domingo, 26 de octubre de 2008

El alelo 334


"Cada cosa, en cuanto es en sí -escribió B. Spinoza en su Ética-, se esfuerza en perseverar en su ser". Y tres proposiciones más adelante precisa lo anterior refiriéndolo concretamente al caso del hombre: "El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza en perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo". En estas pocas líneas se halla dicho todo lo que puede decirse sobre la aspiración universal a la inmortalidad.
Que todos buscamos afanosamente permanecer para siempre no tiene discusión. Si alguien lo duda, no estaría de más que se fijase en las prácticas religiosas de los ancianos. Cada uno, con la conciencia de la pronta desaparición, busca asegurarse un puesto en la eternidad. Y es que la cosa se ve fácil si uno se hace amigo del Eterno.
Pero la vida, en general, no puede arriesgarse a desaparecer, no puede quedar al libre arbitrio de cada quien. La vida es un producto de Eros, fuerza fundamental opuesta a Thánatos, instinto de muerte. Aunque al final en cada individuo triunfa Thánatos, Eros sin embargo le ha hecho trampa antes de entregarse: en todo el mundo biológico, la vida se reproduce.
No deja de ser una maravilla observar los casi infinitos mecanismos que las plantas, por ejemplo, han desarrollado para perpetuar la especie. No tenemos sino que considerar el amoroso cuidado con que trata la mata de la patilla a sus hijos (semillas).
Planta herbácea trepadora, de hasta unos 4 m de largo, produce un fruto de los de mayor tamaño que se conocen (el récord Guinness es de 127 Kg). En una pulpa rojiza o rosada muy atractiva, porosa, de textura acuosa con delicioso sabor dulce, protegidas por una corteza dura, anidan y se alimentan las semillas. Contarán con 5 ó 10 años para reproducirse en una historia sin fin.
Aunque la mata de la patilla es monoica, esto es, que puede autofecundarse en una casa, sin embargo las fecundaciones cruzadas son predominantes. Algo parecido sucede en el mundo humano. De acuerdo con un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo, la culpa de los hombres para buscar la fecundación en otras casas la tiene un gen, el alelo 334, que gestiona la vasopresina, hormona que se produce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos. De allí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.
Sin ánimo de quitarles méritos a los científicos suecos, muchos hombres saben por experiencia que, aun contra sus deseos, un impulso profundo los empuja a otras casas para asegurarse la inmortalidad. Claro que esto no suele ser suficiente para sus mujeres.

Publicado por Tal Cual, página 21, el miércoles 22 de octubre de 2008.

jueves, 9 de octubre de 2008

Drama satírico


Estrechamente asociado a la tragedia, es el drama satírico un género literario -mal conocido porque han sobrevivido pocas obras- de la Grecia Antigua. El seudo Demetrio de Falero lo llama una "tragedia que divierte". No por eso se trata de una comedia ni mucho menos. El drama satírico pone en escena un coro de sátiros, desnudos e itifálicos, dirigidos por Sileno y enfrentados a un héroe mitológico del que se mofan. (De donde lo satírico es sarcasmo, burla, ironía, crítica...). La escena transcurre en una naturaleza salvaje.
¿Por qué sátiros? Junto con los Epiganes y Silenos, los Sátiros eran divinidades agrestes de forma híbrida: mitad hombre, mitad animal. La más importante de esas divinidades agrestes era Pan, el dios pastor por excelencia. En torno de él se agrupaban los genios campestres, espíritus elementales de los bosques y las montañas. Partícipes del cortejo de Dioniso, los Sátiros amaban los bosques, las fiestas, el vino y... las Ninfas. Aunque no hay acuerdo sobre su origen, sí lo hay sobre su descripción: rasgos de macho cabrío, carácter sensual y conducta cobarde y perezosa
Drama satírico es el que vive desde el 10 de enero de 2007 Nicaragua y, en gran medida, toda la América ibérica. El drama no está tanto en la presencia de un sátiro en el poder que cometió asquerosas iniquidades, sino porque -como lo dijo M. Vargas Llosa- "ungido por los votos de los ciudadanos, en vez de estar pudriéndose en una cárcel", se halla al frente de la República, burlándose de la justicia divina y de la dignidad humana.
Los sátiros, de la Antigüedad y modernos, conservan el aspecto que tradicionalmente los caracteriza: rasgos bestiales y primitivos, permanente expresión de sensualidad en sus ojos (vidriosos). Por esta razón los artistas acostumbran a representarlos con cuernos y patas de caprinos. Un modelo de P. P. Rubens para su Dos sátiros seguramente se parecía a Daniel Ortega Saavedra. No encuentro el antecedente mitológico de Rosa Murillo, la madre de la acosada y violada durante veinte años, quien por poder es capaz de renunciar a la maternidad. Al degollar a sus hijos por defender la feminidad, Medea se nos presenta mucho más auténtica y pundonorosa que la guerrillera hombruna.
Nuestros revolucionarios no creen en la denuncia de esclavitud sexual hecha ya en 1998 por Zoilamérica Narváez en contra de su padrastro comandante... porque piensan como él. "El me manipuló y me concibió como objeto sexual de un líder que se lo merecía todo. Así fue que sucedió (...) haciéndome creer que mi sacrificio aportaba y protegía a la revolución". Esta forma de pensar es comprensible si se acepta como válida la más perversa de las máximas que haya podido crear la teoría política: Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada
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Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 8 de octubre de 2008. Con dibujito.