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jueves, 17 de julio de 2008

Aparatos ideológicos del Estado

La tradición marxista es categórica: se concibe el Estado como un aparato represivo. El Estado es una máquina de represión que permite que las clases dominantes aseguren su dominación... Por eso los clásicos del marxismo lo denominan aparato del Estado (AE).

El Estado (y su existencia como aparato) sólo tiene sentido en función de poder del Estado. Sabemos que el aparato del Estado puede permanecer a pesar de los acontecimientos políticos que afecten el poder del Estado. El objetivo de la lucha de clases concierne al poder del Estado. El proletariado debe conquistar el poder para destruir el aparato burgués del Estado.

El AE contiene dos cuerpos: el cuerpo de las instituciones que representan el aparato represivo del Estado, por una parte, y el cuerpo de instituciones que representan el cuerpo de aparatos ideológicos del Estado (AIE).

¿Qué son los aparatos ideológicos del Estado? Llamamos AIE a cierto número de realidades que se presentan al observador bajo la forma de instituciones precisas y especializadas: los AIE religiosos (las distintas iglesias), los AIE escolares (escuelas públicas y privadas), familiares, jurídicos, políticos (sistema político, partidos), sindicales, de información (prensa, radio, tv), culturales...

Lo que distingue a los AIE del AE represivo es esta diferencia fundamental: el AE funciona con violencia, mientras que los AIE funcionan con ideologías. Si los AIE “funcionan” de modo predominantemente ideológico, lo que unifica su diversidad es su mismo funcionamiento, en la medida en que la ideología según la cual funcionan está siempre, de hecho, unificada –a pesar de sus contradicciones y diversidad- bajo la ideología dominante, que es la de “la clase dominante”.

Si reparamos en que la “clase dominante” detenta el poder del Estado y dispone, por tanto, del aparato (represivo) del Estado, podemos admitir que la misma clase dominante está activa en los AIE, en la medida en que, a través de sus mismas contradicciones, la ideología dominante se realiza en los AIE. Según nuestros datos, ninguna clase puede detentar durablemente el poder del Estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del Estado.

Los AIE pueden no sólo ser la piedra de toque, sino también el lugar de la lucha de clases y, a menudo, de formas organizadas de la lucha de clases.

La ideología de la clase dominante no se convierte en dominante por gracia del cielo, ni siquiera por la simple virtud de la toma del poder del Estado. Se convierte en dominante por la puesta en operaciones de los AIE, en que ella se realiza y es realizada.

Louis Althusser escribió todo lo anterior en 1970, antes de estrangular a su mujer diez años después. Los disparos sobre la autonomía universitaria parecieron ser una operación necesaria del AE para asegurar el poder del Estado a través de los AIE, aunque no su asesinato... todavía. Faltan algunas leyes.

carloshjorge@hotmail.com
PUBLICADO EN TALCUAL, PÁG. 15, EL 7 DE NOVIEMBRE DE 2005
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martes, 15 de julio de 2008

Proudhon viaja a Utopía




El pensamiento de Pedro J. Proudhon (1809-1865) ha sido objeto de variadas y disparatadas interpretaciones. Fue vilipendiado por los marxistas como pequeño burgués - contra su Filosofía de la miseria escribió Marx su Miseria de la filosofía-. Pero también fue bien visto por la derecha francesa, reconocido por los socialistas liberales como su precursor, considerado por el sindicalismo revolucionario como padre tutelar. En fin, criticado y discutido, es sin embargo respetado como uno de los fundadores del pensamiento anarquista.

La crítica proudhoniana del Estado y, en general, de cualquier estructura autoritaria y vertical, es análoga a la crítica de la explotación económica. Proudhon parte del concepto sociológico de que la sociedad, ya sea en lo económico, ya en lo político, expresa una idéntica “fuerza colectiva”, que no es el simple resultado de las fuerzas individuales asociadas: a partir del momento en que éstas se asocian, se desarrolla un excedente de energía que no es obra de ninguna de éstas en particular, sino de su asociación.

Las clases dominantes se aprovechan de esta energía, transformando la “fuerza colectiva en fuerza coactiva” sobre la base de dos instituciones fundamentales: el monopolio económico y el monopolio político, el capital y el Estado. Es decir, explotar y gobernar son una misma cosa.

Las oposiciones de la vida socioeconómica llevan a Proudhon a formular su doctrina del federalismo pluralista. Proudhon considera que éste es el único criterio realista. Las contradicciones, que constituyen el meollo vital de la sociedad, son constitucionalmente irremediables. Por ello, para sostener una línea fundamentalmente libertaria e igualitaria (el federalismo pluralista), concibió la economía mutualista como la única capaz de hacer operativo este esquema estructural.

La sociedad pluralista, al proceder “a la reforma social a través del exterminio del poder y de la política”, se configura en una estructura “en la que el centro político está en cualquier lugar, la circunferencia en ningún punto”. Esto nos conduce al umbral de la sociedad autogestionada.

En el lenguaje proudhoniano hay una contradicción entre la palabra ‘político’ y la palabra ‘económico’. Con la primera se suele representar la dimensión del poder; con la segunda, la de la libertad y la espontaneidad. Una teoría y una práctica revolucionaria son tales en la medida en que fundan sus propias razones y sus propios objetivos en una dimensión libre y espontánea de la acción, o sea, dentro de una teoría y una práctica “económicas”. Los componentes de la sociedad económica son los trabajadores; los de la sociedad política, los dominadores. A partir del momento en que las clases dominantes son antitéticas a las de los trabajadores, también la sociedad política es antitética a la económica.

Al determinar en cada centro económico y social la capacidad de propulsión y de iniciativa, al reconocer la posibilidad de una libre composición y recomposición de los núcleos sociales, económicos, productivos y profesionales, la autogestión proudhoniana establece las bases seguras de una sociedad libre e igualitaria.

Publicado por TAL CUAL, pág. 17, el 02 de mayo de 2007
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