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lunes, 5 de enero de 2009

Buenos deseos

En algún lugar dijo alguna vez G. Deleuze que si queremos saber de qué materia está hecho el deseo, hay que preguntárselo a B. Espinoza. 

“Cada cosa, en cuanto es en sí –nos contesta el filósofo holandés- se esfuerza en perseverar en su ser” (Etica, parte III, prop. VI). Y este esfuerzo no es nada exterior a la esencia de cada cosa, esto es, este esfuerzo es parte de su esencia, y esfuerzo que no envuelve tiempo definido: todo el tiempo, de manera indefinida, cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser. Esto es lo primero que hay que considerar sobre la esencia del deseo. 

 Así están en Venezuela la oposición y la revolución. Por ello es que adivinos, arúspices, augures, clarividentes, elegidos, enviados y otros profetas, se dedican en estos días a iluminar el futuro inmediato de la nación que este año, más que pacer bucólicamente como buey de tierra -dicen que este es su año-, se nos presenta como toro bravo con ganas de destripar al adversario. Y la gran pregunta que tratan de contestar es sobre quién ganará el referéndum para la enmienda constitucional. Una respuesta aparecida el día 3 dice que “Neptuno-Urano no serán proclives y precipitarán formidables resistencias. Desenlace: ‘El que tiene cauchos lisos, no entra corriendo en las curvas’. ‘Es mejor un mal arreglo que un buen pleito’. El consenso real no será favorable”. Para ambiguo, ni Delfos; pero tratemos de recoger la respuesta de la descripción general del año según los astros. 

“En 2009 -se lee en la misma profecía-, Saturno no será propicio, tampoco Urano ni Neptuno, pero Júpiter en Acuario y Plutón en Capricornio aportarán una extraordinaria protección y luz”. Entiendo -es un decir- que el padre de los dioses está en posesión de las llaves de paso de las aguas represadas que pueden inundar el país. ¡Menos mal que está con nosotros! Por su lado, el dios de las minas se va a dedicar al pastoreo de chivos y no se va a ocupar mucho del preciado oro negro. No entiendo en qué nos beneficia esto último. Sí deduzco que lo que viene es una tremenda confrontación entre los olímpicos. Por un lado: Saturno, Urano y Neptuno; por el otro, Júpiter y Plutón. Ya los comandos de guerra sucia deben de estar en plena producción de armas prohibidas por las leyes y... por la decencia. 

Volviendo a Spinoza, él nos ha dicho, también, que deseo es la esencia misma del hombre. Lo que equivale a afirmar que el hombre es de naturaleza contradictoria. Por ello no valen las cartas astrales. Por ello a veces no queremos ni desear. No es que no deseemos porque entramos en la rutina y estamos agobiados por el estrés; por el contrario, porque no deseamos, la rutina es nuestro refugio y el estrés, nuestra medicina.


carloshjorge@hotmail.com

Llegado hasta aquí, lector, te pido un Comentario para que me orientes. Salud

domingo, 26 de octubre de 2008

El alelo 334

"Cada cosa, en cuanto es en sí -escribió B. Spinoza en su Ética-, se esfuerza en perseverar en su ser". Y tres proposiciones más adelante precisa lo anterior refiriéndolo concretamente al caso del hombre: "El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza en perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo". En estas pocas líneas se halla dicho todo lo que puede decirse sobre la aspiración universal a la inmortalidad.

Que todos buscamos afanosamente permanecer para siempre no tiene discusión. Si alguien lo duda, no estaría de más que se fijase en las prácticas religiosas de los ancianos. Cada uno, con la conciencia de la pronta desaparición, busca asegurarse un puesto en la eternidad. Y es que la cosa se ve fácil si uno se hace amigo del Eterno.

Pero la vida, en general, no puede arriesgarse a desaparecer, no puede quedar al libre arbitrio de cada quien. La vida es un producto de Eros, fuerza fundamental opuesta a Thánatos, instinto de muerte. Aunque al final en cada individuo triunfa Thánatos, Eros sin embargo le ha hecho trampa antes de entregarse: en todo el mundo biológico, la vida se reproduce.

No deja de ser una maravilla observar los casi infinitos mecanismos que las plantas, por ejemplo, han desarrollado para perpetuar la especie. No tenemos sino que considerar el amoroso cuidado con que trata la mata de la patilla a sus hijos (semillas).

Planta herbácea trepadora, de hasta unos 4 m de largo, produce un fruto de los de mayor tamaño que se conocen (el récord Guinness es de 127 Kg). En una pulpa rojiza o rosada muy atractiva, porosa, de textura acuosa con delicioso sabor dulce, protegidas por una corteza dura, anidan y se alimentan las semillas. Contarán con 5 ó 10 años para reproducirse en una historia sin fin.

Aunque la mata de la patilla es monoica, esto es, que puede autofecundarse en una casa, sin embargo las fecundaciones cruzadas son predominantes. Algo parecido sucede en el mundo humano. De acuerdo con un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo, la culpa de los hombres para buscar la fecundación en otras casas la tiene un gen, el alelo 334, que gestiona la vasopresina, hormona que se produce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos. De allí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.

Sin ánimo de quitarles méritos a los científicos suecos, muchos hombres saben por experiencia que, aun contra sus deseos, un impulso profundo los empuja a otras casas para asegurarse la inmortalidad. Claro que esto no suele ser suficiente para sus mujeres.

Publicado por Tal Cual, página 21, el miércoles 22 de octubre de 2008.
Lector, si me dejas un Comentario, mejoro el blog. Doblemente agradecido