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jueves, 24 de julio de 2008

Metis


No deja de ser una lástima que el antónimo de ‘desmesurado’ sea ‘mesurado’, ‘minúsculo’, que no ayuda a entender el concepto contrario de ‘descomunal’ y ‘exagerado’. Tal vez ‘irrisorio’ sea el que más se le acerca. Pero no es ‘grotesco’, ‘cómico’ o ridículo lo que le pasará a SÚMATE, porque la cosa no es de risa. Habrá que decirle como Don Quijote a Sancho: “Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima”. Pero de seguro Poiné, el Castigo, irá a visitar a la otrora prestigiosa organización civil.

Tal vez entendamos mejor el hecho si consideramos un aspecto de la religión de los griegos y romanos. Entre el mito y la filosofía, las divinidades alegóricas representaban los conceptos abstractos del hombre acerca de los vicios y virtudes, y se utilizaban para orientar el comportamiento humano en sociedad. Así Hibris, la Desmesura, indujo a los hombres a olvidar su condición de mortales, a desear igualarse a los dioses, lo que les trajo el castigo divino por su soberbia y falta de medida.


Pintada por Luca Giordano en el Renacimiento, la Sabiduría es una mujer exuberante y joven, que entrega una llave a la Inventiva y un martillo a la Industria. Para Hesíodo, la Sabiduría es Metis (la Prudencia, en sentido de Previsión). Metis, de ojos que miran al cielo, como en espera de respuestas, cuerpo joven, cabellos rubios y largos, flota sobre los hombres para inspirarles las buenas acciones. Éstos, a cambio, le tributan respeto y temor. Su rostro es plácido, pero doble. En efecto, uno está vuelto hacia el pasado; el otro, hacia el futuro.


Con su iniciativa y realización a ultranza de las elecciones primarias de la oposición, a SÚMATE se le olvidó el pasado y, aconsejada por Hibris, sólo ve el futuro. “La oposición podrá escoger el 13 de agosto a su abanderado unitario, de manera limpia y transparente, y su resultado será dado a conocer en pocas horas”, dijo. Apuntó, además, que abanderar al candidato sólo costará 1.3 millardos de bolívares.


Con ese dinero piensa instalar 2.967 centros de votación, 320 de comunicación y 8.643 mesas. 50.081 voluntarios cuidarán el proceso. Ya mandó a imprimir 4.5 millones de tarjetas. Éste número le fue dictado por Ate (el Error y la Desgracia), porque SÚMATE se olvidó del Firmazo y del Reafirmazo y de sus secuelas.

carloshjorge@hotmail.com

Este artículo fue escrito en 2006, pero bien pudiera escribirse hoy en Aragua, pues el próximo domingo 27 habrá elecciones primarias. Yo no sé quién le dijo a Súmate que es algo así como el padre de los partidos políticos para indicarles lo que deben hacer. Si sé que debiera convertirse en un partido y dejar de hacer el ridículo como seguramente lo hará, ridículo que Petkoff, Borges y Rosales le evitaron en su momento cuando se pusieron de acuerdo.

31/07/2008. Ya fueron las elecciones. Ganó Henry el de aragua con 71.448 votos (78.4%). Votaron 91.181 electores de un universo de 1.007.831. Es decir, votó el 9% de la población aragüeña en capacidad de hacerlo. La gran pregunta es: ¿era necesario gastar 409.511 bolívares fuertes para saber que Henry se iba a llevar el 80 % de los votos? Pregunta subsidiaria: ¿quién pagó ese montón de plata para averiguar tan poco?

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miércoles, 16 de julio de 2008

Esparta

A pesar de sus deficiencias, los griegos se nos presentan en sus creaciones como el pueblo genial de la tierra. Todo el conocimiento posterior que poseemos del mundo no hace sino seguir tejiendo la tela empezada por ellos. Vemos con sus ojos y hablamos con sus expresiones.

También creación de este pueblo genial es Esparta. No produjo ningún gran pensador, ningún investigador, ningún artista. No se embelleció, como Atenas, con templos espléndidos ni con grandes obras de arte. Y es que la ciudad de Esparta era un campamento militar y el pueblo espartano, un ejército en pie de guerra, con el Peloponeso subyugado o en estado de sitio y amenazador hacia fuera.

Para mantener la estructura social , el Estado espartano organizó una policía secreta para prevenir cualquier eventual rebelión ilota. Clase mayoritaria dedicada a tareas rudimentarias y faenas agrícolas, los ilotas habían sido los pobladores originarios del lugar, pero fueron reducidos por los espartiatas a la más abyecta esclavitud. Esta especie de terror organizado fue el que permitió a la aristocracia espartana mantener su hegemonía y constituirse en la fuerza armada, por completo al servicio del Estado. Claro está, esto sólo se consiguió suprimiendo toda libertad individual.

¿Cómo era su organización política? Esparta fue el único Estado griego que mantuvo la monarquía; aunque, en tiempos históricos, fue una república aristocrática. Sus dos reyes eran comandantes en jefe del ejército. Pero la tiranía es una forma política que les resulta insoportable.

A lo largo de los siglos tuvo Esparta detractores y partidarios. Entre los últimos, S. Bolívar en Angostura. Al pedirle a la Historia que sirviera de guía en la carrera republicana, se encuentra con Atenas, que “nos da el ejemplo más ilustre de una Democracia absoluta y, al instante, nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de Gobierno”. La República de Esparta, sin embargo, se le aparece como una invención quimérica, pero que “produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud y moral y por consiguiente la felicidad nacional fue el resultado de la legislación de Licurgo”.

La Esparta clásica es el modelo admirado de la estabilidad oligárquica, educadora ejemplar de los ciudadanos en las virtudes cívicas. La estructura alcanzada y la orientación política exterior, en la que el orgulloso aislamiento no excluía la voluntad de poder, encerraban, sin embargo, todos los peligros del inmovilismo y la involución. Con el tiempo, los mismos factores que constituyeron su principal fuerza se transformaron en las causas directas de su decadencia. En realidad, los espartanos son uno de los pueblos más conservadores que conoce la historia.

A pesar de la opinión del Libertador, creo que debemos optar por Atenas con todos sus riesgos. Cuba es Esparta en sus peores momentos, cuando padeció una terrible tiranía y tuvo que ser salvada por los conquistadores romanos. Porque además de ser un pueblo en armas contra un enemigo que no la molesta , es la mayor cárcel de los tiempos modernos.

Publicado por TalCual, pág. 15, el 30 de abril de 2006
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martes, 15 de julio de 2008

Viaje a Utopía



La vida nunca ha sido fácil. Abandonado por el Creador o por la naturaleza, el ser viviente debe buscarse su subsistencia. Y no es fácil hallarla. Porque, además, también él es subsistencia para otros seres, tan abandonados como él a sus propias fuerzas. De éstos deberá cuidarse.

En busca del alimento que posiblemente escaseaba, bajó del árbol un día el mono que sería hombre para nunca más regresar a las ramas. Correteando por la pradera, otro día alzó la cabeza y divisó el horizonte. Al día siguiente volvió a ver esa línea en que el cielo y la tierra parecen encontrarse. Igual pasó al otro día y al otro, al otro... Viendo esa línea que estaba a una carrera, decidió alcanzarla. En ese momento creó utopía y creyó en ella.

Utopía, término acuñado por Tomás Moro, viene de ou: no y tópos: lugar. Francisco de Quevedo lo tradujo por “no hay tal lugar”. Pero eso nunca lo aceptó el hombre, aunque lo haya comprobado muchas veces. Porque toda utopía está compuesta de dos aspectos: el purgativo y el aspirante. Por el primero, toda utopía es una limpieza del estado actual. Por el segundo, el hombre elabora un estado más lisonjero en el que pudiera vivir. Y el estado al que siempre regresa es al de la vida en manada, estadio primario.

Por lo anterior, frecuentemente aparecen los ideales comunistas. Las instituciones e ideas comunistas no son de origen reciente. Los pueblos de la Antigüedad tenían, con frecuencia, la propiedad en común. En Grecia, y especialmente en Esparta, persiste el comunismo hasta el final del período helénico. En su República Platón traza el cuadro de una Ciudad en donde hasta las mujeres y los niños pertenecen a la comunidad. Al aparecer el Cristianismo, se crea una sociedad en la que “todos los que creían estaban juntos y tenían las cosas en común; y vendían las posesiones y los bienes, y los repartían a todos, de acuerdo con lo que necesitaba cada uno” (Hechos, II, 44-45). En la Edad Media, la organización agrícola de los feudos, de las guildas en las ciudades y de las órdenes monásticas, encierran aspectos y caracteres del comunismo. En distintas partes del mundo se conservan, en la actualidad, huellas indudables del régimen comunista. En todos estos casos se abraza una concepción de cómo debiera ser la realidad.

Pero la tentativa utópica de alcanzar un estado ideal, sirviéndose para ello de la sociedad total, exige, por su carácter, un gobierno fuerte y centralizado de un corto número de personas. En consecuencia, debe conducir fácilmente a la dictadura. El autoritarismo tiene que silenciar toda crítica, pues la reconstrucción de la sociedad es una enorme empresa que debe acarrear perjuicios a mucha gente y durante un considerable espacio de tiempo. Por tanto, al ingeniero utópico no le quedará más remedio que hacerse sordo a las quejas y tener como política de Estado la supresión de las objeciones irracionales.

Publicado por TALCUAL, pág. 19, el 9 de febrero de 2007
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domingo, 13 de julio de 2008

La Ciencia nueva de Giambattista Vico

PRÓLOGO

A Domenico Mauriello,

vecino de G. Vico en Avellino


Como la Historia, la Arqueología se ocupa de estudiar las sociedades del pasado, pero, a diferencia de aquélla, no basa sus investigaciones en el análisis de los textos escritos, sino en los restos materiales dejados por dichas sociedades. Piedras, utensilios, herramientas, armas, huesos, restos de comida... son indicios que permiten reconstruir vidas antiguas.

Aunque el interés por recuperar los restos del pasado ha sido una constante a lo largo de la historia -especialmente si se trata de vestigios monumentales o económicamente valiosos- , fue el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración y de la difusión del método científico, el que marca el nacimiento de la Arqueología sistemática y científica. En efecto, en 1709 comenzó a excavarse la ciudad romana de Herculano y, en 1718, la vecina Pompeya, sepultadas ambas por la erupción del volcán Vesubio. En 1725, no lejos de allí en la cercana Nápoles, Gimbattista Vico intentará la reconstrucción del pasado de la humanidad a partir del lenguaje, “por venir las palabras en pos de las cosas”. Pero no se trata sólo de lo pasado, porque lo sido será lo que vendrá y estará en manos de los hombres, porque son los hombres quienes hacen la historia. En este sentido, la Historia puede ser maestra de la vida, como quería Cicerón.

La Historia, en su forma tradicional, se dedica a memorizar los monumentos del pasado, a transformarlos en documentos y a hacer hablar a esos rastros que, por sí mismos, no son verbales a menudo o bien dicen en silencio algo distinto de lo que en realidad expresan. Por eso, hoy, la Historia transforma los documentos en monumentos. Allí donde se trataba de reconocer por su vaciado lo que había sido, despliega una masa de elementos que hay que aislar, agrupar, hacer pertinentes, disponer en relaciones, construir en conjuntos. Y esto fue lo que empezó a realizar Vico con el lenguaje. Su arqueología del lenguaje, como disciplina de los monumentos del habla, objetos sin contexto dejados por el pasado, le permite reconstruir un discurso histórico que puede describirse en cada monumento. Y una descripción global apiña todos los fenómenos en torno de un centro único: principio, significación, espíritu, forma de conjunto, visión del mundo. Según esto, la historia general de la dispersión se despliega concentrándose... en una palabra o en una familia de palabras. “Las hablas vulgares -sienta como principio de su Arqueología- deben ser los testimonios más sólidos de las antiguas costumbres de los pueblos, que se practicaron en la época en que se formaron las lenguas”. Si esto es así, la lengua de una nación antigua que se haya conservada viva hasta que llega a su plenitud forzosamente tendrá que ser un inestimable testimonio de las costumbres de los primeros tiempos del mundo. Tal sucedió con el latín y el griego. De ahí su arqueología.
Pero aún hay más: si damos cuenta de una lengua, daremos cuenta de todas. Porque en el mundo existe una lengua mental común a todas las naciones y que emplea el mismo vocabulario de ideas -que los doctos pueden construir-, así sean distintos los términos. Postula el filósofo: “Es necesario que haya en la naturaleza de las cosas humanas una lengua mental común a todas las naciones, la cual comprenda de manera uniforme la sustancia de cuanto tiene lugar en la vida humana sociable y explique con tantas modificaciones diferentes cuantos aspectos diversos puedan tener las cosas; al modo como lo experimentamos en los proverbios, que son máximas de sabiduría popular, interpretadas sustancialmente de la misma forma por todas las naciones antiguas y modernas, aunque expresadas de modos muy diferentes”.

Pero para realizar este trabajo arqueológico del lenguaje, es preciso soltarle las alas a la imaginación. Y si algo se destaca en la obra del filósofo napolitano es el fabuloso vuelo imaginario. No sólo eso, porque hay una lección de filosofía práctica que nos ha dejado: hay que perderle respeto a los hechos y concederle mayor crédito a la imaginación. Su ejemplo comenzó con la fabulación de su autobiografía, la novela de su propia vida que empezó a redactar el mismo año en que vio la luz la Scienza Nuova. En otras palabras, Vico tuvo que fingir mucho de su propia vida para presentarla con unidad y sentido. Del mismo modo, buscará encontrar unidad y sentido en la vida de las naciones. Ese sentido se puede descubrir porque los hombres están naturalmente dispuestos a perseguir lo verdadero. Por dicha disposición, donde no puedan alcanzarlo se atienen a lo cierto. Los hechos, entonces, serán solamente el soporte de la imaginación. Los datos no son para él pilares sobre los que se construye la ciencia, sino simples elementos que la ilustran. Es más, esos datos -il certo- son lo que la Scienza Nuova deberá purificar, sirviéndose para ello de la Filología y de la Filosofía. El resultado será il vero, que se oculta bajo la apariencia empírica. La Nueva Ciencia no es más que la imaginación del orden civil. Claro que esto comporta no pocos riesgos.

Los estudiosos de la obra del filósofo están de acuerdo en destacar la enorme acumulación de errores e imprecisiones en los que incurre, así como en el escaso rigor en la atribución de ideas a diferentes autores y en la interpretación que hace de aquéllas. Por ejemplo, fundió en un solo personaje el mítico Alfión con el histórico Arión de Methymna, que vivió en el siglo VII-VI a. C. Por esta misma razón confunde a Herodoto con Diodoro, mezcla el mito de Temis con el de Astrea o señala que “por ley del mismo Licurgo estaba prohibido saber de letras”, cuando en realidad Licurgo prohibió poner las leyes por escrito. No se ruboriza Vico por culpar a Aristófanes de la condena de Sócrates, que había ocurrido mucho antes de la representación del comediógrafo griego. (Lo cual quiere decir que si la comedia no mató al filósofo ateniense bien lo hubiera hecho de haber ocurrido). También atribuye a Clemente de Alejandría lo que es de Eusebio, destaca de una obra de Flavio Josefo lo que corresponde a otra o comete un anacronismo al señalar la promulgación de las leyes Horaciana y Hortensia cien años antes de los hechos. Incluso el vuelo imaginario lo conduce a ponerle el apellido de un profesor napolitano de su época al primer escritor en lengua vulgar francesa que, según él, fue Arnaldo Daniel Pacca. En fin, hay mucho que decir de las etimologías viquianas que en muchas ocasiones son traídas por la fantasía. Sólo así se puede entender este texto: “Ya hemos demostrado que las ciudades heroicas se decían “aras” en Asia, Grecia e Italia (...) En España aún perdura en muchas el nombre de “ara”. Ahora bien, en la lengua siria la voz “ari” quiere decir león; y ya hemos demostrado en la teogonía natural de las doce mayores divinidades que de la defensa de las aras surgió entre los griegos la idea de Marte, que en griego se dice “Ares”. Así por la misma idea de fortaleza, en los tiempos bárbaros retornados muchas ciudades y casas nobles llevan leones en sus enseñas”. Ignoramos en qué ciudades españolas estaba pensando el filósofo cuando escribió estas líneas, pero conociendo su ágil y desenfadado uso de las etimologías, le servía lo mismo Guadalajara que Aranjuez o la región de Aragón.

Tal vez el caso más paradigmático del arrastre fantasioso es el que sufre cuando quiere referirse a la antigüedad de su ciudad natal. Apunta: “Nápoles primeramente se llamó Sirena, con voz siria -que constituye un argumento a favor de que fueron los sirios o fenicios quienes establecieron antes que nadie colonias por causas del comercio-; después fue llamada Parténope, con voz griega heroica, y finalmente se llamó, en lengua griega vulgar, Nápoles”. Cicerón, que no tenía la imaginación del napolitano, señala simplemente que se llamó así: Ná-poles (de neós, nuevo y pólis, ciudad), “por haberse edificado la última”.

Las imprecisiones y errores anteriores -nos pudiera contestar el autor- son perfectamente disculpables porque la tarea del científico es ordenar. Ordenar con lo cierto que, si no es lo verdadero, lo expresa de alguna manera, pues lo cierto siempre tiene un vínculo -aunque esté oculto- con lo verdadero. Y puesto que en la historia civil lo cierto se nos muestra como injusticia, guerra, impiedad, opresión, dolor y muerte... es preciso elevarlo a la imaginación filosófica para encontrar su sentido. La Scienza Nuova no es sino el relato coherente de la aventura del género humano desde su originario estado bestiale a su más completa umanitá. La nueva ciencia exige unir filosofía y poesía, teología e historia, libertad y necesidad, conciencia y pasión, verum et certum. Se puede decir que Vico descubrió su camino, su método, gracias al descubrimiento de la imaginación, de la función cognoscitiva de la ficción. “La imaginación al poder”, que fue uno de los gritos de guerra de los estudiantes revoltosos del París de 1968, bien pudo haber sido el grito metodológico de Giambattista Vico, poder que debe ponerse al servicio de la Filosofía, el Derecho o la Historia.

La concepción de una “Teología civil razonada” es la aportación de Vico a la filosofía de la historia moderna. Parte de que hay un orden en la génesis y desarrollo de las naciones, una lógica o providencia civil, del mismo modo que hay un orden natural con una lógica o providencia natural. Dicha lógica es la mente divina, que es conocida por la metafísica, esto es, por la ciencia que, por definición, está más allá de los hechos físicos. La metafísica busca las pruebas no en los hechos físicos, afuera, sino en las transformaciones de la mente de quienes piensan. Así es cómo la metafísica posibilita comprender la historia del espíritu humano y sus acciones, o sea, interpretar razonadamente los fenómenos civiles, le cose umane civili. La base de una “historia ideal eterna” es la base de la Scienza Nuova. En otros términos, la Ciencia Nueva no es otra cosa más que la historia de las ideas humanas. “Esta ciencia -explicó- describe al mismo tiempo una historia ideal eterna conforme a la cual transcurren en el tiempo las historias de todas las naciones en sus nacimientos, progresos, equilibrios, decadencias y finales”.

Para Vico hay un orden lógico de las formas del espíritu que, como un diseño a priori u orden del arquitecto divino, se manifiesta ininterrumpidamente (providencia) en los corsi e ricorsi de la historia humana de las naciones. Insiste el filósofo en la semejanza entre la providencia divina en el orden de la naturaleza, que garantiza la necesidad y coherencia del mundo físico, y la providencia divina en el mundo civil, que hace de la historia un orden riguroso, lo que justifica una nueva ciencia.

La astucia de la lógica divina, que escribe derecho en renglones torcidos, es fácilmente verificable en la vida del filósofo. Pudiera decirse que toda la vida de Giambattista Vico está compuesta de paradojas, muchas de ellas muy dolorosas. Y que casi todo le fue adverso, menos la inmortalidad. Veamos.
Hijo de Antonio Vico, un campesino “devenido el más pobre de los libreros napolitanos”, según nos cuenta en la Autobiografía, y de Cándida Masullo, hija de un carrocero, nació en Nápoles el filósofo el 25 de junio de 1668. A los siete años sufrió una fractura de cráneo a causa de una caída desde una escalera. El médico que lo atendió diagnosticó su pronta muerte o que quedaría idiota para siempre. Después de tres años de recuperación, el niño no perdió la vida ni la mente, pero sí la salud y la alegría. A causa de este hecho será reconocido por la cruel expresión latinizada de “master Tisicuzzus”, algo así como el maestro Tisicoso. En su edad madura, sus contemporáneos lo recuerdan con bastón, caminando con dificultad, demacrado, pero con los ojos muy abiertos.
Apoyado por su padre, su formación fue principalmente autodidáctica, aunque estuvo dos años en la escuela de los jesuitas de Gesú Vecchio. No continuó sus estudios con ellos porque se consideró perjudicado en un concurso escolar (1681). Y siguió formándose solo, acompañado de su prodigiosa mente, de una voluntad blindada contra la adversidad y la estrechez de un cuarto con buhardilla en el número 31 de la vía San Biagio dei Librai de Nápoles, en donde logrará abarcar con la imaginación el casi ilimitado horizonte de la historia de la humanidad.

En 1685 concluyó sus estudios de Filosofía. Pero su padre quería que estudiara Derecho y durante dos meses consiguió que el hijo recibiera clases del canónigo Francesco Verde. En 1688 Giambattista se inscribe en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Nápoles, pero su asistencia a las aulas fue casi nula. Su formación en esta disciplina será también autodidáctica, por lo que también será reconocido por el mote del “autodidascalo”.

Tras una fugaz irrupción en la práctica de la abogacía, la “fortuna” lo arrancó de ese campo para que más bien se dedicara a pensar el Derecho. En efecto, monseñor Geronimo Rocca, obispo de Ischia, le consigue el preceptorado de los hijos de su hermano Domenico en el marquesado de Vatolia. En esta tierra de aires saludables para la enfermedad de Vico, Giambattista pasó seis o siete años de soledad reflexiva.

En 1695 regresó a la casa paterna de San Biagio, pero también a la pobreza. Y la escasez lo arroja al mundo. Así que tiene que dar clases particulares de latín o escribir elogios, poemas conmemorativos, inscripciones mortuorias... por encargo, con ocasión de funerales, matrimonios o conmemoraciones.

En 1699, obtuvo por oposición la cátedra de Retórica de la Universidad de Nápoles. Como la cátedra era mal pagada, no abandona el proffesore sus clases particulares. Este mismo año se casó con Teresa Catalina Destito, joven analfabeta. (Gran paradoja: reunión encarnada de una gran erudición con la ignorancia). Andando el tiempo, el matrimonio tendrá ocho hijos, tres de los cuales morirán siendo niños. (Creemos que este triple dolorosísimo hecho marcará profundamente su preferencia por el número 3 en la Scienza Nuova, lo que es fácilmente verificable en el libro IV de la edición definitiva de la obra que trata “Del curso que siguen las naciones” y que, a nuestro entender, es el canto resignado por los que se han ido).

En 1709 publicó su muy importante estudio De nostri temporis studiorum ratione. Al año siguiente apareció su Liber metaphysicus. Algunos años más tarde (1716), compondrá por encargo la biografía del mariscal Antonio Carafa : De rebus gestis Antonio Covaphaci. En 1720 publicó De uno universi iuris principio et fine uno. Dos años más tarde imprimió De constantia jurisprudentis. Por otro lado, cuando parecía consolidar su prestigio literario y filosófico tras el éxito de su Diritto universale (verdadera mina de los conceptos viquianos, aunque su contenido no prefigura la Scienza Nuova que comenzará a publicar dos años más tarde), en 1723 recibió un gran desengaño intelectual: perdió en oposición la cátedra de Derecho Romano. Como respuesta legítima a esta injusticia, cuando tenía la esperanza de que “la sua casa buia e desolata fosse per essere rallegrata da un raggio di sole”, se impuso la tarea de terminar y publicar la obra magna que lo transportaría a la eternidad. En 1725 apareció la primera edición, en italiano, de los Principi di scienza nuova intorno alla natura delle nazioni per la quale si ritruovano i principi di altro sistema del diritto naturale delle genti, obra que el lector tiene en sus manos y que constituye el núcleo del pensamiento de su autor. En 1730 publicó, con numerosas correcciones, la segunda edición de la obra. Y en junio del mismo año de su muerte (1744), apareció la tercera edición. Esta edición, sin lugar a dudas, es la expresión más acabada del genial pensamiento de Giambattista Vico. Tales son los escritos más importantes del inmortal hijo de Nápoles.

La poesía griega y el derecho romano fueron las dos grandes fuentes de materia prima que manan para llenar el caudal de su pensamiento. El antropomorfismo revelador de los mitos y la etimología y semántica de las palabras constituyeron llaves inestimables para abrir el oscuro universo de los tiempos idos. Devoto de Platón, a lo platónico nos ofrece, en vez de hipótesis encogidas, mitos eternos, como el fulmíneo origen de la poesía y el pudor, principio de la humanidad. En Vico se confunden poesía y mitología, pues ambas son formas de expresar o representar el mundo de una manera prerracional, antes del uso del concepto abstracto. Y es que en la infancia del mundo, los hombres fueron, por naturaleza, sublimes poetas. Por esta razón la poesía es la forma más antigua del espíritu humano. Compensa Vico el idealismo de Platón con el penetrante realismo de Tácito. A esta última escuela debe el asombroso relieve con que destaca, por ejemplo, el estado de fiereza en los orígenes del hombre.

El conocimiento del derecho público y privado de Roma en todas sus etapas le dio una lección viva de la evolución de las instituciones humanas, que él extrapola, con mayor o menor éxito, a los demás pueblos. Pues un propósito eterno levanta a la masa humana, tesis que repite una y otra vez en contra de estoicos, epicúreos y escépticos. Vico, católico sincero, no sin influencia agustiniana, pone la ilación de los tiempos bajo el cuidado de una providencia, “la ordenadora del mundo de las naciones”. Descubrir el diseño providencial es el objeto de la nueva ciencia, ciencia que viene a ser, en cierto sentido, una historia de las ideas, costumbres y hechos del género humano. A partir de estos tres elementos constitutivos, se ven resurgir los principios de la historia de la naturaleza humana, principios éstos que son los de la historia universal.

El punto de partida de la historia humana es la distinción de tres tipos de naturalezas, correspondientes a las tres épocas de los tiempos reconocidos por los egipcios: de los dioses, de los héroes y de los hombres. De estas tres naturalezas, divina, heroica y humana, derivan en relación de causa-efecto tres tipos costumbres y, de éstas, tres tipos de derecho natural, que a su vez determinan tres formas de gobierno, las cuales se corresponden con tres clases de lenguas, tres tipos de caracteres, tres tipos de jurisprudencias, tres especies de autoridad, tres tipos de derechos, tres tipos de juicios. En fin, tres formas de conciencia o tres signos del espíritu de los tiempos.

La historia de las naciones, el desarrollo de las instituciones políticas y jurídicas, así como el de las ciencias y de la filosofía, está inscrita en la naturaleza humana. Vico trata de reducir la historia a la naturaleza humana, pues aquélla no es sino una manifestación de ésta. Como ésta, también aquélla está sometida a la necesidad. Y esa necesidad se expresa en un camino que va de la animalidad a la humanidad. El resultado es una historia racional, en el sentido de que es el devenir de la razón desde la imaginación. Por eso para él no tiene sentido criticar la injusticia o la irracionalidad de los tiempos bárbaros, así sean retornados, porque los hombres de esos tiempos, aún sin umanitá, no pueden regirse por valores racionales, por una moral abstracta. Y los tiempos bárbaros no son solamente los de antes, pues hay una total correspondencia de aquéllos con otros de más reciente data, que pueden ser más oscuros que los antiguos. Cada tiempo tiene su derecho, su lógica, sus costumbres que se adecuan a su naturaleza.

Pero en todas las épocas, la naturaleza humana es dirigida por la providencia, pero la providencia produce y conduce el mundo por mediación de los hombres. Y ésta es una original tesis histórica. Los productos de la acción humana, hechos por su propio interés, van modificando al propio hombre. Las acciones realizadas para satisfacer sus necesidades y los medios e instituciones creadas con ese fin cambian el cuadro de las necesidades. En otros términos, el hombre al tratar de sobrevivir se va transformando a sí mismo, se va volviendo humano. La sociedad es el medio a través del cual el hombre se hace a sí mismo. Entonces, la verdadera historia no es la de las naciones sino la de los individuos. Los asilos, las familias, las repúblicas son producidas por los hombres para sobrevivir. Pero, de ese modo y a través de esas objetivaciones, los hombres devienen propiamente humanos. A través del pensamiento y de la práctica de la religión, por ejemplo, la plebe romana toma conciencia de su igualdad natural con los nobles. O como lo dirá con palabras completamente transparentes, “la naturaleza de los pueblos al principio es ruda, después severa, más tarde benigna, luego delicada y finalmente disoluta”. Tales características de la naturaleza de las naciones corresponden a los tramos del camino que recorren los pueblos de todas las naciones y de todos los tiempos: nacimiento, progreso, equilibrio, decadencia y fin. Y vuelta a recomenzar, porque la providencia quiere como fin para la especie humana el que se conserve, quiere su inmortalidad. O como lo dice el autor con palabras más poéticas: “la providencia vigila para la salvación del género humano”. O la vida quiere seguir siendo vida, más vida. Pero con este sentido la providencia pierde su significación religiosa y adquiere la biológica. ¿En cuál estaba pensando Vico?
Mediante ciclos recurrentes -argumento central de la Scienza Nuova-, la realización sucesiva del hombre en la perspectiva de las edades se parece mucho a la realización de los seres vivos, pero también a la representación de una divina comedia, casi un juego que juegan los dioses, porque no tienen otro juego. ¿Hay progreso en la historia de Vico? Parece que no. Todos los pueblos andan el mismo recorrido, una y otra vez. Como nos dice en un texto incomparable, “la uniformidad del torno que sigue entre las naciones la humanidad puede ser fácilmente advertida por el cotejo de dos de ellas, entre sí muy desemejantes”. Los ejemplos corresponden a la ateniense y a la romana. Es decir, la humanidad se va modelando en el diseño providencial a través de ciclos que la conducen al punto de partida. El eterno retorno, pues.

Pero esa providencia (religiosa o biológica) es eminentemente democrática y lo democrático se confunde con la humano. Por eso la ciencia nueva puede ser denominada “filosofía de la humanidad”, que es filosofía de la plebe, porque fueron los plebeyos de todos los pueblos quienes, de forma universal, cambiaron las repúblicas aristocráticas en populares, esto es, en humanas. Es de notar que, según esto, la forma aristocrática de gobierno está excluida de la especie humana. Por eso critica Vico a quienes cantan loas a “la virtud antigua”, la virtud de la era aristocrática de Roma. Se pregunta: “¿Qué virtud humana existió donde tanto existió la soberbia?, ¿qué moderación donde tanta avaricia?, ¿qué mansedumbre donde tanta fiereza?, ¿qué justicia donde tanta desigualdad?” Su obra es un cántico al espíritu de los pueblos, al espíritu de los poderes creadores del pueblo, como diría Aquiles Nazoa. Y sólo nos resta invitar al lector a que lo descubra por sí mismo.

Maracay, marzo de 2007.

Este prólogo fue pedido por la Fundación el perro y la rana en la fecha apuntada. Todavía no me lo han pagado como creo que no lo han publicado, aunque no es muy malo ¿o sí? Dígalo ahí, lector, con sus comentarios.
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