democrática. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2008

Ate

Ningún mortal del mundo puede escapar a las artimañas de Ate. Con caricias fatales y palabras que empalagan el alma, la engañosa diosa envuelve al hombre entre sus redes. A eso se dedica, lograrlo es la finalidad de su existencia y su gozo divino.

En épocas lejanas, Ate moró en el Olimpo. Pero de más en más se fue convirtiendo en compañía indeseable. Con sus cuchicheos, acallaba las amenas conversaciones que otrora alegraban los festines de los dioses. En las esquinas, los esperaba para espantarlos y burlarse de ellos que tan fácilmente perdían la compostura. Pronto miradas de dioses cabizbajos vagaban compungidas por oscuros corredores a causa de la presencia de tan astuta e inquietante diosa. Y más: los siemprejóvenes dioses se querellaban en toda forma todo el tiempo, porque Ate les insinuaba al oído alguna palabra que los inducía a equivocarse, ya fuera juzgando u obrando desacertadamente al tomar una cosa por otra . Los inmortales tenían entonces que cargar a sus espaldas pesados fardos de culpas nacidas de sus actos falaces y fallidos.

Pero cierto día, Zeus se cansó de tanta discordia. Se cansó de ver cómo los dioses se equivocaban y de cómo él mismo incurría en tremendas metidas de pata -con perdón-. Airado, el señor del Olimpo tomó a Ate por los cabellos y la arrojó a la Tierra.

Expulsada de la sociedad divina, la diosa pasó a vivir entre los hombres. Comenzó entonces su trabajo: perturbar los corazones, enredar las lenguas, desviar la mano que se mueve en gesto amable, poner tropiezos a los pies.... Desde ese día los lapsos, los juicios falsos, los desaciertos, el incumplimiento del deber de los hombres son pasatiempos de la diosa. Alcanzar esto es su diversión y mayor placer. A los hombres que la diosa enreda, no les queda sino vagar de un lugar a otro o divagar el pensamiento, la imaginación y atención y... lamentarse.

Pero los hombres no están desamparados, aunque casi. Cuentan con las Preces, humildes y cojas hijas de Zeus. Noche y día, estas siervas de los hombres siguen las huellas de la maléfica divinidad, tratando de deshacer muchas de las intrigas que Ate va esparciendo por donde pasa, aunque en raras ocasiones consiguen reparar por completo el mal que la diosa desparrama. Porque Ate es de muy ligeros pies. Sin dejarse alcanzar, anda por el mundo despojando a los mortales de su tranquilidad. Fingiendo mostrarles la buena senda, los conduce por vías tortuosas que van al despeñadero del mal.

Las Preces no llegan siempre a tiempo para detener a los humanos. Cuando ellas se presentan, muchas veces ya Ate ha pasado y únicamente encuentran en el camino lamentos de arrepentimiento o rebelión. Y ya no les queda otra cosa que consolar a los desdichados mortales, constantemente engañados por los artificios de la diosa con aquello de que “es de humanos errar”.

Ate es el error, el extravío, la desgracia y, sobre todo, es diosa de las disensiones. Algunos ambiciosos miembros de la Coordinadora Democrática la tienen como diosa protectora.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 14 de agosto de 2003, página 13
Lector, si me dejas un Comentario, te lo agradezco. Me servirá para la construcción del blog.
Si no lo conoces aún, te invito a que visites carloshjorgeii.blogspot.com

jueves, 17 de julio de 2008

Astrea


Temis, el orden establecido (en el universo y entre los hombres), y por extensión el Derecho, es una de las raras divinidades alegóricas asociadas a los olímpicos. En efecto, los antiguos vates materializaron la idea de lo justo figurándosela sentada, para indicar el reposo en que debe estar el juez; le vendaron los ojos, porque el juez no ha de ver a las personas; le dieron un semblante sereno, porque el juez no se ha de apasionar; le pusieron una balanza en la mano izquierda, porque el juez no ha de inclinarse más a un lado que a otro, y en la derecha una espada con que amenaza al culpable, porque el juez no ha de perdonar.

Fue Temis esposa y consejera de Zeus (Júpiter), pues el poder duradero es el que se funda en la justicia. De ese matrimonio nacieron cuatro hijas: Concordia, Paz, Ley y Astrea. A Ley le regaló su padre unas tablas para que escribiera en ellas los preceptos que él les había dado a los hombres. A su hija Astrea la envió al mundo para que presidiera los tribunales y para que dirigiese los consejos que mantenían la Paz y la Concordia. Pero eso sucedió en los venturosos días de la edad de oro. Con el tiempo el oro se convirtió en bronce, el bronce en hierro, el hierro en... Total que la doncella Astrea, viendo que los hombres no pensaban sino en matarse, se volvió al Cielo. Allí está con el nombre de Virgo al lado de su madre, Libra. Ésta, para resguardarse y resguardar a su hija temiendo la petulancia de la especie humana, puso un escorpión de centinela, a quien auxilia un flechero; un león, que intimida al más osado; un cangrejo vigila atentamente mientras retrocede; un carnero, un toro y un macho cabrío están para defenderlas con cuernos; los gemelos Cástor y Pólux guardan armados; a quienes intentaran asaltar el zodíaco embarcados, los esperan unas mandíbulas dentadas de feroces tiburones y un asolador huracán que los ahogará sin remedio.

No deja de ser ilustrativo que tirios y troyanos políticos se hayan puesto de acuerdo en un caso de administración de justicia y se hayan convertido en jueces de alzadas. tampoco que un partido quiera realizar una protesta y la irresponsable Coordinadora Democrática lo califique de escandaloso, perverso e inmoral, y las feministas se indignen y consternen con una decisión sexista, “pues no tiene conciencia de los problemas de la discriminación de la mujer”. ¡Hasta una reconocida narradora como Rosa Montero no pudo dejar de publicar unas cuantas tonterías sobre el asunto!

Ser juez es el cargo de mayor responsabilidad que se puede asumir y el de mayor soledad, porque no hay buen juez a gusto de partes. Hasta que un tribunal superior diga lo contrario, tengo para mí que Rosa Cádiz es reposada, serena, imparcial, desapasionada y... valiente, y que ha dictado una sentencia justa. La injusticia con el acusado y la víctima, parece, está en los investigadores (¿?) del caso que se graduaron en un curso por correspondencia.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el miércoles 9 de marzo de 2005
Lector, si me dejas un Comentario, te lo agradezco. Me servirá para la construcción del blog.
Si no lo conoces aún, te invito a que visites carloshjorgeii.blogspot.com