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jueves, 17 de julio de 2008

Unidades y usuarios




Hace unos años se decretó el fin de las ideologías. Parece ser que la predicción se está cumpliendo, porque la confusión de vocablos y conceptos es uno de los signos. Antes se sabía quiénes eran los buenos y dónde estaban y cómo se llamaban los malos. Por el discurso. 

El momento histórico actual se nos parece mucho al descrito por Tucídides en La guerra del Peloponeso (III,2,82): “Los hombres para calificar los actos llegaron a modificar arbitrariamente el sentido habitual de los términos. La audacia insensata pasó por valentía y devoción al partido, la expectativa prudente por flojedad disimulada bajo apariencias honorables, y la moderación por máscara de la cobardía”. 

Dejando de lado el fangoso terreno de la moral, vengamos al no menos movedizo de la vida ordinaria. Así, para feministas y machistos las palabras tienen sexo y las personas (sobre todo las mujeres), género. Uno ya no va simplemente a un concierto a deleitarse con la música y los intérpretes de su gusto; ahora tiene que ser en vivo. Si usted ha tenido alguna experiencia traumática, alégrese, porque a eso le llaman crecimiento. Claro que puede obviar el dolor y tener alguna convivencia de fin de semana y, además de pasarlo bien en el Junquito o en la Colonia Tovar, se habrá desarrollado a tamaño de gigante. Si desea que su hijo viaje más barato, apúrese a comprarle el boleto directo personalizado; el indirecto y personal no le sirve. Lo actual es no designar con términos precisos, sino con aquellos ambiguos que sirven para planchar un huevo y freír una camisa. 

 Sección y departamento, vehículo, autobús y tren, rancho, apartamento y casa, escuela, colegio, liceo e instituto, han devenido unidades, por ejemplo, de terapia intensiva, de transporte (las más veces destartalado), habitacionales (horroroso barbarismo en lugar de vivienda), educativas... Cada unidad posee sus propios usuarios. Se han acabado los enfermos y pacientes, habitantes, pasajeros, viajeros, lectores de la biblioteca, clientes... 

Cierta unidad financiera, que no es una sino un montón, atiende a sus usuarios en dos filas. En una están los Clientes Titulares. Allí le dicen: “Presente su Tarjeta de Débito o Crédito del Banco Venezuela / Grupo Santander y disfrute de una atención diferenciada”. La otra fila es la de los Clientes sin Tarjeta y no Clientes. Si usted es usuario de esa unidad bancaria, debe tener muy presente lo que se le informa: “Solicite su Tarjeta de Débito y disfrute de las ventajas de ser Cliente del Banco de Venezuela / Grupo Santander”. 

Si usted, como yo, piensa que es suficiente ser cliente para que lo atiendan como se merece, piensa mal. Usted es usuario, así tenga varias cuentas en la unidad financiera. En la espera de atención –si no ha tenido la experiencia- le aseguro que echará raíces y le van a salir flores. Lleve su sándwich y TalCual para leer en la cola. Allí no habrá clientes, sino usuarios con tarjeta o sin tarjeta.

carloshjorge@hotmail.com Publicado por TalCual, pág. 15, el 29 de marzo de 2005
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miércoles, 16 de julio de 2008

Labridae




Solimán trata a los hembras de su harén exactamente como se describe en Las mil y una noches: la hembra que se aproxima al señor sin haber sido llamada es azotada; la que intenta escapar, azotada y mordida; la que demuestra alguna falta de respeto recibe un buen golpe en el costado. La que tiene que soportar más es la favorita. Para ella sólo hay dos cosas: sexo o palos, la mayoría de las veces esto último.

Este trato que regula la vida del harén no es el practicado por un sultán oriental, sino por unos pequeños peces de la familia de los lábridos, de apenas unos seis centímetros de largo, que en los arrecifes de coral de los mares tropicales del mundo se dedican al aseo y limpieza de otras especies.

Un arrecife coralino cualquiera, especialmente si está bien situado como para servir de “salón de belleza”, por lo general sólo está habitado por un macho con las hembras que componen su harén. En él se da la bienvenida a las hembras nuevas, pero se rechaza a todo macho que quiera competir con el señor. Y, aunque parezca extraño, esto no es llevado a cabo únicamente por el macho propietario sino que... ¡sus hembras le ayudan en ello!

La explicación está basada en una circunstancia realmente insólita: las hembras que componen el harén tienen la esperanza, fundada, de llegar un día a convertirse en macho y, con ello, en señor del harén. En efecto, es muy posible que Solimán pueda ser devorado por algún pez grande cuando trate de retener a alguna fugitiva que se esconda en una caverna. Si esto ocurre, en menos de tres horas la antigua favorita se convierte en macho. A este rápido proceso la ciencia lo denomina protogenia. El pez hasta entonces oprimido se hizo dueño y opresor de las que hasta entonces habían sido sus compañeras de esclavitud. Mediante una continua distribución de golpes de cola y de aletas, mordiscos y empujones, el nuevo señor del harén impide que las hembras se conviertan en machos, es decir, en rivales mientras él viva.

Verdaderas artistas hermafroditas de la limpieza del idioma son las cultivadoras del hablanueva del género. En su salón de belleza femenina, insisten en librar al idioma de parásitos, granitos, callosidades en la piel y cualquiera otra irregularidad que el tiempo ha ido acumulando. Sienten particular inquina contra la segunda regla general de la concordancia que norma la preponderancia del masculino sobre el femenino, a la que ven como herida purulenta. “El lenguaje transmite la cultura masculina en cada sujeto”, sentencian. Confundiendo sexo con género, declaran: “Lo masculino sigue siendo lo relevante, lo prestigioso. Eso se cambia con el uso”, y se toman el trabajo de limpiar la propiedad común de más de 320 millones de hablantes, que se ha ido constituyendo durante más de mil años. ¡Lástima que tanta virtud no sirva sino para alcanzar un producto tan espantosamente deforme!


PUBLICADO POR TALCUAL EL 3 DE ABRIL DE 2006, PÁG. 15, CON ILUSTRACIÓN
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miércoles, 2 de julio de 2008

Gallos Silvestres


La Etología es una ciencia que se ocupa del estudio del carácter y modos de comportamiento de los animales en su medio natural. Su objeto principal es la conducta considerada como el conjunto de cambios y manifestaciones cuantitativas y cualitativas en el espacio y el tiempo; su finalidad, describir, explicar y reducir la pluralidad de los actos de comportamiento a sus orígenes y raíces, de forma que se puedan predecir.

Konrad Lorenz fue uno de los fundadores de la Etología comparada. De sus estudios sobre la agresión y otros rasgos de la conducta de diversas especies de animales, quiso sacar conclusiones aplicables al hombre, lo que provocó grandes controversias. Pero no queremos hablar de la agresión, sino del comportamiento amoroso que tiene el gallo salvaje o de Bankiva y de su comparación con nuestra realidad.

Este gallo silvestre, muy cercano al gallo común, tiene perfectamente resuelto su problema amoroso. Crocker, cada vez que siente necesidad de satisfacer su sexualidad durante la época de lluvias, no se molesta en salir corriendo en busca de su hembra preferida, sino que recurre a una solución más cómoda y práctica. Empieza a cantar algo que, en el idioma de las gallinas, puede traducirse por “¡Aquí hay mucha comida!, ¡aquí hay mucha comida!, ¡vengan enseguida!”. Cuando las gallinas se aproximan, se lanza Crocker sobre la seleccionada mientras las otras hembras buscan inútilmente por el suelo un alimento que no existe en ninguna parte.

Por lo general, las hembras preferidas no son las que ocupan un lugar más elevado en la jerarquía gallinácea, sino todo lo contrario. Como muchos hombres, los gallos salvajes parecen preferir a las más “tontas”. Las hembras que ocupan el lugar más bajo en la ordenación jerárquica son aquellas a las que el dueño del harén dedica sus atenciones más cariñosas.

El gesto de sumisión de las hembras es, al mismo tiempo, una exigencia de satisfacción sexual, una petición de apareamiento. Consecuentemente, es la hembra más humilde, la más sumisa, la que posee mayor sex-appeal, mientras que las gallinas más orgullosas, las que están en cabeza de la escala social, a veces llegan a molestarle al dueño del harén por su inaccesibilidad y machismo. Sólo se aparea con ellas como si lo hiciera a disgusto, por obligación. Pese a ello, son precisamente las gallinas menos queridas y las más fuertes las que ponen más huevos y traen al mundo mayor número de pollitos.

En su momento, algunos programas sociales del Gobierno fueron buenos gallos de pelea; pero, al menos, Mercal y Barrio Adentro se han vuelto silvestres. PDVAL es pavo real, por ahora.

Publicado con dibujito por TalCual el 21 de mayo de 2008, p. 21
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