Mostrando entradas con la etiqueta inseguridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inseguridad. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2008

A la intemperie


Phone home... Phone home... Era el quejido lastimero de E.T. que conmovió a la familia que lo había acogido y nos conmueve a todos porque todos hemos sido arrojados fuera de nuestros hogares.

Con su mujer preñada y su hija de seis años, baja del cerro el buhonero y se llega hasta Sabana Grande. En un depósito ha guardado durante la noche las pocas pertenencias que constituyen su capital de trabajo. Toma el carretillo, la tabla que le servirá de mostrador y una especie de rejilla que exhibe la mercancía, venida de todas partes, porque ya en el país no se producen sino buhoneros. El día será largo, sin comer muchas veces y... sin orinar. Con fervorosa dedicación se sienta a esperar el comprador, que no llega.

Baja también el latero que recorre la ciudad. Su capital son los envases de aluminio arrojados en papeleras, cunetas y canales. Vagar y andar cargado es su función.

¡Vaya usted a saber con qué criterio!, en lugares ya establecidos se instala el pordiosero. Muchos de ellos ni hablan ya. Un par de monedas en un pequeño envase gritan por ellos su miseria.

En la Avenida Libertador se pueden ver los pobres locos que a nadie ofenden, pero que a todos recuerdan su humanidad descalabrada. Una señora de mediana edad, con su petate al lado, mira sin ver pasar su futuro que ya pasó.

El joven drogadicto de la Avenida Casanova no tiene ni petate. Sólo un vaso de plástico le pide a usted una moneda para que su dueño pueda adquirir una lata de pega en la ferretería de al lado. No quiere comer. Lo suyo es olvidar.

Arrojado del trabajo ha sido el obrero y el empleado que ven pasar días y meses entregando currículos en empresas que no quieren leer. Porque las empresas van saliendo de circulación. Las grandes se van a Colombia o a Costa Rica; las pequeñas, aquí se mueren y aquí las entierran. El cementerio se va ensanchando y alargando. El país se nos está convirtiendo en un gran camposanto.

Ominosas predicciones nocturnas tienen confirmación matutina. Las fuerzas físicas sólo llegan hasta cierto límite, y las del ánimo, también. La enfermedad hace estragos en todos; pero al pobre lo muerde especialmente. Si no lo mata una infección, lo aniquila un mosquito o el degenerado malandro, enfermo social. Algunos dirán que así el mundo se corrige en su propia órbita, porque todo está pleno de oportunidades. Sólo, por cierto, que son de algún modo demasiado grandes para ser utilizadas... Otros, que ésta es una falsa revolución, de ahí los males que nos aquejan. 
El maestro de Bolívar, que sí conoció varias verdaderas, escribió: “Descríbase una peste y se describirá una revolución”. 

Además de enfermarnos por contagio, en cualquiera de ellas, aunque sea bonita, hay que vivir a la intemperie.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 13, el 21 de enero de 2004
Lector, si me dejas un Comentario, te lo agradezco. Me servirá para la construcción del blog.
Si no lo conoces aún, te invito a que visites carloshjorgeii.blogspot.com

No me mandes flores


Si no lo explicara el pie, en la foto de Giorgio Ughi no se aprecia muy bien que se trata de un cadáver echado sobre la línea que separa la calzada de la cuneta. Una mano, que parece pedir ayuda, sale por debajo de unas hojas de periódico que apresuradamente lo cubren. Los carros siguen veloces a su destino. Manchas de sangre por todas partes. La oscuridad de la noche apenas se ve rota por la presencia de tres focos que iluminan el lugar. Un cono anaranjado en la vía marca la presencia de la autoridad. ¿Autoridad?. Asentó Hobbes: "La seguridad es la finalidad que persiguen los hombres al someterse a otros; si no lo logran, es incomprensible que se hayan sometido a otro y hayan abandonado el derecho de defenderse a su arbitrio" (VI,3).

La noticia que comentamos la trajo El Siglo un día, cualquier día, todos los días: "Ciclista murió arrollado en la Carretera Nacional". Nada extraordinario, como tampoco es nuevo que el homicida se haya fugado, sin ser visto ni reconocido. "El occiso no portaba identificación", aclara el diario de Aragua; "Se espera ubicar a los familiares".

Ingenuamente, en pocas palabras la periodista Alejandra Guerrero describió la situación del país. Si te matan en una esquina de cualquier calle, o en tu casa, debe de haber alguien que te llore, alguien a quien le hagas falta, tal vez tus hijos, o tus padres, o tu mujer, o tus hermanos , o algún amigo, porque debes tener, siquiera, un amigo. Si no tienes a nadie, mejor: así no le causarás dolor a nadie. 'Nadie' no siente. Nadie' es alguien para quien no existes, alguien que debiera velar por ti y por los tuyos : el Estado. Apenas eres una foto en el periódico, con una nota al pie, un número en la estadística de los combatientes caídos en la batalla de cada semana.

No me mandes flores, mándame vengadores, parece ser el eslogan que repiten con armas en la mano individuos justicieros. Es frecuente leer que la policía tuvo que "rescatar" a los acusados de ser "azotes de barrio". Otros no tienen tanta suerte. Mas esta golosa venganza no es sino la expresión de la guerra de todos contra todos. Sólo el enfermo social puede gustar de "vivir" en este mundo miserable y odioso, pues "mientras no se tiene garantía de que los otros no van a atacar, cada uno conserva el derecho originario de velar por sí mismo con cuantos medios quiera y pueda utilizar, es decir, el derecho sobre todo, que es también el derecho de guerra" (V,1), asentó el filósofo inglés en las páginas de Del Ciudadano.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 4 de marzo de 2004, página 13 (con ilustración), en TalCual
PUBLICADO POR EL ARAGÜEÑO EL 5 DE ABRIL DE 2006
Lector, si me dejas un Comentario, te lo agradezco. Me servirá para la construcción del blog.
Si no lo conoces aún, te invito a que visites carloshjorgeii.blogspot.com