lunes 18 de mayo de 2009

A modo de preámbulo



Antes de andar por este blog, amigo lector, debes saber que en él vas a encontrar mi opinión sobre un conjunto de temas que me obsesionan. Muchos de esos puntos de vista fueron publicados en periódicos como Tal Cual (Caracas), El Aragüeño (Maracay) o Imagen Latinoamericana (Miami). También vas a encontrar otras entradas que hablan de mis ponencias en algunos congresos y conferencias y artículos de revistas de carácter general y otras indizadas.
Es muy posible que no compartas ni opiniones ni gusto por algunas ilustraciones que he puesto en esta página para hacerte la lectura más llevadera. Te quedaré muy agradecido si te tomas la molestia de escribir tus impresiones en los espacios de comentarios de cada entrada. Para los que son de carácter general, usa ésta.
Dos amigos (los dos se llaman Fernando) me dejaron su apreciación de los artículos que ya había publicado en Tal Cual. Aquí la transcribo:
De: "jose fernando yurman" Para : Carlos H Jorge Pérez Asunto : ArtículosFecha : Wed, 20 Aug 2003 09:00:52 -0400Carlos Jorge. Leí todos tus artículos con un extraordinario placer. Juntar lasencillez con la profundidad y la amenidad, es una fortuna escasa,asi que te felicito por ese notable talento. En este tiempo tan frenético de propósitos, lograr una distancia y una perspectiva erudita y sosegada como la que procuras con tanta soltura en tus artículos, resulta un aporte invalorable y necesario. Deberías juntarlos y publicarlos mas adelante, son realmente muy buenos. Un cordial saludo. Fernando.Fernando Rodriguez
frodriguez@talcualdigital.com Enviado el :Jueves, 13 de Enero de 2005 10:39:14 a.m. Para: Carlos H Jorge Pérez carloshjorge@hotmail.com Asunto: Re: PLATÓNQuerido Jorge: Nos queda un solo artículo tuyo, Platón. Esperamos que sigas enviando tus originalísimos artículos que no se parecen a ningún otro de la prensa nacional y son estupendos. Feliz año, si es posible en tanta oscuridad. Abrazos.

Yo sé que lo anterior es incienso. Pero el incienso, además de servir para la pleitesía, también se emplea para perfumar el ambiente. En serio, si tú disfrutas de los artículos leyéndolos como yo lo hice escribiéndolos, estaré más que satisfecho.

miércoles 1 de abril de 2009

TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN: CONFEDERACIÓN


Algo gordo debe de estar pasando con la Revolución para que sus “ideólogos” estén cortando una de las tres raíces del árbol de los conjurados. (Aunque, lo más seguro, es que se hayan decidido a podar y a serrar el famoso árbol que se había ido secando. La raíz bolivariana fue cortada con un solo hachazo el 15 de febrero pasado, y más de seis millones de votos hicieron leña del asunto de la tiranía que dice que ésta nace de la costumbre del pueblo de obedecer. En su estilo siempre desenfadado, Manuel Caballero nos informó con lujo de detalles sobre lo ocurrido al feberalismo zamorano).
Uno de los argumentos de Simón Rodríguez -la tercera raíz de la frondosa mata- para oponerse a la monarquía versa sobre la corrupción en la distancia. “La ventaja del Gobierno de uno solo -dijo en la Defensa de Bolívar- es que lo que el Gobernante manda se hace; pero tiene la desventaja de no saber siempre el Gobernante lo que manda, porque no puede verlo todo. Las providencias del Soberano recaen en último resultado sobre la Economía: esta pide ojos en todas partes, y el Soberano no ve sino las pinturas que el interés de cada Ministro le presenta (...). Se cree que el sistema Republicano está sujeto a los mismos inconvenientes, en esta parte; pero es porque no se advierte que su Administración es Monárquica” (¡Toma tu tomate!, provoca decir).
En una larga carta al coronel Anselmo Pineda, fechada en Túquerres, Colombia, el 2 de febrero de 1847, le dice el filósofo sobre el asunto de la centralización que hoy desvela a muchos venezolanos: “Los vastos dominios se gobiernan mal, porque la dominación degenera en tiranía, al paso que se aleja del centro. La influencia moral es al revés de la influencia física; en esta se ve que los cuerpos inmediatos a un foco se abrasan, mientras que los distantes están fríos; por el contrario, la Administración más moderada es despótica a lo lejos, por el abuso que los empleados hacen de sus facultades, al favor de la distancia”.
Pero también en la misma carta el maestro de Bolívar apunta soluciones: “La verdadera utilidad de la creación [de dos provincias nuevas] es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo; así se destruyen los privilegios provinciales (...) Ojalá cada parroquia se erigiera en Toparquía; entonces habría confederación... el Gobierno más perfecto de cuantos pueda imaginar la mejor política! es el modo de dar por el pie al despotismo”.
¡Quién diría que la contra se ha puesto a la sombra del árbol de la conjura y los próceres de la Revolución tienen que entrar en la Misión Róbinson para formarse ideológicamente!

domingo 8 de marzo de 2009

Teoría de la revoluciòn: Revoluciòn campesina



Un autor califica de utopía superestructural el proyecto político de Simón Rodríguez porque el filósofo pretendía “completar las transformaciones producidas por la independencia a nivel de lo jurídico-político por la vía de la creación -mediante reformas al sistema educativo- de una mentalidad en la población que se adecuase a las nuevas instituciones políticas, dejando intacta la infraestructura” (López Palma, J. : Simón Rodríguez, utopía y socialismo).
La verdad es que Simón Rodríguez sí pretendía cambios profundos en la “infraestructura” de las naciones americanas que acaban de constituirse en repúblicas. En 1830, desde Arequipa, dirá claramente que “Si los americanos quieren que la revolución POLITICA que el peso de las cosas ha hecho, y que las circunstancias han protejido, les traiga verdaderos bienes, hagan una revolución ECONÓMICA y empiécenla por los campos — de ellos pasarán a los talleres de las pocas artes que tienen — y diariamente notarán mejoras, que nunca habrían conseguido empezando por las ciudades”.
Llama mucho la atención esta insistencia de Rodríguez en querer empezar la revolución económica americana “por los campos”. ¿Por qué? En otro lugar aventuramos varias hipótesis para explicar el hecho. Una de ellas está en Oceana (1656), la obra utópica de J. Harrington. Este teórico observó que la única forma de gobierno permanente en un país depende de la distribución de la propiedad y, en especial, de la propiedad de la tierra. Cualquiera que sea la clase que posea un “equilibrio” o “balanza” preponderante de la tierra -p.e., las tres cuartas partes- tiene la necesidad económica de poseer el control del gobierno. (Harrington derivó en parte esta teoría de la idea aristotélica de que la causa principal de las revoluciones son las desigualdades de propiedad).
Pero al solicitar la propiedad de la tierra para los desposeídos, Simón Rodríguez -al igual que en su momento lo hiciera Harrington- subestimó la influencia de la manufactura, del comercio y de las finanzas. No cabe duda de que ambos autores exageraron el peso político de la propiedad de la tierra. La razón que adujo el filósofo caraqueño fue que “El producto de la tierra es seguro, constante i aumenta en razón del trabajo. El producto de un taller es un interés de fuerzas — constante si se aplican siempre, i progresivo si se aumentan /.../.El producto del tráfico es eventual (Sociedades Americanas en 1828).
La Revolución Bonita copió la falsa creencia en el peso político de la propiedad de la tierra. Sólo así puede entenderse el enorme esfuerzo que ha hecho para expropiar latifundios muy productivos y convertirlos en conucos, al tiempo que arruina industrias endógenas para favorecer las de otros países. El maestro de Bolívar propuso ir a los campos, porque en las ciudades de entonces, por falta de industrias, sus habitantes vivían “apiñados, en desorden, alrededor de los templos, esperando de la Providencia lo que no les ha prometido” . Pero hoy no es entonces.

Teorìa de la revolución: El desorden



Un índice de la inconfundible escritura del maestro de Caracas que fue Simón Rodríguez es la definición. Cuando se lo lee con calma, podemos imaginarnos sentados en un banco de su escuela escuchando la correcta significación de los términos. Era tan obsesiva en él esta tarea que en sus obras, de apenas 746 páginas, hay más de 300 definiciones.
Y pocos términos son tratados tan minuciosamente como conveniencia y orden. Dijo del primero: “Promete el Gobierno algo y firma... por conveniencia. Se lo recuerdan, y lo difiere para cuando convenga. Le instan, y se descarga con no conviene. Le requieren y falta a su palabra por conviene. Se le quejan, y se disculpa con que así conviene. Le reclaman perjuicios, y se hace el sordo por conveniencia pública”. Y del segundo escribió: “Meter a uno en la cárcel porque se queja es poner orden. Imponer silencio es llamar al orden. Revolver un vecindario es establecer el orden. Se destituye, destierra o mata por conservar el orden. Todo el mal que resulta está en el orden. Y el fin que se lleva en todo es el orden público”.
Tal esfuerzo del filósofo es porque “la inteligencia de estas dos palabras es la causa de todos nuestros desaciertos” -dijo en 1842 y pudiera repetir en 2009-. En aquel tiempo, como ahora, “el curso de la Revolución (que ha dado en catarata y poco le falta para precipitarse en cascada)” devino en DESORDEN con nombre de RE PÚ BLI CA. (¿Qué mayor desorden, con una caída ilegal e inmoral superior a la del Churún Merú, que la protagonizada por el intento de salto de la cerca de una planta procesadora de arroz hecha por ungobernador!).
Pero el desorden, que hoy impunemente reproducimos, empezó en 1989. El 27 de febrero de ese año no es el día de la participación protagónica del pueblo, como dicen insistentemente los que buscan mantener el curso de la revolución. Tampoco es la memoria que regresa para “advertirnos de lo que es capaz un pueblo enardecido”, como escribió El Nacional en un editorial. No me cabe la menor duda de que el redactor debió haber escrito enloquecido y hubiera sido justo. Milagros Socorro lo dijo impecablemente: “hace 20 años que la gente salió a saquear y robar”. Y añadió que de tan infausta fecha “sólo han quedado deudos lamentando la muerte de sus seres queridos y una persistente impunidad”. Como la del gobernador (¿!) de marras.
Sólo de un pueblo que pierde la cordura se pueden hacer las aseveraciones citadas. Y más locura sería unir los militares al “pueblo pobre” en el hipotético caso –“Dios no lo quiera”- de que “se desatara de nuevo” (sic) para atacar a los ricos



Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 11 de marzo de 2009.

miércoles 18 de febrero de 2009

Teoría de la Revolución: El juego



La obra de Germán Roscio El triunfo de la libertad sobre el despotismo, libro de cabecera del presidente mexicano Benito Juárez, es una de las pocas obras de teoría política de la época de la Independencia de América. Su contemporáneo y compatriota, el también caraqueño Simón Rodríguez, no sólo escribió de teoría política para aclarar los acontecimientos de su turbulenta época sino de teoría revolucionaria. A 198 años de la Independencia, 149 de la Federación y 10 de la Revolución bonita, el maestro de Bolívar tal vez nos pueda dar algunas lecciones de lo qué entender por revolución y qué podemos esperar de la última nombrada. En el artículo de hoy me limitaré a una comparación. En los que vienen prometo seguir hurgando en nuestro pasado más heroico para entender lo porvenir que se ve bastante prosaico.
En Lima, en 1842, casi al final de Sociedades Americanas en 1828, el filósofo caraqueño comparó “el estado de la Cuestión Política, en América, a un JUEGO”. No deja de sorprender la comparación. También en su época, pues escribió a continuación: “¿Qué tiene que ver la Revolución con el JUEGO? (preguntarán algunos)”. “El que no vea que la contienda actual es un JUEGO no tiene ojos intelectuales”, les contestó.
Y pasa a definir: “Jugar es apostar a quien gana”. En estos días los venezolanos apostaron: unos perdieron, otros ganaron. De los que perdieron –que fueron obligados a jugar, aunque no tenían ganas-, unos se defienden diciendo que “el ventajismo oficialista tornó el referéndum en un gran fraude”; otros denuncian “un plan intimidatorio (que) existe y seguirá existiendo”. Los ganadores aseguran que derrotaron la mentira de las encuestas de empresas que venden perro y que cuando la gente llega a su casa descubre que era gato (en mi época se decía dar gato por liebre). Y debe de ser verdad, pues no se entiende que los “ganadores” de hace dos meses hayan perdido por más de nueve puntos en tan poco tiempo. Pero así es el juego electoral.
Es muy posible que el lector de hoy, al igual que el de ayer, cuando se le dice juego asocie la palabra con perinolas, yoyos, metras, trompos, vuelos de papagayos, escondites y tantos otros regocijos que poblaron nuestra infancia. Pero el juego al que se refiere el Sócrates de Caracas es un poco más peligroso que los nombrados. Lo describió así: “Si porque el contrario me lleva una parada, lo mato ¿con quién sigo jugando? Y si cuando yo gané me hubieran matado… ¿jugaría hoy?”
La comparación se estableció para denunciar el prejuicio de “los que sostienen que la Revolución debe seguir su curso”… entendiendo que el curso es seguir insultándose, desterrándose y matándose por opiniones que no tienen otro fundamento que el modo de proceder en la misma empresa.

lunes 5 de enero de 2009

Amor por razón de Estado



A despecho de los posmodernos, sigo proponiendo un retorno a los clásicos porque tienen mucho que enseñarnos.
En estos días pasados oí tantos llamados a la concordia y a la unidad, a la paz y al amor, pedidos al abrazo fraterno de alegría y esperanza -mientras la aviación de Israel pulverizaba ¡en sábado! los escondrijos de Hamas en la franja de Gaza-, que no pude menos que recordar una comedia del fraile mercedario llamado Gabriel Téllez, mejor conocido por su nom de plume como Tirso de Molina. El nombre de la comedia de marras, de 1622, lleva el título del artículo.

En pleno Siglo de Oro el autor se atrevió a enfrentar el régimen absolutista del Cuarto Felipe con su “teatro de oposición”. Con una actitud audazmente agresiva, mostró el fraile su hostilidad al hombre recién devenido monarca. Y más. Tirso de Molina no suele ser complaciente con nadie, no sólo con los poderosos. Y no lo es porque, como cura, conocía la conciencia de la gente que se confesaba. Y lo que uno confiesa no son precisamente las virtudes, sino los pecados. Entre otros, el de la hipocresía.
Después del bochornoso espectáculo brindado gratuitamente a propósito de las elecciones de 23 N, por ejemplo, en Bolívar (¡perdón, Andrés Velásquez, que preferió a un golpista!) y Carabobo (el de la soberbia familiar), creo que la oposición venezolana –la revolución hace tiempo que está en la consideración de las tres erres- debe hacer examen de conciencia y confesión general, porque se comporta como un personaje de la comedia que ama a uno en su interior y a otro en apariencia, “y si de pesar no muero, he de fingir que le quiero por sólo razón de Estado”.
Los diccionarios jurídicos suelen aclarar que tal “razón” constituye pretendida justificación de lo injustificable, sin otra fuerza que la proveniente de la autoridad que la invoca, si es capaz de mantener la decisión adoptada. Con esta expresión en los labios suele lanzarse todo ultimátum; y, tras la jactancia castigada, vuelve a lucir, humilde entonces, para implorar la paz cuando la derrota es inevitable. En lo agresivo, la razón de Estado se escupe al enemigo; en el armisticio, se suplica a los ciudadanos. En lo nacional, la razón de Estado es muletilla del Gobierno para hacer cuanto quiere y sin explicaciones.
Si la oposición no se confiesa con propósito de enmienda, es decir, con el propósito de que la enmienda constitucional promovida por la revolución con fecha de vencimiento no se constituya, le digo lo que un personaje de la comedia de Tirso: “Sólo sé que el ciego dios (Amor)/ da, señora, a su fortuna/ las dichas de una en una/, las penas de dos en dos”.

carloshjorge@hotmail.com

Buenos deseos



En algún lugar dijo alguna vez G. Deleuze que si queremos saber de qué materia está hecho el deseo, hay que preguntárselo a B. Espinoza. “Cada cosa, en cuanto es en sí –nos contesta el filósofo holandés- se esfuerza en perseverar en su ser” (Etica, parte III, prop. VI). Y este esfuerzo no es nada exterior a la esencia de cada cosa, esto es, este esfuerzo es parte de su esencia, y esfuerzo que no envuelve tiempo definido: todo el tiempo, de manera indefinida, cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser. Esto es lo primero que hay que considerar sobre la esencia del deseo.
Así están en Venezuela la oposición y la revolución. Por ello es que adivinos, arúspices, augures, clarividentes, elegidos, enviados y otros profetas, se dedican en estos días a iluminar el futuro inmediato de la nación que este año, más que pacer bucólicamente como buey de tierra -dicen que este es su año-, se nos presenta como toro bravo con ganas de destripar al adversario.
Y la gran pregunta que tratan de contestar es sobre quién ganará el referéndum para la enmienda constitucional. Una respuesta aparecida el día 3 dice que “Neptuno-Urano no serán proclives y precipitarán formidables resistencias. Desenlace: ‘El que tiene cauchos lisos, no entra corriendo en las curvas’. ‘Es mejor un mal arreglo que un buen pleito’. El consenso real no será favorable”.
Para ambiguo, ni Delfos; pero tratemos de recoger la respuesta de la descripción general del año según los astros. “En 2009 -se lee en la misma profecía-, Saturno no será propicio, tampoco Urano ni Neptuno, pero Júpiter en Acuario y Plutón en Capricornio aportarán una extraordinaria protección y luz”.
Entiendo -es un decir- que el padre de los dioses está en posesión de las llaves de paso de las aguas represadas que pueden inundar el país. ¡Menos mal que está con nosotros! Por su lado, el dios de las minas se va a dedicar al pastoreo de chivos y no se va a ocupar mucho del preciado oro negro. No entiendo en qué nos beneficia esto último. Sí deduzco que lo que viene es una tremenda confrontación entre los olímpicos. Por un lado: Saturno, Urano y Neptuno; por el otro, Júpiter y Plutón. Ya los comandos de guerra sucia deben de estar en plena producción de armas prohibidas por las leyes y... por la decencia.

Volviendo a Espinoza, él nos ha dicho, también, que deseo es la esencia misma del hombre. Lo que equivale a afirmar que el hombre es de naturaleza contradictoria. Por ello no valen las cartas astrales. Por ello a veces no queremos ni desear. No es que no deseemos porque entramos en la rutina y estamos agobiados por el estrés; por el contrario, porque no deseamos, la rutina es nuestro refugio y el estrés, nuestra medicina.

carloshjorge@hotmail.com

jueves 4 de diciembre de 2008

Con el viento en la proa




La memoria es sorprendente. Cualquiera que se detenga un momento en el análisis de sus fenómenos estará de acuerdo conmigo. Por ejemplo, todos tenemos los llamados falsos recuerdos. Y, lo que es peor, uno no sabe muy bien si esos recuerdos fueron soñados o inventados en fantasías diurnas. Así me ocurre a mí con el fabuloso desarrollo económico del Eje Orinoco-Apure o con el recuerdo que tengo de un ferrocarril que corre a toda velocidad –casi enloquecido- por más de ¡13 mil kilómetros de vía! y que uno puede abordar en cualquier punto del país como lo señala una cuña de televisión o el faraónico Gasoducto del Sur.
Hay muchos otros fenómenos sorprendentes. En estos días me acordé de un poema de Espronceda que aprendí de muchacho en la escuela; se llama La canción del pirata. Lo primero que me saltó a la conciencia fue una falsa expresión que repetía en mis años de infancia: baja el pirata, porque no entendía la verdadera de “bajel pirata”, que aparece en la primera estrofa del poema: “Con diez cañones por banda,/ viento en popa a toda vela,/ no corre el mar, sino vuela,/ un velero bergantín./ Bajel pirata que llaman/ por su bravura El Temido/ en todo mar conocido/ del uno al otro confín...”
Revisando la composición de comienzos del siglo XIX, ahora sin confianza en la memoria por aquello de los falsos recuerdos, me encuentro con unos versos realmente descriptivos de nuestra situación, que, tal vez por ello, me recordó el poema. “Y va el capitán pirata,/ cantando alegre en la popa,/ Asia a un lado, al otro Europa/ y allá a su frente Istambul”. ¿Y qué canta? Entre otras cosas: “Veinte presas/ hemos hecho/ a despecho/ del inglés/ y han rendido/ sus pendones/ cien naciones/ a mis pies”. En un rapto de euforia, sin embargo, se sincera: “¡Sentenciado estoy a muerte!”, pero él se ríe. Confía en su buena estrella y en que podrá colgar “de alguna antena” “al mismo que lo condena”. Y sigue cantando.
En vano busco en el poema por qué, a medida que el barco se aleja de tierra, el mar de la felicidad con “olas de plata y azul” se ha ido convirtiendo en un líquido viscoso, negro, que poco a poco se va endureciendo.
Tampoco dice nada de la sospecha fundada que tiene el capitán de que su velero navega rumbo al desastre; hace tiempo que sus marineros empezaron a dejarlo solo en la popa dando órdenes de “envíame, mándame...” que promete recompensar, pues “en las presas/ yo divido/ lo cogido/ por igual;/ sólo quiero por riqueza/ la belleza sin igual”.
No es seguro que ahora el capitán duerma arrullado por el mar cuando tiene el viento aullando en la proa.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 17 de diciembre de 2008.

martes 2 de diciembre de 2008

Juicio de residencia



Creo, con Gadamer, que clásico es el autor o la obra que atravesaron los espacios del tiempo porque tienen algo que decirnos. Sea así con Simón Rodríguez y su Defensa de Bolívar. Allí escribió, a su manera, el filósofo de Caracas: “El suelo de los Estados Unidos está sembrado de ideas liberales—cultivado en todos sus puntos, por manos hábiles—y protegido por un ambiente de Libertad que respiran todos los habitantes; abandonado el suelo á su propia accion, es incapaz de adulterar sus producciones — el Presidente es un fruto del terruño: cada Ciudadano, cuando habla, sin afectacion dice Yo — en la América del Sur, al mas estudiado se le va la lengua, y dice MI AMO: en los Estados Unidos, los Empleos son casi Concejiles — se toman como una carga — y los que los solicitan, buscan en ellos un medio de hacer brillar su patriotismo y... los CONOCIMIENTOS con que lo sostienen... entre los hijos de los Españoles, se busca el empleo por el título ó por la renta, como lo veían hacer á sus padres: allá quieren servir, acá quieren representar”.
Pasadas las elecciones en EE.UU. y en Venezuela, con las diferencias que anota el filósofo, aunque matizadas, no está demás que hablemos de responsabilidad, porque tanto aquí como allá, ser representante implica, ahora en el sentido ordinario del término, ser responsable. Pocos recuerdan que ‘responsabilidad’ viene de ‘responder’. Esto es, ser responsable quiere decir responder al representado por los actos que se han hecho. Y tal respuesta tiene dos caras. Por un lado, hay que asumir que “yo he sido” cuando los demás quieren saber quién llevó a cabo las acciones que fueron la causa más directa de tales o cuales efectos. Por el otro, hay ser capaz de dar razones cuando se pregunte por qué se hicieron estas acciones relevantes. ‘Responder’ -debiera ser obvio- es cosa que tiene que ver con ‘hablar’. En una democracia, la verdad de las acciones de representación pública debe exponerse, debe justificarse ante los demás. La persona responsable tiene que estar dispuesta a aceptar, tras haber expuesto sus razones y no haber logrado persuadir al soberano que pregunta, el costo en censura, marginación o castigo que suponga su discrepancia.
En el antiguo procedimiento español, ‘juicio de residencia’ era la cuenta personal que un juez tomaba a otro, a un corregidor o alcalde mayor, o a cualquiera otra persona que desempeñara cargo público, acerca de la administración ejercida durante el tiempo en que el oficio estuvo a su cuidado. Creo que es una institución que debiéramos revivir, para empezar a juzgar, entre otras cosas, los daños causados por revolución. Alguien debe responder por el desastre hecho en nombre de “mi amo”.
Publicado por Tal Cual, pág. 20, el miércoles 3 de diciembre de 2008.

jueves 20 de noviembre de 2008

Madrigal


En música se entiende por madrigal una composición para varias voces sin acompañamiento. Consta de dos o tres estrofas de tres versos cada una, en las que se repite la melodía y un ritornello de distinto ritmo. En literatura, el madrigal es un poema breve, generalmente de tema amoroso, en que se combinan versos de siete y de once sílabas. Comenzó a emplearse en Italia en el siglo XIV y constituye una de las formas más características del Renacimiento.
El sevillano Gutierre de Cetina (1520-1557), introductor de esta forma poética en el castellano, nos ha dejado un famosísimo ejemplo, que un atribulado bardo venezolano ha vuelto a poner en vigor. Dicen los versos de marras: Ojos claros, serenos,/ si de un dulce mirar sois alabados,/¿por qué, si me miráis, miráis airados?/ Si cuando más piadosos, /más bellos parecéis a aquél que os mira,/ no me miréis con ira,/ porque no me parezcáis menos hermosos./ ¡Ay tormentos rabiosos!/ Ojos claros, serenos,/ ya que así me miráis, miradme al menos.
El poeta, oyendo, palpando, gustando, oliendo y, sobre todo, viendo que los ojos de su tormento se han volteado, que ni en un 60% puede confiar en ellos, que ya no lo miran como les ha suplicado, les ha compuesto un nuevo madrigal. El lector me dispensará que sólo recuerde el ritornello: Es un guión elaborado por "las transnacionales de la comunicación"; el señor Bush está detrás del desafecto; él envió a sus agentes de la CIA y del FBI para enemistarnos.
Y debió de ser así. El amado estuvo un mes en La Orchila relajándose y leyendo el regalo autografiado del libro Abril comienza en octubre. Claro que no todo fue amor sobre hojuelas: tenía que aprender lo relatado con énfasis en las páginas 20 y 138, "junto con un guión de declaraciones y de personas. Tenía que aprenderme nombres, fisonomía, características, lugares y fechas".
Los horrorosos hechos del exitoso abogado de 38 años, nacido en La vega y muerto en la calle Vargas de Los Chaguaramos a bordo de su camioneta cuando ésta estalla a las 9:45 de la noche del jueves 18 de noviembre de 2004, no importan mucho. Era fiscal IV de Ambiente con competencia nacional, pero curiosamente llevaba la mayor cantidad de casos penales que no tenían nada que ver con su competencia.
"Mártir de la democracia", tuvo honores como ningún otro personaje de la historia contemporánea del país: se le veló en capilla ardiente en el hemiciclo de la Asamblea Nacional; se le concedió post mortem la Orden del Libertador; el paso del cortejo fúnebre hasta el Cementerio del Este fue transmitido por cadena nacional.
Y a cuatro años de los hechos, más que un enigma, la muerte de Danilo Anderson es un síntoma. Y un madrigal.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 20, el jueves 20 de noviembre de 2008

miércoles 5 de noviembre de 2008

Candidatos invisibles


A Manuel Pino


El principio que permite la invisibilidad ori-ginariamente es físico. Se basa en lo siguiente: un cuerpo o bien absorbe la luz, la refleja o la refracta, o bien hace todas esas cosas al mismo tiempo; si no refleja o refracta o absorbe la luz, no puede ser visible por sí mismo. Por ejemplo, vemos una camisa roja porque el color absorbe parte de la luz y refleja el resto, la parte roja que la luz tiene para nosotros. Pero ese principio se volvió metafísico por la energía del dedo. Claro que no todo es completamente invisible: siempre queda un pigmento fuerte e iridiscente en el fondo del ojo que posibilita adivinar el personaje. Aunque éste insista en desaparecer.
¿Por qué la invisibilidad? Porque se descubrió las extraordinarias ventajas que proporciona; por ejemplo, hacer fortuna en poco tiempo, cometer delitos impunemente y, sobre todo, someter por el terror a la sociedad en su conjunto. Reduciéndolo al máximo, la invisibilidad es buena por dos cosas: hacer daño y escapar. Aunque esto último no siempre es posible, pues también tiene sus limitaciones. Por más que se cubran, todo el tiempo van dejando huellas que no ven porque tampoco ellos ven sus pies. Otra: pueden ser oídos. Otra: despiden un fuerte olor que cualquier sabueso detecta fácilmente. Más: muchas veces deben guardar ayuno forzoso, porque, al comer, antes de que las sustancias sean asimiladas por el organismo, vuelven los cuerpos grotescamente visibles.
Como son sensibles a la temperatura y sus consecuencias, andan desnudos la mayor parte del tiempo. Pero hay momentos en los que requieren ser vistos. Para ello se disfrazan de una manera teatral y realmente ridícula. Pero con esas fachas que adoptan, no parecen humanos, se ven más bien como espantapájaros y ya no son muy creíbles.
Aunque todavía una buena parte de la población piensa según esas patrañas, otra buena porción de la sociedad los tiene sitiados desde diciembre del pasado año cuando descubrió los pasos de los invisibles para implantar su reino totalitario. Ahora se apresta a cazar al cazador.
¡Piedad, piedad!, más que gritar sollozan aquellos que no conocen ni el significado de la palabra, mientras se vuelven cada vez más opacos. Llegó el tiempo de que aparezcan venas y arterias, nervios y huesos, en fin, carne humana. Lo que pudo haber sido una buena técnica para hacer el bien está terminando en un infinito desastre.
De este modo concluye la historia del inaudito y maligno experimento imaginado por H. G. Wells, el mismo inventor de la máquina del tiempo, que viajó al futuro. Algunos venezolanos viajaron al pasado, a cambio de volverse invisibles.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 20, el miércoles 5 de noviembre de 2008.

domingo 26 de octubre de 2008

El alelo 334


"Cada cosa, en cuanto es en sí -escribió B. Spinoza en su Ética-, se esfuerza en perseverar en su ser". Y tres proposiciones más adelante precisa lo anterior refiriéndolo concretamente al caso del hombre: "El alma, ya en cuanto tiene ideas claras y distintas, ya en cuanto las tiene confusas, se esfuerza en perseverar en su ser con una duración indefinida, y es consciente de ese esfuerzo suyo". En estas pocas líneas se halla dicho todo lo que puede decirse sobre la aspiración universal a la inmortalidad.
Que todos buscamos afanosamente permanecer para siempre no tiene discusión. Si alguien lo duda, no estaría de más que se fijase en las prácticas religiosas de los ancianos. Cada uno, con la conciencia de la pronta desaparición, busca asegurarse un puesto en la eternidad. Y es que la cosa se ve fácil si uno se hace amigo del Eterno.
Pero la vida, en general, no puede arriesgarse a desaparecer, no puede quedar al libre arbitrio de cada quien. La vida es un producto de Eros, fuerza fundamental opuesta a Thánatos, instinto de muerte. Aunque al final en cada individuo triunfa Thánatos, Eros sin embargo le ha hecho trampa antes de entregarse: en todo el mundo biológico, la vida se reproduce.
No deja de ser una maravilla observar los casi infinitos mecanismos que las plantas, por ejemplo, han desarrollado para perpetuar la especie. No tenemos sino que considerar el amoroso cuidado con que trata la mata de la patilla a sus hijos (semillas).
Planta herbácea trepadora, de hasta unos 4 m de largo, produce un fruto de los de mayor tamaño que se conocen (el récord Guinness es de 127 Kg). En una pulpa rojiza o rosada muy atractiva, porosa, de textura acuosa con delicioso sabor dulce, protegidas por una corteza dura, anidan y se alimentan las semillas. Contarán con 5 ó 10 años para reproducirse en una historia sin fin.
Aunque la mata de la patilla es monoica, esto es, que puede autofecundarse en una casa, sin embargo las fecundaciones cruzadas son predominantes. Algo parecido sucede en el mundo humano. De acuerdo con un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo, la culpa de los hombres para buscar la fecundación en otras casas la tiene un gen, el alelo 334, que gestiona la vasopresina, hormona que se produce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos. De allí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable.
Sin ánimo de quitarles méritos a los científicos suecos, muchos hombres saben por experiencia que, aun contra sus deseos, un impulso profundo los empuja a otras casas para asegurarse la inmortalidad. Claro que esto no suele ser suficiente para sus mujeres.

Publicado por Tal Cual, página 21, el miércoles 22 de octubre de 2008.

jueves 9 de octubre de 2008

Drama satírico


Estrechamente asociado a la tragedia, es el drama satírico un género literario -mal conocido porque han sobrevivido pocas obras- de la Grecia Antigua. El seudo Demetrio de Falero lo llama una "tragedia que divierte". No por eso se trata de una comedia ni mucho menos. El drama satírico pone en escena un coro de sátiros, desnudos e itifálicos, dirigidos por Sileno y enfrentados a un héroe mitológico del que se mofan. (De donde lo satírico es sarcasmo, burla, ironía, crítica...). La escena transcurre en una naturaleza salvaje.
¿Por qué sátiros? Junto con los Epiganes y Silenos, los Sátiros eran divinidades agrestes de forma híbrida: mitad hombre, mitad animal. La más importante de esas divinidades agrestes era Pan, el dios pastor por excelencia. En torno de él se agrupaban los genios campestres, espíritus elementales de los bosques y las montañas. Partícipes del cortejo de Dioniso, los Sátiros amaban los bosques, las fiestas, el vino y... las Ninfas. Aunque no hay acuerdo sobre su origen, sí lo hay sobre su descripción: rasgos de macho cabrío, carácter sensual y conducta cobarde y perezosa
Drama satírico es el que vive desde el 10 de enero de 2007 Nicaragua y, en gran medida, toda la América ibérica. El drama no está tanto en la presencia de un sátiro en el poder que cometió asquerosas iniquidades, sino porque -como lo dijo M. Vargas Llosa- "ungido por los votos de los ciudadanos, en vez de estar pudriéndose en una cárcel", se halla al frente de la República, burlándose de la justicia divina y de la dignidad humana.
Los sátiros, de la Antigüedad y modernos, conservan el aspecto que tradicionalmente los caracteriza: rasgos bestiales y primitivos, permanente expresión de sensualidad en sus ojos (vidriosos). Por esta razón los artistas acostumbran a representarlos con cuernos y patas de caprinos. Un modelo de P. P. Rubens para su Dos sátiros seguramente se parecía a Daniel Ortega Saavedra. No encuentro el antecedente mitológico de Rosa Murillo, la madre de la acosada y violada durante veinte años, quien por poder es capaz de renunciar a la maternidad. Al degollar a sus hijos por defender la feminidad, Medea se nos presenta mucho más auténtica y pundonorosa que la guerrillera hombruna.
Nuestros revolucionarios no creen en la denuncia de esclavitud sexual hecha ya en 1998 por Zoilamérica Narváez en contra de su padrastro comandante... porque piensan como él. "El me manipuló y me concibió como objeto sexual de un líder que se lo merecía todo. Así fue que sucedió (...) haciéndome creer que mi sacrificio aportaba y protegía a la revolución". Esta forma de pensar es comprensible si se acepta como válida la más perversa de las máximas que haya podido crear la teoría política: Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada
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Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 8 de octubre de 2008. Con dibujito.

miércoles 24 de septiembre de 2008

De necesidades y deseos


A Camila Serrano

Algunos filósofos han postulado que la vida ética -la vida buena, como les gustaba decir a los clásicos- se configura entre el deseo y el goce. De otra manera: la nece sidad es el último punto de referencia que señala dónde se encuentra el bien humano y el deseo es la interpretación de esa necesidad, de lo que nos hace falta.
Al revisar los fundamentos de aquello que permite vivir moralmente, encontramos que el deseo y el goce son dos conceptos relacionados entre sí dialécticamente, donde el goce es el término universal y el deseo, el particular. Entendidos de este modo, el goce es para un deseo y el deseo es deseo de goce. Ambos términos aparecen entonces como dos momentos que, dentro del movimiento del todo y a través de él, se contraponen y se cancelan dialécticamente, esto es, conservándose.
La necesidad es premoral, pues expresa la falta-en-ser del individuo humano. En efecto, sólo después de satisfacer la carencia de alimentación, vestido, alojamiento, curación y distracción que nos persigue, se puede pensar en vivir racionalmente, esto es, éticamente. Pero la necesidad de distraernos, es decir: de estar fuera de nosotros mismos, introduce una tremenda distorsión de la necesidad, creando una graduación de necesidades indispensables de satisfacer, facticias o convencionales y ficticias. Por ejemplo, a este último grupo de necesidades imaginarias pertenece la de tener una corbata de seda Louis Vuitton, un reloj Cartier, estilográficas Mont Blanc, camioneta Hummer, güisqui escocés de 18 años, quinta en el Este o viajar a Orlando. Siempre es mejor todo ello que andar en alpargatas, vivir medio desnudo entre cuatro latas y tener que curarse en Barrio Adentro I y II.
Ahora bien, comúnmente se le reclama a la Revolución Francesa el que no haya desarrollado su lema de igualdad y se haya contentado con postularlo sólo como principio formal de los ciudadanos ante la ley. Pero esa profundización se da, y con creces, en la revolución que nos arropa: diez funcionarios ganan igual que 513 trabajadores de salario mínimo. En otros términos, socialismo del siglo XXI e igualdad van de la mano. El igualitarismo salarial cubano de diecisiete dólares mensuales acaba de ser derrotado, por la razón que han dicho los jerarcas carcelarios de La Habana: "no hay que tenerle miedo a los altos salarios, siempre que correspondan a resultados concretos". Claro que esos resultados concretos deben de ser los obtenidos por los jefes, sospecha uno.
En conclusión, escasa y exigua satisfacción de necesidades para el proletariado, que con un sueldo de Bs.F. 799 no puede pretender una vida decente; satisfacción plena de sus deseos para la vanguardia revolucionaria... por ahora. Por eso la revolución se llama bonita.

Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 24 de septiembre de 2008

miércoles 10 de septiembre de 2008

Dignificación


A Guillermo Mosquera


T anto si se afirma que el término latino ministerium viene de manus: mano o de minus: menos, en cualquier caso el derivado castellano ministerio significa servicio, y ministro, servidor. Hablar entonces de Ministerio del poder popular para lo que sea no deja de ser una expresión muy engreída y muy poco modesta como exige el nombre.
Uno entiende el gusto de los revolucionarios por las palabras pomposas, porque es más fácil y rápido -creen ellos- hacer cambios radicales en el lenguaje que en lo real. Los promotores de la Revolución bonita han sido exitosos en el fomento del uso de algunas palabras, unas para ofender, como escuálido, otras para halagar, como dignificar. Siguiendo el ejemplo del Minpopo para la Economía Comunal, que quiere dignificar en Sabana Grande el Trabajo Popular, un candidato opositor a la Alcaldía de Girardot adula a sus votantes buhoneros prometiéndoles un centro comercial en la Av. Bolívar de Maracay... que los dignificará.
Hay que aclararles a la revolución y a la contra plagiaria que "dignificar" literalmente significa "hacer digno", y lo que se quiere decir es "restaurar derechos que han sido arrebatados" o "dar un trato digno" a quien lo es por ser humano.
Ya Kant recordaba allá por 1775 en sus lecciones de ética que se debe respetar a cada ser humano porque toda persona sintetiza en sí a toda la humanidad. Todo ser humano es digno (que etimológicamente significa que "tiene el mismo precio o valor que otro"). Esto quiere decir, entre otras cosas, que la humanidad merece aprecio y que debe ser estimada digna cualquier persona, aunque se trate del más malvado de los hombres.
La dignidad del ser humano lo obliga a cada uno para consigo mismo con más fuerza que en el trato a los demás, pues sólo uno mismo puede rebajar en su propia persona la dignidad del género humano.
Teniendo lo anterior por delante, no puede uno menos que condenar los innobles medios que algunos desheredados, humillados y ofendidos, emplean para sobrevivir: depredación de accidentados en autopistas, saqueo de los cadáveres por desastres aéreos, de tráfico o por la furia de la naturaleza, invasiones... Tampoco puede uno dejar de lamentar que alguien que recibió una medalla por dar patadas reclame una casa digna que merece por ello: ya recibió su pago en bronce.
Uno condena y lamenta, porque como señalaba el genio de Könisberg la vida tiene un valor inferior a la dignidad. Vivir no es algo necesario, pero sí vivir dignamente. Uno condena y lamenta, aunque comprende. Claro que no puede uno comprender a los vividores del régimen que se prostituyen practicando la sofística y echando a la basura toda dignidad, así sea por la necesidad de sobrevivir.

Publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 10 de septiembre de 2008

martes 26 de agosto de 2008

Dos modelos


En la independencia de las colonias iberoamericanas del Imperio español, hubo dos tipos de emancipadores: los políticos ( fundamentalmente militares) y los mentales. A este segundo grupo pertenece, sin duda, Simón Rodríguez. Desde Oruro, el 30 de septiembre de 1827 le recuerda al héroe de Carabobo , Boyacá, Junín y Presidente de Colombia que “¡Jactancia... estúpida presunción será, tal vez, parecerá el decir que la emancipación del mediodía de América depende, para consolidarse, de la influencia de la influencia de un hombre tan oscuro como yo...!”
Sobre el trabajo realizado por los llamados libertadores, escribió el filósofo caraqueño en 1843: “Somos independientes, pero no libres; dueños del suelo, pero no de nosotros mismos. Las preocupaciones [léase prejuicios] políticas que nos dominan no caducarán, como muchos lo esperan; al contrario, al lado de las ideas liberales, las harán bastardear. Otras fuerzas que las que empleamos para emanciparnos, debemos emplear para libertarnos... las de la razón”.
¿En qué hombre libre está pensando el filósofo? Sin duda alguna, en el enkratés clásico. El modelo de hombre que tiene en mente como ideal es el del filósofo. Y más: quiere para América “un pueblo de filósofos”, deseo que será objeto de mofa por parte de sus adversarios. Y es que para Rodríguez, ser filósofo significa ser pensador, crítico, justo y reformador continuo, no profesor de Filosofía.
El siglo XX elaboró en América Latina un tipo de político-guerrero un poco distinto al del siglo anterior: el guerrillero, revolucionario defensor de pobres, humildes y explotados.
Fidel Castro, en la velada solemne en memoria del Comandante Ernesto Che Guevara del 18 de octubre de1967, trazó el retrato del modelo. “Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones -gritó en la Plaza de la Revolución de La Habana-, debemos decir: ¡que sean como el Che”. “Che se ha convertido en un modelo de hombre no sólo para nuestro pueblo sino para cualquier pueblo de América Latina. Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario, y Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria. ¡Ningún hombre como él en estos tiempos ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacionalista proletario!”
Acabamos de enterarnos de que “la guerra de guerrillas pasó a la historia” y que “a estas alturas en América Latina está fuera de orden un movimiento guerrillero armado; esto hay que decírselo a las FARC”. Pero lo que causó tanto asombro, ya lo había dicho el filósofo caraqueño en 1834: “Descríbase una peste y se describirá una Revolución”, pues también se le puede llamar “calamidad...!... castigo...!... azote...!... plaga...”

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. , el miércoles 27 e agosto de 2008.

miércoles 13 de agosto de 2008

La gloria de la Sala

El asedio y la conquista de la ciudad de Numancia constituyen uno de los episodios más interesantes de la conquista romana de la Península Ibérica. El período final del asedio y toma de Numancia se desarrolló a partir del año 134 a.C., cuando el destructor de Cartago, general romano Publio Escipión, se puso al frente de un ejército de 25.000 hombres contra unos 10.000 asediados.
En principio, Escipión no se dirigió directamente contra la ciudad, sino contra el territorio que la circundaba, devastándolo. Levanta, entonces, una serie de torres de observación y fortificaciones y corta el paso por el río Duero, único punto de contacto de la ciudad con el exterior.
Después de verse sitiada por Escipión durante unos ocho meses, Numancia se rinde agotada por el hambre y las dificultades. Algunos de sus habitantes prefieren darse muerte entre sí antes que rendirse a los romanos. De los rendidos, Escipión se guardó cincuenta para que lo acompañaran en su triunfo a Roma y al resto los vendió como esclavos. La ciudad permanecerá arrasada hasta comienzos del Imperio.
Numancia ha pasado a la gloria de la Historia por su valor, por su afán de libertad que le llevó a resistir durante once años a las poderosas legiones romanas con escasos medios y pocas posibilidades de éxito.Y es que por la gloria se sacrifica todo, sentenció un filósofo. Es cierto: en el altar de esta diosa se ofrenda el reposo, el caudal y hasta la vida. La religión católica la identifica con el estado de los bienaventurados en el Cielo; pero también la misma Iglesia le recuerda al Papa en su coronación: "Sic transit gloria mundi", que en buen cristiano quiere decir que la gloria del mundo se desvanece como el efímero humo del incensario.
La verdadera gloria no pasa. La verdadera gloria es la inmortalidad, porque está en la memoria de los pueblos que de esa manera tributan agradecimiento a sus benefactores.Esa inmortalidad es una sombra de la vida que se prolonga en el tiempo más allá de un horizonte sin fin.
Pocos, un grupo de elegidos, tienen la posibilidad real de ver extenderse su existencia, tal como se suceden valles y montañas. Si en las circunstancias que el azar agita esos pocos no ven su gloria, los dados del tiempo les traerán, no la gloria, sino su contrario, el infierno en la eternidad, esto es, el olvido.
Asediada por todos los flancos, sin retirada posible y sin esperanza de conseguir ayuda, la Sala Constitucional del TSJ, por fin, se ha entregado. Con su decreto 1265 prefirió una vida de esclavitud a una muerte gloriosa.
Publicado por Tal Cual, pág. 20, el miércoles 13 de agosto de 2008

viernes 1 de agosto de 2008

A Carlos H. Jorge



Víctor M. Gruber F.
gruberv@cantv.net


Estimado amigo, reciba un cordial saludo de uno de sus lectores, y mis sinceras felicitaciones por su artículo en TalCual sobre los lateros...
Cuando empezó el "glorioso" gobierno de Chávez en 1999, inmediatamente se potenciaron los males sociales que venía sufriendo la sociedad venezolana, y con ellos entre otras cosas aumentó el número de buhoneros y de lateros.
Trabajaba yo como profesor en un Colegio Universitario Oficial, en la esquina de Mijares; y según mis horarios, a veces cubría un turno matutino, otras un turno nocturno; así que estaba condenado a circular por el endemoniado centro de Caracas, unas veces de día, otras de noche. Era la época de la lucha a muerte contra el alcalde Peña, pasado del chavismo a la oposición; las "tomas" chavistas de la Plaza Bolívar; la "Esquina Caliente"; buhoneros por millares; lateros, ladrones, carteristas, y gentes de mal vivir, se mezclaban con nosotros, ciudadanos de a pie, que teníamos que trabajar en las instituciones privadas u oficiales, para ganarnos el diario sustento.
Mis alumnos del diurno se quejaban de las molestias, y atracos, que sufrían por la zona central, y en las camioneticas de pasajeros; las quejas de los nocturnos eran mucho mayores, y tenían razón.
Daba terror salir de un curso a las 10 pm, pasar por el frente de la Prefectura de Catedral, cerrada a cal y canto; igualmente que el Cuartel de Policía de las Monjas; la sede de la Gobernación de Caracas, la sede del Concejo Municipal, etc., etc.
Daba miedo circular por la Plaza Bolívar, tan desguarnecida, que bien podía ser cualquier ciudadano asaltado, violado, y muerto en ese desierto de autoridades; y ni siquiera quedaba el consuelo de refugiarse en la Santa Catedral, como en tiempos muy antiguos, para pedir protección al Señor, contra las maldades de los humanos, o de las fuerzas infernales.
Se me ocurrió una solución, y así se la recomendé a mis alumnos y colegas: salir al trabajo disfrazados de lateros, y en la bolsa negra usada para la recolección de latas, u otros objetos, llevar el traje formal para trabajar. Nos reíamos a quijada batiente al imaginar los millones de "lateros" movilizándose por la ciudad, en el Metro, y en el transporte público, para llegar indemnes a las empresas, colegios, o ministerios, y empezar a trabajar.
Motivo de risa adicional era imaginar los pasillos, las oficinas y los baños de esas instituciones, congestionadas con el personal cambiándose de ropa, y guardando el disfraz en la bendita bolsa negra.
Pero se presentaba un nuevo problema, los amigos de lo ajeno, siempre pendientes de los cambios sociales, y de las repercusiones en sus "negocios", empezarían a sospechar de esa masa millonaria de "neolateros", bañados, afeitados, perfumados, y de buenos modales; y por tanto los harían objeto de asaltos y otras violencias. Casi se me anulaban las variables de mi plan de "seguridad" personal, pero inmediatamente obtuve una solución: los "neolateros" tendrían que dejar de bañarse, afeitarse, perfumarse, y debían vestir andrajos, y tener malos modales tal cual los verdaderos: ¡El camuflaje perfecto! Por tanto, al final del indefinido mandato del chavismo, Venezuela presentaría orgullosa al mundo su modelo del "Hombre Nuevo" del Socialismo del Siglo XXI: lateros de verdad, verdad: barbados, sin bañar, sucios, hediondos, andrajosos, de malos modales, y pobres de solemnidad.
Hasta aquí mi fantasía.
Nota bene. Este artículo fue publicado por Víctor M. Gruber en la fecha de hoy, 01 de agosto de 2008, en Tal Cual, pág. 20. Es el necesario complemento de mi publicación del pasado 30 de julio y que puede leerse más adelante con el título de Elogio del latero. carloshjorge@hotmail.com

miércoles 30 de julio de 2008

Elogio del latero

A Giovanni Mauriello

Confieso que ha sido una lástima que el alcalde metropolitano no haya tenido mayor éxito (que se sepa) con el I Congreso de Nómadas, reunido en Caracas el 20 de julio de 2005, para que los trashumantes citadinos deliberaran sobre su propia situación y aprendieran a vivir en comunidad. La idea es digna de figurar no sólo en el criollo "Nuestro insólito universo", sino, y sobre todo, en "Aunque usted no lo crea", de Ripley.
La parábola de los invitados descorteses, narrada por Mateo (22, 2-14), explica el resultado anotado. Brevemente: Un hombre rico preparó un fastuoso banquete en la boda de su hijo. Llegado el día, todos los que habían sido invitados se excusaron por no poder asistir. El hombre, irritado, llama a su criado: "Sal aprisa a plazas y calles de la ciudad, y a los pobres, tullidos, ciegos y cojos tráelos aquí". Como aún quedaban puestos vacíos, envió nuevamente al criado: "Sal a los caminos y cercados, y obliga a entrar, para que se llene mi casa, porque os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados gustará mi cena".Es decir, esta gente de "los caminos y cercados" o "las personas en situación de calle", como quiere la prosa revolucionaria burocrática, sólo asiste si es obligada. Le importa un comino el banquete de la ciudadanía; le importa, por el contrario, la independencia casi absoluta... en sociedad.
Es muy común oponer ciudadanos a menesterosos, indigentes a gente normal. La población desafortunada, apartada de la vida del intercambio social, es imaginada desde fuera con asco. Recordaba G. Bataille que el profundo desgarramiento que opone los diferentes aspectos de la existencia aparece más claramente revelado en la ambigüedad de la palabra "miserable". Después de haber significado "que inclina a la piedad", el término se ha convertido en sinónimo de "abyecto".
Pero el latero miserable es el verdadero "único y su propiedad", del que escribiera Stirner. Recorriendo con prisa las calles para recoger los metales que le permiten vivir con dignidad, carga sobre sus espaldas la libertad tan preciada. No sabemos por qué infortunios estos desheredados tomaron la calle. Pero uno no puede menos que reconocer su pundonor. No se consideran desdichados. Quien mantiene un talante estoico, incluso cuando lo ha perdido todo, posee dentro de sí algo que detenta un valor intrínseco y se hace acreedor de nuestra compasión, cuando menos, y de nuestro respeto.
Después de diez años, los "ciudadanos normales" gobernamos un desastre económico, hemos demolido las instituciones políticas, el caos social reina en todas partes y la confusión ideológica impera. Ante este panorama, ¿quién no añora ser latero?

Artículo publicado por Tal Cual, pág. 21, el miércoles 30 de julio de 2008
JUSTICIA: La magnífica foto del latero equilibrista fue tomada de: farm2.static.flickr.com/1328/1474209964_eca5b...

sábado 26 de julio de 2008

De nueces y partos


La deliciosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (1599) es una obra de Shakespeare en que mejor se amalgaman lo cómico y lo dramático. Víctor Hugo la calificó de tragedia que se resuelve en la risa. Por un afortunado error, el copista del manuscrito, que sirvió para las ediciones de 1600 y 1623, en lugar de los personajes consignó los nombres de los actores.
No por error, sino por voluntad engreída –diría yo-, los rectores Antonio París, Benjamín Sharifker y Luis Ugalde se presentaron en escena para hacer una dramática auditoría al Registro Electoral. Para generar confianza, dijeron.
Otros rectores, los del CNE, aceptaron tan desprendido ofrecimiento con la condición de que fuera con otras universidades y dentro de los parámetros del CNE.
El martes 13 de junio los actores rectores descartaron participar en la auditoría oficial. Pero, no se sabe muy bien cómo, pues el CNE no les dio la data solicitada –perdón por el barbarismo-, los técnicos de la UCV, USB y UCAB le hicieron una auditoría (¿?) al padrón de votantes con el objeto de comprobar la fidelidad de la base de datos. Lo que según los rectores llevaría ¡meses! Se hizo en poco más de 30 días. Y elaboraron un informe.
De estudio trágico, el informe devino en libreto de vulgar astracán. Ni siquiera da risa, porque mucha gente había puesto su confianza en los tres ilustres actores y en una buena representación. Con razón Carlos Figueira, profesor de la USB y asesor del CNE, preguntó el día de la puesta en escena del espectáculo: “¿Por qué ustedes llaman a esto auditoría?”
Encontraron, por ejemplo, que en 107 municipios (distribuidos por todo el país) existen más votantes que habitantes, lo cual, a primera vista, parece alarmante. Y alarmante se ve que en 54 municipios el índice de cobertura llega a niveles de 95% y 99%. Se preguntaron: ¿es sospechoso que, en un padrón en el cual los votantes se inscriben voluntariamente, casi todos los posibles electores estén inscritos? Y se respondieron: en 1983 y 1988 se registraron niveles similares.
Las conclusiones son claras: 1) hay defectos importantes en el padrón, consistentes con la mayoría de las denuncias publicadas en los medios de comunicación; 2) los errores no son nuevos; 3) pero “no hay evidencias de que estas anomalías afecten las preferencias políticas”. Y lo verdaderamente cómico: “Los resultados (de la auditoría) sugieren que los errores no parecen estar relacionados con la intención del voto en un evento comicial presidencial”. Éste fue el parto de los montes, expresión del poeta latino Horacio que el DRAE define como “cosa ridícula y fútil que sucede o sobreviene cuando se esperaba u se anunciaba una grande y de consideración”.
Preguntamos: ¿y para saber eso trajeron a un experto en matemática y estadística de la Universidad de Valencia, España?

Este artículo se publica hoy por primera vez, aunque fue redacctado en el momento de los hechos que se comentan. La oposición al gobierno no sólo ha cometido errores, sino que también ha hecho el ridículo, como en el caso.

El convidado de piedra

Como el convidado de piedra es una alusión que se hace a la estatua del comendador de Calatrava don Gonzalo de Ulloa, personaje de El burlador de Sevilla y convidado de piedra, comedia de Tirso de Molina. Es decir, con esta locución adverbial se pretende significar que alguien está con otros como una estatua: mudo, quieto y grave.
Pero el autor de la famosa comedia no redujo tanto esa significación. En efecto, don Juan Tenorio, que había seducido en Nápoles a la bella Isabela, mata en un lance a don Diego de Ulloa, al intentar éste defender el honor de la hija que ya estaba prometida al duque Octavio. Huyendo, de paso por Sevilla, Don Juan se oculta de sus perseguidores en una iglesia, pero ahí se topa con el sepulcro del asesinado comendador, sobre el que lee el siguiente epitafio: “Aquí aguarda del Señor el más leal caballero la venganza de un traidor”. Para mofarse del muerto, el Tenorio lo invita a una cena a su casa, después de la cual vendría el desafío. No contaba Don Juan con que el muerto se presentara, pero ahí estuvo como estatua de piedra. Pasada la comida, Don Gonzalo invita, a su vez, al “burlador de Sevilla” a una cena con él donde estaba enterrado. “Mañana iré –promete don Juan Tenorio- a la capilla/ donde convidado soy/ porque se admire y se espante/ Sevilla de mi valor”. A la mañana siguiente, cumple el Tenorio la promesa. Cuando llega con sus criados, la cena ya está servida. Alacranes y víboras es el plato principal. Hiel y vinagre, el vino. Antes de retirarse de la mesa, Don Gonzalo le pide a l invitado la mano para despedirlo. Aquél se la da. En ese momento, el fuego del infierno que corre por las venas del comendador abrasa al seductor impenitente.
En Venezuela hemos tenido últimamente tres convidados de piedra: Gaviria, Carter y José Miguel Vivanco, director ejecutivo de la División de las Américas de Human Rights Watch. Como en la comedia de Tirso de Molina, no se contentaron los tres invitados con asistir al convite, solamente. Gaviria, pacientemente, obligó a las partes en conflicto a firmar un compromiso de solucionar la crisis política del país por medio de elecciones. Carter propuso el referendo revocatorio y aseguró que éste se producirá. J. M. Vivanco desnudó la situación nacional. “En Venezuela no hay un verdadero acceso a la justicia y hay altos índices de corrupción”, denunció. Pero esto que cualquiera puede aseverar, tiene nombre y apellido. “Las instituciones no pueden someterse a los vaivenes de quien gobierna”, dijo. Sólo le faltó añadir: “Quien tal hace, que tal pague”, como en la comedia.

carloshjorge@hotmail.com
Este artículo se publica hoy por primera vez.

jueves 24 de julio de 2008

Metis


No deja de ser una lástima que el antónimo de ‘desmesurado’ sea ‘mesurado’, ‘minúsculo’, que no ayuda a entender el concepto contrario de ‘descomunal’ y ‘exagerado’. Tal vez ‘irrisorio’ sea el que más se le acerca. Pero no es ‘grotesco’, ‘cómico’ o ridículo lo que le pasará a SÚMATE, porque la cosa no es de risa. Habrá que decirle como Don Quijote a Sancho: “Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima”. Pero de seguro Poiné, el Castigo, irá a visitar a la otrora prestigiosa organización civil.

Tal vez entendamos mejor el hecho si consideramos un aspecto de la religión de los griegos y romanos. Entre el mito y la filosofía, las divinidades alegóricas representaban los conceptos abstractos del hombre acerca de los vicios y virtudes, y se utilizaban para orientar el comportamiento humano en sociedad. Así Hybris, la Desmesura, indujo a los hombres a olvidar su condición de mortales, a desear igualarse a los dioses, lo que les trajo el castigo divino por su soberbia y falta de medida.
Pintada por Luca Giordano en el Renacimiento, la Sabiduría es una mujer exuberante y joven, que entrega una llave a la Inventiva y un martillo a la Industria. Para Hesíodo la Sabiduría es Metis (la Prudencia, en sentido de Previsión). Metis, de ojos que miran al cielo, como en espera de respuestas, cuerpo joven, cabellos rubios y largos, flota sobre los hombres para inspirarles las buenas acciones. Éstos, a cambio, le tributan respeto y temor. Su rostro es plácido, pero doble. En efecto, uno está vuelto hacia el pasado; el otro, hacia el futuro.
Con su iniciativa y realización a ultranza de las elecciones primarias de la oposición, a SÚMATE se le olvidó el pasado y, aconsejada por Hybris, sólo ve el futuro. “La oposición podrá escoger el 13 de agosto a su abanderado unitario, de manera limpia y transparente, y su resultado será dado a conocer en pocas horas”, dijo. Apuntó, además, que abanderar al candidato sólo costará 1.3 millardos de bolívares.
Con ese dinero piensa instalar 2.967 centros de votación, 320 de comunicación y 8.643 mesas. 50.081 voluntarios cuidarán el proceso. Ya mandó a imprimir 4.5 millones de tarjetas. Éste número le fue dictado por Ate (el Error y la Desgracia), porque SÚMATE se olvidó del Firmazo y del Reafirmazo y de sus secuelas.

carloshjorge@hotmail.com

Este artículo fue escrito en 2006, pero bien pudiera escribirse hoy en Aragua, pues el próximo domingo 27 habrá elecciones primarias. Yo no sé quién le dijo a Súmate que es algo así como el padre de los partidos políticos para indicarles lo que deben hacer. Si sé que debiera convertirse en un partido y dejar de hacer el rídículo como seguramente lo hará, ridículo que Petkoff, Borges y Rosales le evitaron en su momento cuando se pusieron de acuerdo.

31/07/2008. Ya fueron las elecciones. Ganó Henry el de aragua con 71.448 votos (78.4%). Votaron 91.181 electores de un universo de 1.007.831. Es decir, votó el 9% de la población aragüeña en capacidad de hacerlo. La gran pregunta es: ¿era necesario gastar 409.511 bolívares fuertes para saber que Henry se iba a llevar el 80 % de los votos? Pregunta subsidiaria: ¿quién pagó ese montón de plata para averiguar tan poco?

miércoles 23 de julio de 2008

Animal político


No me refiero con el título a la definición de ‘hombre’ dada por Aristóteles. Hablo del Papa. Benedicto XVI, hasta ahora, ha sabido manejar con arte sin igual la religión para servirse de ella con el objeto de triunfar en su principal empresa: ser jefe de Estado.
Como jefe religioso no ha renunciado a su cargo político. Al contrario, moviéndose como pez en el agua en esa zona ambigua de política y religión, se está aprovechando de la religión para beneficio político. En otras palabras, está convenciendo al mundo de que se comunica con Dios.
Benedicto XVI se está comportando como un buen cirujano. Desde su asunción del papado, sus esfuerzos han estado dirigidos a estudiar cómo cortar diestramente brazos y piernas, y todo para la salvación de los enfermos. Está resultando ser un experto en golpes de Estado, tal como entiende la expresión G. Naudé, bibliotecario de Richelieu, esto es, quien ejecuta “acciones osadas y extraordinarias que los príncipes están obligados a realizar en los negocios difíciles y como desesperados”.
Su primera gran acción fue fruto de una osadía muy razonada para navegar en mares procelosos y no ahogarse en sutilezas infinitas. En otros términos, hace el zorro cuando trata con zorros. El 12 de septiembre de 2006, en el discurso que dio en la Universidad de Ratisbona, apeló a unas palabras “que recientemente leí en la parte editada por el profesor y teólogo Thedore Khoury del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez durante el invierno de 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y la verdad de ambos. Fue probablemente el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, este diálogo: ‘Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”. Sirviéndose del emperador, el Papa explica minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. Según su expresión “la violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma”. No hubiera sido muy prudente leer el Corán en el sura XLVII, 4: “Cuando encontréis infieles, matadles hasta el punto de hacer con ellos una carnicería...”
El mundo musulmán se rebeló ante tamaña temeridad. Pero en una segunda osadía razonada, el Papa le explicó, sin pedir perdón, que la cita del discurso no reflejaba su propia opinión. ¡Un grupo de 38 teólogos musulmanes y grandes muftís aceptaron como buenas las explicaciones!
El viaje triunfal por Ankara, Éfeso y Estambul no hubiera sido posible sin tantas osadías. El premio al recibimiento turco fue declarar que él no se oponía a la entrada de Turquía a la Unión Europea. Cuando sólo era cardenal Joseph Ratzinger, se había claramente opuesto a tal posibilidad. Sin duda, hombre de ideas firmes... ¡hasta que las cambia!








Este artículo no fue publicado, pero... ¡cómo me hubiera gustado! El tiempo ha certificado que lo dicho en él no era exageración.

Monumento a la Paz

Visto desde algún punto meridional, no parece lo que es. Pero si se mira desde Septentrión, es lo que parece. En su faz del Poniente se lee una críptica cita de Domingo Miliani: "La tierra venezolana es pródiga, el subsuelo opulento y el hombre valiente. Ellos forjaron el mito, de su entraña nace la mano mineral, defensora del pueblo, sembradora de luchas. El ojo alerta de sus hombres mayores, vigila el sueño y horada la historia. El grito airado crece cuando alguien amenaza los cauces apacibles..." En el Levante se nos recuerda que es un "Homenaje del Gobierno Municipal de Caracas a las luchas del pueblo venezolano, por la conquista de su patrimonio petrolero. Monumento a la Paz. Autor: Paul del Río. Mayo de 2003".
Dejamos a otro las consideraciones de sus virtudes artísticas, que debe de tenerlas. Nos interesa su simbología y su sintomatología. Como síntoma, el Monumento a la Paz revela la fiebre de una vieja enfermedad de muchos gobiernos venezolanos, municipales y de los otros. Veamos. Una "mano mineral" se eleva sobre una base urbana de casas y edificios amontonados. Esto si se ve desde el Sur. Desde el Norte, destacan dos porciones carnosas de la parte posterior del cuerpo humano, separadas por una hendidura redondeada. El ano se intuye en la profundidad. Justamente, por donde pudiera deducirse la ubicación de tal orificio, se yergue, erecta, una torre de petróleo. El símbolo fálico es fácilmente reconocible. Si quedaran dudas, las disipa la paloma que, con las alas desplegadas, vuela sobre la torre.
¿Cómo interpretar el Monumento? La ciencia psiquiátrica viene en nuestra ayuda. Hay -nos dice- dos modos de desviación de la conducta sexual, llamados perversiones o aberraciones sexuales: la del objeto y la del fin. Esto es: a) la apetencia sexual no se orienta hacia su objeto normal, sino hacia otros "objetos"; b) la fuente de atracción, descarga de placer y orgasmo, no está en la consumación del acto sexual normal, sino en, por ejemplo, la producción de dolor, como en el sadismo.
Los Campos Médico y Los Semerucos, en Falcón; Rojo, Morichal y La Esmeralda, en Monagas; Sur, Norte y Guaraguao, en Anzoátegui, y los Campos de la Costa Oriental del Lago, en Zulia, son los "objetos" de una relación, a todas luces, perversa. Lo hecho a los ex trabajadores petroleros no es sino un puro acto de sodomía no deseada.
Con amedrentamiento, amenazas y violencia; sin romper, legalmente, la relación laboral; sin garantizar un debido proceso, de este modo no puede realizarse la "conquista" del "patrimonio petrolero". Tampoco, estatuir la Paz, aunque se le erijan monumentos a la diosa.

carloshjorge@hotmail.com
Este artículo nunca fue publicado. Se lo envié a Milagros Socorro cuando ella publicó el suyo (muy bueno) sobre el tema en El Nacional. La carta que lo acompañaba le hizo reír, pero el artículo busca hacer pensar sobre aquellas acciones tan dolorosas que sufrieron algunos venezolanos. Creo que las heridas no están cerradas. Y no lo estarán mientras no haya JUSTICIA. Venezuela está en deuda con los petroleros (de entonces).

La moral es un asunto público

1

En el punto 4. de su original “Paralelo entre la lengua y el gobierno” con el que comienza el Pródromo a Sociedades Americanas en 1828, señala Simón Rodríguez que, si se hiciese una revolución en el alfabeto, se quejarían la hache, la ve pequeña y la ce por verse excluidas. Pero como en todas las revoluciones hay quien llore y quien cante, la equis estaría contenta porque volvería a ser lo que era: el signo para representar la guturación y el silvo. Y termina el punto con una anotación sorprendente: “Así fuera tan fácil hacer reformas en la moral como en la Ortografía!” (OC,I,267).
A pesar de ser conceptuado como revolucionario por muchos autores, Simón Rodríguez es un filósofo de las reformas -todo lo radicales que se quieran (LV,II,110)-, pero no es un filósofo de revoluciones. Justamente, la mayor parte de sus reflexiones tienen esa intención, intención que aclara el autor en 1842, al hacer la edición definitiva de Sociedades Americanas en 1828, cuando pide a sus contemporáneos

una declaración, que me recomiende a la posteridad,
como al primero que propuso, en su tiempo,
medios seguros de reformar costumbres,
para evitar revoluciones (SA,I,299).

No nos queda la menor duda de que, en la lectura y en la meditación de la Política de Aristóteles, debió causarle una gran impresión el libro V, que trata de las “alteraciones que en (la república) suelen acaecer (y que son como enfermedades) y de las causas de donde proceden y de cómo se han de remediar, conservar y regir cada una de las especies de república de manera tal que duren muchos años”.
En efecto, Simón Rodríguez concibe la revolución política armada como una peste y, también a la manera aristotélica, haciendo un paralelo con la epidemia, encuentra la identidad de causas: eficiente, formal, ocasional o determinante y final, que es, en ambas situaciones, “desórden, aflicción, muerte y dispersión”. Para él, la causa de las revoluciones es “la ignorancia de unas cosas que todos pueden saber distinguir” (LV,II,128). El problema, entonces, no se soluciona con otra revolución. El remedio contra la enfermedad maligna es “la Instrucción Social, dada en todas las épocas de la vida, especialmente en la primera”.
La posición de Rodríguez con relación a la revolución es la misma que la kantiana (La Paz perpetua, apéndice I). Para Kant, la revolución aparece como un “accidente natural”; para Rodríguez, como un “efecto natural” del curso natural de las cosas (DB,II,224). Los hombres que hacen la revolución no son autores, sino actores (LV,II,177). Los hombres figuran y se mueven en un escenario representando una obra que no han escrito. El libreto es redactado por las circunstancias, porque la naturaleza (y la naturaleza social) quiere “perpetuidad de acción, pero no de personajes” (SA,I,272).
Hay un segundo argumento para oponerse a la revolución como medio de transformación de lo que llamamos sociedad. El argumento es muy simple: la vida en común se debe a una elección por el goce que el otro me proporciona, esto es, por la “Predilección (del hombre) por sus Semejantes,, porque conoce que, en su compañía, padece ménos i goza mas, que estando Solo, o en compañía de otros animales” (SA,I,409). El semejante no es instrumento de mi felicidad, lo que quiere decir que no puedo deshacerme de él cuando me venga en gana o cuando ya no me sea útil. El semejante es parte esencial constitutiva de mi felicidad. Si he elegido al semejante porque es esencia de mi goce, no puedo racionalmente renunciar a él en el enfrentamiento a muerte sin renunciar a mí mismo. El semejante existe para que yo goce con él, para que yo juegue con él, no para que nos aniquilemos. Si los hombres se reúnen por sus intereses, tienen que consultarse unos a otros, de lo contrario “yerran todos el fin de la unión” (LV,II,180). Si hay predilección, si hay intereses, quiere decir que mi proyecto para satisfacerlos, satisfaciéndome, puede ser acomodado, ajustado, discutido con el semejante, que debo entenderme con él con palabras, no con armas, respetando las razones por las que se aparta de las mías. Si no nos entendemos con palabras, la guerra es interminable y, por tanto, lo que viene es la aniquilación (SA,I,273), y esto está en contra de “las leyes de la razón” (p. 272).
En fin, los hombres deben “servirse de la experiencia para esperar racionalmente lo que serán” (DB,II,340). La experiencia enseña que es un falso concepto de “libertad” el creer que “para entenderse sobre el modo de obrar, y sentar un principio que regle este modo, sea menester reñir” (SA,I,273 y 361; P.,II,384).

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Como es harto sabido, históricamente no hay distinción entre 'ética' y 'moral'. Fue Hegel quien opuso Sittlichkeit a Moralität, donde la eticidad es lo común y la moralidad corresponde al juicio práctico subjetivo, esto es, la subjetividad erigida como principio del juicio práctico. Aunque Simón Rodríguez nunca usa la palabra 'ética', en él lo moral abarca los dos sentidos diferenciados por Hegel. La gran preocupación del filósofo caraqueño es la preocupación por cada hombre en particular, pero que tiene que vivir en comunidad. La filosofía del maestro caraqueño, como en su momento lo fue la filosofía del fundador de la Academia, es una filosofía antropológica. “Platón no fue sólo un filósofo o, mejor dicho, por serlo plenamente, estuvo obligado a ser, sobre todo, un hombre político con intensa y no fingida preocupación por todo cuanto ocurría diariamente a su alrededor. Los problemas del hombre constituyeron su obsesión del principio al fin de sus días. El destino de cada uno como individuo y como ciudadano se convirtió en su tema favorito de discusión. Si de algo le sirvieron sus conocimientos, nada superficiales ni genéricos, fue aprender que la filosofía ha de ser empleada en la liquidación de los males que aquejan a los hombres y a la sociedad”
Esto, que Juan A. Nuño ha dicho de Platón, puede decirse simétricamente de Simón Rodríguez. El caraqueño -como los presocráticos- buscó afanosamente la causa, el culpable del desbarajuste humano, el responsable de las desgracias humanas, el responsable del sufrimiento humano. Y creyó encontrarlo en el propio hombre. El culpable, la causa de sus desgracias, estaba en su propia naturaleza: su ignorancia. Pero también en su naturaleza había que buscar su salvación. No en un más allá feliz, siempre prometido y siempre aplazado. No en instituciones políticas proyectadas metafóricamente. La salvación humana pasa por la comprensión de la naturaleza humana; ella, sola, es la que debe decir cómo los hombres deben vivir para ser verdaderamente hombres.
“Todo es ignorancia…”. Ignorancia, en último término, se reduce a esto: no saber que el otro sufre (como uno). Porque sufrimos, necesitamos al otro para sufrir menos; pero también lo necesitamos para gozar más. Mas ignoramos que él sufre también, que él padece como nosotros. La razón dice entonces que, si no sabemos eso, no sabemos para qué vivimos juntos los hombres. La educación es el medio de darnos ese saber que nos es tan fundamental. El que verdaderamente importa entre todos los conocimientos es el del hombre que vive en sociedad, que malvive con otros hombres. Ignorancia, en Simón Rodríguez, no es sólo un no saber de conocimientos; ignorancia es, sobre todo, un no poder abrir dentro de uno mismo un espacio para poder sentir el dolor del otro. Este término, 'ignorancia', tan voltairiano él en sí, tiene sin embargo, en el uso del caraqueño, cuerpo de Rousseau y sentir de Simón Narciso Rodríguez. El dolor que está en la base de nuestro ser es lo que hay que recuperar, es lo único que importa saber. Los otros conocimientos, los otros saberes no tienen sentido si no están en función de este saber fundador y fundamental. Un saber por el saber, por el conocimiento en sí, es un saber a medias, es un saber sin sentido y con esos conocimientos (sin sentido) no se puede hacer república. Para que ésta sea posible -tal era el proyecto de Simón Rodríguez- hay que recuperar el saber fundador, el saber que es fundamento: el conocimiento del otro en uno. Por eso la “instrucción”, el remedio contra la general ignorancia, debe ascender a partir de lo que es primero, a partir de lo que da sentido a vivir en república. Digamos que “saber” y “sentir al otro”, en Simón Rodríguez, son sinónimos.
Simón Rodríguez, al igual que Rousseau, concibe la política como una respuesta global a los problemas (éticos) del hombre. Con toda seguridad hubiera suscrito estas líneas del Contrato Social (libro II, cap. VII):

Quien se atreve a emprender el establecimiento de un pueblo, tiene que sentirse capaz de cambiar, por decirlo así, la naturaleza humana, de transformar cada individuo que, por sí mismo, es un todo perfecto y solitario, una parte de un todo más grande del cual ese individuo recibe de cierta manera su vida y su ser, de alterar la constitución del hombre para reforzarla, de reemplazar la existencia física e independiente que todos hemos recibido de la naturaleza por una existencia parcial y moral.

Ahora bien, esta primacía de la política los lleva, sin embargo, a distintas concepciones del mal que la política debe vencer. Para Rousseau el origen del mal está en la desigualdad social. El estado de naturaleza es un perfecto egoísmo, que no es malo. El mal aparece cuando se mantiene, usando a los otros, ese egocentrismo. El deber ético, por lo tanto, de la victoria del bien sobre el mal se identifica con el deber político hacia la transformación de la sociedad. De ello, entonces, se deduce que “la política es la base de la moral. Una moral en sí, anterior e independiente de la política, limitada a la interioridad del hombre simplemente es, para Rousseau, como máximo inconcebible, porque es la comunidad civil -la ciudad, fundada como está en la razón y la voluntad general- lo que constituye el criterio supremo de la vida moral”.
Para Rodríguez el mal es ignorancia. El mal está inscrito en la propia naturaleza del individuo que debe vivir en sociedad. Las soluciones, entonces, no pasan tanto por las instituciones políticas nacidas de un pacto, sino por el querer consciente de cada individuo que decide, racionalmente, vivir como ciudadano en sociedad. Esa “voluntad de todos”, más que una “voluntad general”, puede ser creada a partir de la educación, del acceso a la propiedad y de la ejercitación útil. Lo cual quiere decir que se trata menos de reformar la sociedad como de crear una sociedad cuya esencia es la búsqueda del bien común, y en la que cada individuo realiza su bien privado. Por eso Rodríguez no cuenta con “hombres” ni con “viejos” para formar esa “sociedad perfecta”, sino con “niños” de quienes “puede esperarse todo”, pues no están formados. Con su educación popular y ejercitándolos útilmente, no tanto para sí como para los demás, en la propiedad que satisface sus deseos, Simón Rodríguez pretende que se realizará su proyecto ético.

3


un Gobierno, encargado por los Congresos de promover el bien común ¿qué obra buena hará con materiales inservibles — con instrumentos gastados — y en taller ajeno? (ER,I,226).

Como muy bien apunta el fragmento transcrito, es enteramente imposible edificar una sociedad política ideal con materiales humanos “inservibles”. Para Platón, como para Aristóteles, la buena sociedad es la compuesta por individuos autosuficientes, encráticos, capaces de convivencia mutua y dispuestos a ponerse al servicio del bien común. Los ciudadanos de una tal sociedad serán libres, virtuosos y felices porque saben lo que quieren y porque están suficientemente enseñoreados de sí mismos como para conseguirlo. Pero ¿cómo construir una “buena sociedad” (p.292)?, ¿para qué “dictarle el plan de vida que debe seguir” (p.340), si los individuos son acráticos, seres que no tienen voluntad, miembros de una sociedad en la que no pueden ver que su bien particular está en el de todos? Pudiera respondérseme aquí que el constructor de sociedades -si se nos acepta la expresión- dispone todavía de otros dos medios para lograr que la voluntad de los ciudadanos no flaquee y se alcance el bien común con la participación de todos. En efecto, como ha distinguido el sociólogo David Riesman (La Muchedumbre solitaria) el hombre puede ser guiado a la acción (b) internamente -como propone Rodríguez-, pero también puede ser guiado (a) por la tradición o c)por los otros, exteriormente.
En las sociedades de “dirección tradicional”, los niños aprenden muy pronto a comportarse como adultos, simplemente observando a los adultos que los rodean; pero, además de eso, los padres educan al niño para que los suceda y no para que “triunfe” elevándose en el sistema social. El principal agente de la formación del carácter en las sociedades que dependen de la dirección tradicional es la familia amplia :

Mas es el daño que hace, á la sociedad, un viejo ignorante, conversando con un nietecito, que el bien que promueven mil filósofos escribiendo … volúmenes! (LV,II,112).

Tenemos que aprender a ser dueños de nosotros mismos si queremos ser libres.

4

Hasta ahora, anota el filósofo, el conocimiento de la sociedad ha estado reservado “á los que la dirijen”. Es hora de que los pueblos sepan que ese conocimiento les es vital. El conocimiento de la sociedad no puede menos que pertenecer “á los que la componen” (LV,II,123). La verdadera sociedad se funda en el saber que de sí tiene esa sociedad (ER,I,244). “La reunión de hombres será más Gregal que Social, o mas Social que Gregal, según el estado de conocimientos: esto es, según el número de hombres Instruidos en los asuntos públicos” (CPG,II,412).
Los “actos de humanidad” son, entonces, “VIRTUDES SOCIALES” (SA,I,409). Para Rodríguez, la virtud individual no cuenta. La virtud, como expresión de un vivir ético, tiene sentido en sociedad únicamente. Así como sólo se es hombre con otros hombres, del mismo modo esa humanidad se expresa a través del vivir virtuoso, del comportamiento virtuoso con otros hombres.
La virtud en Rodríguez no es la búsqueda de la excelencia a través de un esfuerzo extraordinario o sobrenatural. La virtud es expresión del ser, es la “fuerza o propiedad inherente” (DB,II,230) de ese ser que quiere perseverar, que desea seguir siendo. Por eso si el hombre es ser social, sus virtudes no pueden dejar de ser sociales.
Pero para ser apetecido, el obrar virtuoso debe ser instaurado en el ser humano. Porque el ser humano nace ignorante. Como repetidamente se ha señalado, no se puede obrar por virtud si no se está acostumbrado a hacerlo. Mas para hacerlo es preciso saber qué es virtud y qué virtudes se deben practicar. La virtud, como inconfundiblemente ha señalado Aristóteles (EN,1103 a 32) es un asketón, algo que se obtiene por ejercicio. Pero para Rodríguez, como para Sócrates, la naturaleza de la virtud es conocimiento. Esto es, la virtud sólo puede realizarse en el individuo cuando éste ha entendido las verdades morales, y, una vez que las ha entendido, la virtud se hace necesariamente presente en él. El condicionamiento intelectualista también está presente en el caraqueño: “saber es facultad necesaria para hacer” (LV,II,121). Cuando se sabe hacer una cosa, y conviene hacerla, se debe. No es otra cosa la obligación. En otros términos, la obligación es beneficiosa para el individuo, pero no es una imposición ciega. No es una imposición en contra de su libertad, es la realización de la libertad. Y las obligaciones no pueden no ser éticas. Las obligaciones son “actos de humanidad” que se expresan en “virtudes sociales”. Un hombre que es “veraz, fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, jeneroso, amable, dilijente, cuidadoso, aseado”, que respeta la reputación y que cumple con lo que promete no puede menos que ser sociable (CA,II,8-9).
Un hombre que se comporta siguiendo los preceptos del saber más genuino, esto es, del conocimiento de sus semejantes, no puede dejar de ser “civilizado”. “Civilizado” no es una etiqueta de “las cualidades de que se cree adornado” alguien. Es civilizado aquél que da pruebas en su conducta con los demás de las ideas sociales que tiene (P,II,390,397). Pero para llegar a esa verificación de humanidad, el hombre tiene que recorrer un largo camino.
En un texto inconfundible de la Defensa de Bolívar (OC,II,291), el filósofo caraqueño nos muestra gráficamente cuál es el verdadero ascenso del individuo humano para llegar a ser hombre.
0º __ Individuos del populacho que se ignoran mutuamente.
1º __ Reconocimiento de las personas como tales, no por colores ni por ascendencia.
2º __ El aprecio y respeto de alguien no es ni por patriotismo, ni por sus creencias políticas o religiosas, sino porque es persona.
3º __ Cada quien se ocupa decentemente de sí, esto es, no se es una carga para los demás para subsistir.
4º __ El individuo no sólo se ocupa de sí, sino que se interesa “por el bien jeneral”, porque también es su bien.
5º __ Sabe cuáles son sus deberes: a) para consigo, b) para con quienes está en contacto (animales y personas), c) para con todo hombre en todo tiempo y lugar.
6º __ Reconocimiento de los derechos humanos; esto implica que hay que atender al otro siempre y prestarle los “servicios cuando los necesite”.
En este punto, y sólo en este punto, alguien es “civilizado”, porque, en este grado del ascenso, el individuo se ha hecho hombre, “igual (de hombre á hombre) con el mejor”. Si lo que se pueda decir de un individuo lo generalizamos, diremos que “las pruebas de Sociabilidad que un Pueblo da en su conducta” “es CIVILIZACION” (SA,I,409). Civilización no es otra cosa, pues, que el saber “vivir en buena intelijencia” (p. 344) con otros hombres. El mayor castigo que alguien puede sufrir, entonces, será el de no tener “su REPUTACION de CIVILIZADO”. Pero para llegar a ese estado, es preciso haber aprendido. Sólo -según el filósofo- de “la Instrucción Social” pueden esperarse tales “EFECTOS” (CA,II,61). En otras palabras, para “ser Libres” -y sólo se es libre en sociedad, como igualmente sólo es esclavo ó miserable quien vive en sociedad (DB,II,353)- es preciso “SABER” (LV,II,177).
De ahí la obligación que tiene el que sabe de enseñar y la obligación que tiene el que desconoce de aprender (p. 121). “La Instrucción Jeneral, que se pide, es la que da el conocimiento de las obligaciones que contrae el hombre por el mero hecho de nacer en medio de una sociedad” (p. 131).

5

La deuda de Simón Rodríguez con Sócrates aparece claramente expresada en un pasaje de Sociedades … donde se pregunta “Si se podrá hacer entender que la ocupación es una virtud, al quien no sabe lo que es virtud” (OC,I,326; II,143).
El tema de la virtud es un tema recurrente en Rodríguez, en grado tal que una de sus obras más importantes se intitula TRATADO sobre las LUCES y sobre las VIRTUDES sociales. Podemos decir que, en este título, los sustantivos “luces” y “virtudes” son socráticos y el adjetivo “sociales” es netamente rodrigueciano. Frente a los sofistas que, como maestros de areté, ofrecían a sus discípulos una formación para el éxito aceptando los valores en boga, Sócrates, por el contrario, renuncia al éxito social; su objetivo es otro: indagar a fondo qué es el hombre, cada hombre como tal, cuál es su bien real, qué son las virtudes y los vicios y cuál es el mejor camino para la felicidad real. Por ello tiene que ir más allá de los valores aceptados y discutir los conceptos heredados o fijados de acuerdo con una opinión aceptada sin más. Este es el camino que también andará Simón Rodríguez.
La doctrina más claramente socrática es aquélla que afirma que la virtud es conocimiento y que, por consiguiente, puede enseñarse y aprenderse, doctrina que está, también, en el núcleo mismo de las proposiciones politicomorales del filósofo caraqueño determinando su aplicación social a gran escala -si se me permite la expresión-, pues, como él mismo recuerda, “Luces i Virtudes hay …pero …lo que no es JENERAL, no es PUBLICO — i lo que no es PUBLICO,no es SOCIAL “(CA,II,30).
Advierte George H. Sabine que la inclinación platónica presente en República a encontrar la salvación de la polis en un gobernante educado es una consecuencia directa de la certidumbre socrática de que la virtud -sin excluir la virtud política- es conocimiento. En efecto, Platón no sólo se encuentra en el primer período bajo la influencia de Sócrates, sino que le es fiel al maestro, durante toda su vida, en muchas de sus concepciones fundamentales. Por ejemplo, todavía en su segundo período, Platón opinaba que quien sabe lo que es el bien, obrará bien también; por consiguiente, nadie hace algo malo voluntariamente, sino sólo por ignorancia lo que constituye una tesis profundamente socrática como lo recuerda Aristóteles. Simón Rodríguez sigue a Sócrates en la concepción intelectualista de la virtud y a Platón en el proyecto práctico de enseñar la virtud a gran escala. “La enseñanza de la areté /…/, no sólo es posible, sino necesaria para mejorar el comportamiento humano a partir del conocimiento -apunta Juan Nuño-. A esto se le suele llamar “intelectualismo ético” de Sócrates, pero quizás /…/ hay que captar, por el contrario, ese intelectualismo como la expresión de un optimismo ético-social a través de lo pedagógico”.
La tesis de Simón Rodríguez fue expuesta de la siguiente manera:

Si en lugar de perder el tiempo, en discusiones y en proyectos, se tratara de persuadir á la jente ignorante, que debe instruirse, porque no puede vivir en República sin saber lo que es sociedad … y si, para ser consecuente con ella, se le mandase Instruir jeneralmente … llegaría el día (y nó mui tarde) de poder hacerle entender con FRUTO, que saber es facultad necesaria para hacer — que cuando se sabe hacer una cosa, y conviene hacerla, se debe — y que esto se llama OBLIGACION: entònces, estaría bien mandarle cumplir con las obligaciones del ciudadano (LV,II,121).

La gradación que conduce a la obligación es, pues, saber – hacer –convenir-deber. En otros términos, el deber es el grado final que alcanza la voluntad en su recorrido. Cuando el individuo obra por deber, obra por necesidad: esto es, no puede dejar de obrar, porque la necesidad lo empuja, lo arrastra. Apunta Rodríguez que, en ese recorrido, todos los momentos fueron necesarios: querer, desear y anhelar, pero sólo el último fue imperioso. El querer inicial tiene que ver con el saber, con la voluntad de saber. El hombre quiere saber por naturaleza: lo necesita. Y ésta es la única fuerza que se le puede oponer a la general ignorancia que también es natural. El hombre no viene dotado con los conocimientos necesarios para vivir con otros hombres. Tiene, por tanto, obligación de aprender, pero no puede aprender si no se le enseña. Por eso “el Gobierno debe ser maestro”, porque el gobierno tiene el saber que se requiere para obrar convenientemente.
Aunque Simón Rodríguez se plantea que es “una cuestión para pocos” el determinar si las virtudes vienen de las luces o las luces de las virtudes (LV,II,129), sin embargo cree que se puede enseñar la virtud sólo una vez que se ha adquirido, la práctica precede a la teoría, aunque ésta asegura la difusión y persistencia de aquélla. Y ¿quiénes deben ser los encargados de enseñar la virtud? Obviamente, los virtuosos. Y ¿quién garantiza que alguien es virtuoso? El conocimiento que conduce a la práctica de la virtud. El conocimiento de la virtud no sólo hace que alguien sea virtuoso, sino que, además, lo empuja, lo obliga a trabajar para que otros lo sean. El que sabe socialmente quiere, por definición, compartir la verdad. La virtud -hija del saber-, dice Rodríguez, es una “fuerza, propiedad inherente” (DB,II,230), pero no es comprensible en soledad. El hombre, cuando está solo, no es bueno ni malo; su comportamiento es aprobado o desaprobado cuando está con otros hombres. No se trata de la virtud cristiana donde el hombre es virtuoso, o no, a los ojos de Dios, su “señor”, o de su conciencia, como su representante. La virtud que importa verdaderamente es la virtud del ciudadano que se vuelca en el otro: “al prójimo como a sí mismo”, la virtud social. Por ello señala el filósofo que “La ignorancia de los principios SOCIALES, es la causa de todos los males, que el hombre se hace y hace a otros”(ER,I,,229).
“Que el hombre se hace” cuando está con otros hombres como si estuviera solo, como se dice en CPG,II,418. En un pasaje citado hace un momento señalaba Rodríguez su crítica a las luces y virtudes particulares, privadas e individuales, no porque fueran “luces y virtudes”, sino por ser exclusivamente reducidas. La virtud -como ha apuntado Juan Nuño a propósito de Platón- es un asunto público. Si la virtud propia del hombre es la justicia, como función rectora del alma, entonces la ética debe desembocar necesariamente en una política. “No tiene sentido hablar de justicia en un hombre, sino de la justicia entre los hombres. La virtud del hombre ha dejado de ser un asunto privado y abstracto para convertirse en materia de tratamiento social y concreto”, aunque tiene sentido hablar de justicia entre las partes del alma. En República ( 368e-369a), Platón propone considerar metodológicamente la “justicia en letras mayúsculas” y será “más fácil de aprender bien”. “Al proyectar sobre la agrandada pantalla del Estado -comenta Nuño- el problema de la justicia, encontrará Platón sus rasgos lo suficientemente claros y distintos como para poder determinarla en la virtud del individuo-ciudadano. A través de lo socio-político, adquiere sentido la determinación de la areté. Pero con esto deja de ser un tema estrictamente ético y se convierte en un conjunto de problemas políticos. El individualismo moral socrático se ve así desbordado por el colectivismo político platónico. De la virtud del hombre a la virtud de ciudadano” (El pensamiento de Platón, pág. 44).
La moral, entonces, deja de ser un asunto privado para convertirse en asunto público. En otras palabras, no podemos dejar la moral a la conciencia de cada quien. “El tener la conciencia pura, es bueno para dar cuenta á Dios, nó á los hombres”, asentó el filósofo caraqueño en la Defensa de Bolívar (OC,II,328).

Ponencia en el I Congreso Internacional Robinsoniano, Academia y
Círculo Militar, Caracas, 27 y 28 de octubre de 2005.

lunes 21 de julio de 2008

Sociedades Americanas en 1828 por S. Rodíguez


1

Simón Rodríguez (Caracas, Venezuela, 1769; Amotape, Perú, 1854) no escribió (totalmente) en 1828 la obra que lleva por título Sociedades americanas en 1828. En efecto, en ese año de 1828, en Arequipa (Perú) solamente publicó un cuaderno de treinta y cuatro páginas que constituye el "Pródromo" o discurso precursor de la que será denominada por el autor "obra clásica". Y es muy posible que gran parte de la primera publicación del filósofo caraqueño fuera redactada en Europa, en donde había vivido, entre 1800 y 1823, dedicado a la enseñanza, pues le dijo a Simón Bolívar en noviembre de 1824: "Tengo muchas cosas escritas para nuestro país, y sería lástima que se perdiesen".
En 1831, en Lima, el autor hace imprimir un volante que "anuncia una obra larga".
El 27 de febrero de 1840, El Mercurio de Valparaíso (Chile) publicó un curioso "EXTRACTO de la introduccion á la obra intitulada SOCIEDADES AMERICANAS en 1828".
La "Imprenta del Comercio por J. Monterola", de Lima, en 1842 edita la obra completa que ahora consta de 153 páginas. De ella hablaremos en este artículo, no sin antes referirnos al poco éxito que tuvieron, en vida, las publicaciones del filósofo, según nos confesó un año después al publicar las Críticas a las Providencias del Gobierno :

El año 28 dio, en Arequipa, el primer ataque al Gobierno Representativo i al abuso de la Prensa, un Cuaderno de nueve pliegos intitulado SOCIEDADES AMERICANAS [el cuaderno es el Pródromo, o discurso precursor, de una obra larga que las circunstancias no han permitido continuar]—i el año 30 (en Arequipa también)apareció la Defensa de los Jefes Republicanos, en la persona del Jeneral Bolívar. Chocáron con las preocupaciones las Ideas,, i muchos de los que debian acojerlas las despreciáron: la Defensa de Bolívar, tasada en 2 pesos por costos de impresión, la hizo vender un librero por las calles a real,, i el Pródromo anduvo por las tiendas envolviendo Especias—ahora buscan uno i otro = luego se aprecia hoy lo que se despreció ayer.

2

A cualquier lector deben extrañarle tres aspectos de la escritura de Simón Rodríguez. En primer lugar, la manera de presentar las ideas y los pensamientos. Las primeras son pintadas "en Paradigma"; los segundos, "en Sinópsis". El paradigma hace sentir; la sinopsis, pensar. En un largo pasaje de Luces y virtudes sociales (Concepción, 1834; Valparaíso, 1840), justificó el filósofo la "FORMA que se da al DISCURSO", forma que él había adoptado por primera vez en el Pródromo de 1828. ¿Por qué ese modo de expresión? Porque su intención permanente fue instruir, informar (dar forma con ideas fundamentales que todos han de saber para vivir en República ), en una palabra: educar. Una característica esencial de la filosofía de Simón Rodríguez es su intención pedagógica. El maestro que fue de primeras letras en la Caracas colonial entre 1791 y 1795 lo marcará para siempre. El lector de Rodríguez siente que está en un aula escuchando al maestro que le enseña y le explica lo que le enseña; siente que el maestro se baja al nivel del alumno para aclararle el correcto significado de los términos que emplea, para advertirle, para hacerle notar la importancia de algo. Sociedades Americanas en 1828 está llena de notas, advertencias y definiciones.
Si esta forma de expresión hace que la escritura del filósofo caraqueño sea inconfundible, también lo es su ortografía. Muy de acuerdo con su doctrina pictórica, la ortografía fonética que emplea daría cuenta de los sonidos que la boca emite. En realidad, en esto no es original Simón Rodríguez, aunque lo parezca. El filósofo no hace sino seguir las recomendaciones de Nebrija (a quien nombra en otro lugar) y del Padre Feijoo (a quien nombra en esta obra de 1828), y que hace poco volvió a proponer Gabriel García Márquez en Zacatecas, México.
Hay un tercer aspecto de la escritura de Rodríguez (sobresaliente en Sociedades Americanas en 1828) al que es preciso dedicarle unas líneas. Simón Rodríguez escribió en aforismos, como F. Bacon, y en máximas, como la Rochefoucauld. Pero esta elección de la forma expresiva entraña una grave contradicción. El discurso aforístico, como recordó el filósofo, es para hablar con los sabios, pues "para ellos las sentencias son PALABRAS". ¿Cómo conciliar entonces esta forma de expresión con la intención manifiesta de "instruir al pueblo"? En otro lugar, el autor se deshizo de esta observación mostrando que hay varias especies de pueblo. El empleo de la palabra 'pueblo', como categoría que expresa las distintas formas, grados y estratificaciones del conocimiento, es uno de los legados más preciosos de Rodríguez a la posteridad. Tal vez la comprensión de América, hoy, implique la comprensión de los grados del verdadero o falso saber que tiene el pueblo americano para vivir en República.

3

Al tratar de atrapar la estructura de Sociedades Americanas en 1828, el lector descubre que se le escurre. Sigue Rodríguez un método expositivo que bien podríamos denominar de asociación libre. Sin dejar de pensar en el objeto de sus reflexiones (y siguiendo un plan perfectamente calculado), el filósofo se deja llevar, sin embargo, por el encantamiento que sobre él ejercen ideas de la más diversa índole (y que considera deber participar al lector). Así, teorías políticas y observaciones pedagógicas, principios morales y económicos, cuestiones de lingüística, historia, semiología o geografía danzan con temas sociológicos, de antropología, de religión, de botánica..., al lado de definiciones, y adobado todo con ironía voltairiana. Como en el Platón de la vejez, la obra incluye, también, ¡varios arbitrios y... un "PROYECTO DE LEI". De todo hay en Sociedades Americanas en 1828.

4

El postulado que Rodríguez asienta para iniciar una investigación de las sociedades americanas en 1828 es:

En la América del Sur las Repúblicas están
Establecidas pero nó Fundadas

A partir de esta proposición que admite sin pruebas, pero que le es imprescindible para la indagación filosófica, llega el autor a una primera conclusión importante: el Gobierno que adopten las naciones americanas debe ser "Etolójico, esto es, fundado en las costumbres". Y añade: "En él serán felices todos los que sean capaces de seguir un nuevo plan de vida". Aquí comienza el fundamento republicano (en el que se puede apoyar un futuro distinto): costumbres republicanas, de los jefes y de la masa. Por esta razón pasa revista, de inmediato, a las impropiedades de ambos en tan decisivo momento histórico.
Hecha la revisión, emprende Rodríguez la tarea -por la que espera ser recompensado con gloria- de introducir (llevar adentro) la República en los pueblos de América, en los seres que pueblan América. Y más: el salto de la América colonial a la América independiente se le presentaba como el momento estelar para reformar racionalmente la manera de vivir que durante tanto tiempo el mundo había esperado. Por esta razón, asentó al comienzo de la edición completa de la obra en 1842:

Solo pido, a mis contemporáneos,
una declaracion, que me recomiende a la posteridad,
como al primero que propuso, en su tiempo,
medios seguros de reformar las costumbres,
para evitar revoluciones—
empezando


por la ECONOMIA social, con una EDUCACION POPULAR
reduciendo

la DISCIPLINA destinacion a ejercicios UTILES, i
propia de la economía a 2 principios aspiracion FUNDADA a la propiedad


i deduciendo
de la disciplina
el DOGMA lo que no es JENERAL no es PUBLICO
lo que no es PUBLICO no es SOCIAL

Y éste es el gran proyecto del maestro caraqueño. En otros términos, las costumbres que se necesitan para vivir en República sólo pueden lograrse mediante una educación popular, de todos y para todos. Esa educación no puede quedar en manos de cualquiera. Popular quiere decir general, pública, social. Se entiende, por tanto, que importa al Gobierno. En el sistema republicano, comenta el filósofo, el Gobierno debe formar las costumbres del pueblo (de quien es gobierno) a través de una educación social, que, a su vez, creará una "autoridad pública nó una autoridad personal (monárquica), que se sostendrá "por la voluntad de todos". Insiste el filósofo en que las costumbres son "efectos necesarios de la EDUCACIÓN", porque "educar es CREAR VOLUNTADES". En otros términos, la autoridad republicana descansa en las costumbres del pueblo republicano, porque circula por todo el cuerpo social como la sangre en el animal.
Si la autoridad descansa en todos, sin excepción, todos deben contribuir con su sostenimiento. Y deben tener la oportunidad de dar esa contribución. Por ello, el concepto de ejercicios útiles de Simón Rodríguez, además de suponer la distinción fundamental entre trabajo productivo e improductivo, no es solamente un concepto económico. No hay que entender la “destinacion a ejercicios UTILES” como un no estar ocioso, pues se puede estar ocupado sin “estar ocupado socialmente”. El concepto de utilidad supone la presencia social e histórica del otro. En la sociedad de Rodríguez no hay competidores, hay socios en igualdad de condiciones.
La oportunidad que se pide para los pueblos de América está en la posibilidad de la propiedad a que todos aspiran. Pero esa propiedad debe ser fundada (esto es, basada, debida a las propias fuerzas), de tal manera que, a través de ella, se puedan satisfacer las necesidades que persiguen al hombre y que por ellas se destrozan. Todos aspiran satisfacer sus necesidades porque la propia aspiración es una necesidad conservadora. Esas necesidades son de alimento, de vestido, de alojamiento, de curación y de distracción, necesidades que “estan, como 5 fuentes, manando centenares de pleitos al día”.
Rodríguez cree, con Aristóteles, que la propiedad es el fundamento de la virtud, pues “el HAMBRE convierte los crímenes en actos de virtud, por la obligacion de conservarse”. No puede ser virtuoso quien no es propietario, porque le falta -en el sistema de aristotélico- una condición indispensable para ello: la autonomía o la autarquía; el no propietario depende de los demás y, por tanto, no puede aspirar a ser libre. En el sistema de Rodríguez -sistema eminentemente ético-, la satisfacción de las necesidades (con el acceso a la propiedad) es el punto de partida de una vida virtuosa. En esto se apoya su idea de “COLONIZAR el pais con... sus PROPIOS HABITANTES”, cuyo proyecto cierra Sociedades Americanas en 1828. Simón Rodríguez pide a la clase influyente que se les dé (en propiedad) a los desposeídos las tierras abandonadas. Pero los colonos no han de ser abandonados a su suerte, sino regidos por una “Dirección Jeneral” del Gobierno que “debe considerar las conveniencias económicas, civiles, morales y políticas de la Industria y la condición de los productores”.

5

No es casual que en la página (capital), en donde aparecen las ideas con las que concluimos el punto anterior, termine el autor hablando del amor propio. Y no es casual porque, si se quiere efectuar esa transformación profunda de la sociedad, hay que contar con los hombres que la constituyen. Y el resorte fundamental del obrar humano, según el filósofo caraqueño, es el amor propio .
Para Rodríguez, el hombre es un animal de deseos. Y el amor propio es un deseo "de ESENCIA" en el hombre. "Es -define el filósofo- el deseo de ser más que otro, u otro tanto, si es mucho lo que otro vale: i cuando no halla con quien compararse, desea solamente ser más de lo que es, para no exponerse a dejar de ser, i quedar en lo que debe ser—entonces no se llama amor propio, sino amor de sí mismo".
En el orden de preferencias, Simón Rodríguez está más por el amor propio que por el amor de sí mismo, aunque propiamente todo es uno. El amor de sí mismo expresaría la conservatio sui que prefería Rousseau, porque es una especie de amor propio sin término de comparación. En pocas palabras, el amor de sí mismo no es otra cosa que la tendencia natural (propia de todos los seres) al bienestar, a estar bien, pero que no opera mucho como resorte de la acción. Rousseau había rechazado el amour prope porque es amor "que se compara". Justamente para Rodríguez, es en esta comparación con los demás donde radica el que el amor propio sea "el motor de todo lo que emprendemos", "causa de todos los yerros como de todos los aciertos", "juez de todo lo que hacemos". Entonces, ¿cómo aprovechar lo bueno y dejar lo que alucina del amor propio? La respuesta a esta pregunta es un grito de las angustias éticas del filósofo.

6

En algún lugar dije alguna vez que Sociedades Americanas en 1828 es la expresión del esfuerzo de Simón Rodríguez para definir, de otra manera, el concepto de 'civilización'. Porque nos hacemos mucho daño, critica implacablemente a quienes están viendo la civilización en otro lado. Al final de la obra, en una página escasa, define el filósofo el término mostrando que es el resultado de un largo proceso de evolución moral, es decir, a través de él es posible constatar, o no, si hubo ascenso del hombre.
La evolución humana pasa por tres estadios. En un primer momento, la naturaleza le concede al hombre tres derechos: a la existencia, a ocupar un lugar que posibilite la existencia y el derecho a defenderlo para defenderla por los medios que el instinto le dicta. Es éste el estadio individual. Hay, sin embargo, dos sentimientos humanos originarios que van a diferenciar al hombre de otras especies animales. El primero es el sentimiento de compasión. El hombre comprueba que los otros hombres padecen como él. Sobre este sentimiento se puede asentar la convivencia posterior. El segundo sentimiento es el de la predilección por sus semejantes. Este sentimiento, como el de la compasión, surge del saber humano. El hombre "conoce que, en su compañía (la de los semejantes), padece ménos i goza mas, que estando Solo, o en compañía de otros animales". No cabe duda, entonces, de que el semejante -como le gusta decir a Rodríguez- es el objeto más placentero para el hombre, porque no sólo se goza en él sino que goza con él. Por eso el hombre elige al hombre. De ello se deduce que no puede destruirse mutuamente para gozar de las comodidades de la vida, puesto que el mayor goce está "en compañía" del semejante. Estamos aquí en el estadio gregario o de la manada (sociedad actual = conjunto por agregación). Es éste el estadio de los individuos indiferenciados que se han conectado entre sí, a través de lazos familiares o de clase, para defender -así sea a cornadas o a mordiscos como la jauría- sus interés más descarnados. El tercer estadio es el social, momento de perfeccionar la naturaleza. Es el encuentro o, más bien, la creación de su humanidad. Para alcanzar lo social es preciso, en primer lugar, transmutar los sentimientos gregarios de compasión y de predilección por los semejantes. Esa perfección no es otra cosa que la reducción de los dos sentimientos a uno solo: el sentimiento de HUMANIDAD. Ahora, el animal humano es hombre. Sólo "en el trato con sus Semejantes", el hombre tiene la posibilidad de construir (y de encontrar) su humanidad. Sólo a través de su trato, el hombre se descubre como hombre descubriendo al semejante. De la reducción y "combinación de sentimientos forma cada hombre su conciencia" . En el trato con los semejantes el hombre ha perdido sentimientos, pero ha ganado la conciencia de que el otro es hombre como él, igual que él. Ahora puede entenderse con él. No estará ya únicamente unido al otro por conveniencia propia, no estará sólo conectado con él por el goce ocasional o instrumental que el otro le proporciona. Ahora, con su conciencia, el hombre está en condiciones de gozar con el otro, de ser plenamente hombre. Ahora está las puertas de la civilización. La unión íntima que deriva de esa conciencia se denomina sociedad. Los actos de humanidad son las virtudes sociales. Los puntos de reunión son las ciudades. Y de ciudad deriva CIVILIZACION, que está constituida por "todas las pruebas de Sociabilidad que un Pueblo da en su conducta".
El autor cierra la obra:

El que no VE lo que le TOCA está ciego
el que no lo SIENTE está muerto.

7

Muchos se preguntan sobre la vigencia del pensamiento de S. Rodríguez. En apretada síntesis podemos decir que su indagación filosófica nunca pasará de moda, como no pasa la de Tales de Mileto ni la de otros presocráticos que afanosamente buscaron los primeros principios del ser en general. Preocupado como Platón por los problemas humanos, el "Sócrates de Caracas" -como lo llamó Bolívar- creyó encontrar su origen en las necesidades del hombre.
Es su filosofía eminentemente práctica y muy ligada a su momento histórico. Aquí residen, básicamente, sus deficiencias, como la platónica. Pero el interés de solucionar problemas sociales a partir e la búsqueda filosófica es perfectamente válido. Sólo el tiempo dirá la última palabra. Por ahora, su proyecto merece, cuando menos, ser estudiado.

Maracay, octubre de 2003.

(Este artículo fue publico por Núcleo Abierto Nº 8, órgano informativo de la UNESR, en el mes de noviembre de 2004)

viernes 18 de julio de 2008

¿Alegres viajeros?... los de antes


No hablamos de los que, en la Antigüedad y en la Edad Media, dejaron un día sus casas y sus cosas y pusieron de por medio leguas de tierras ignotas y mares tenebrosos para encontrarse con los monocoli, dotados de un solo ojo y gigantesco pie, que les servía para correr y para protegerse del sol o de la lluvia, echados sobre sus espaldas, o con los acéfalos, que vivían sin cabeza y con los ojos en los hombros y la boca y nariz en el pecho... Nos referimos a dos de nuestros más conocidos (aunque poco reconocidos) próceres: Francisco de Miranda y Simón Rodríguez.
Don Francisco de Miranda se echó a recorrer mundo en 1771 y murió planeando un nuevo viaje. Así llegó a ser el Precursor y Padre de la Patria venezolana. Porque él la imaginó mucho antes que muchos otros. Este “turista” almorzó con Washington en Filadelfia, tuvo encuentros cercanos con Catalina, Zarina de todas las Rusias; en los salones parisinos saludó a un joven militar llamado Bonaparte y, frecuentemente, hostigaba a William Pitt, Primer Ministro de la Gran Bretaña, para que le financiara la expedición libertadora de Venezuela. En ese menester, sobre la cubierta del Leander en 1806 mandó izar la primera Bandera de la nueva Patria, ideada por él “con los tres colores primarios del arco iris”.

Otro empedernido viajero fue Simón Rodríguez. Salió de Caracas en noviembre de 1795 para no regresar nunca más a ella, porque desde ese día se puso a patear Europa y América, a donde regresa por Cartagena de Indias en 1823. Desde Guayaquil emprende el antepenúltimo viaje, cuando huía de los acosos de un tal Zegarra, el prestamista del capital de una empresa de refinación de esperma para la fabricaciónde
velas que fracasa. Con su hijo Cocho y un amigo, Camilo Gómez, se embarca en una balsa, como Noé. Enfermo, es llevado hasta Amotape, Perú, donde muere en febrero de 1854. Su penúltimo viaje es al Panteón de los Próceres en Lima en diciembre de 1924. El último lo hizo de Lima al Panteón Nacional de Caracas en 1954.
¿Por qué tantos viajes del maestro caraqueño? Algún autor se afanó en demostrar que sufría de dromomanía. Otro, con más cordura, estableció que sus movimientos en América tienen que ver, fundamentalmente, con sus deseos de publicar. Simón Rodríguez va persiguiendo las circunstancias que le permitan dar a conocer sus ideas, que fueron siempre “emprender una educación popular, para dar ser a la República imaginaria que rueda en los libros y en los Congresos”.
La República imaginada por Miranda, buscada desesperadamente por Rodríguez, ¿dónde está? Si esa no se encuentra aquí, ¿adónde la iremos a buscar?. Rodríguez y Miranda, igual que los viajeros antiguos, al tomar distancia de sus propias patrias adquirieron conciencia de su valor. Los antiguos vieron seres fantásticos, que les recordaron su propia humanidad. Los venezolanos, desde lejos, reconocen su identidad. ¿Cómo haremos nosotros para viajar sin divisas?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el día 20 de mayo de 2003

Dirección El Valle











La Fortuna es una diosa por todos adorada. Sus devotos le suplican, le ruegan, invierten en ella. Religiosamente, todos los días, semana tras semana, por meses y años visitan sus santuarios y capillas.
Posiblemente en este país ningún otro dios, virgen o santo tiene más adoradores. En sus altares se sacrifica el rebusque diario, el sueldo mensual, hasta el patrimonio familiar. Con bingos, caballos, loterías, terminales, menjurges, péndulos y plegarias, procesiones y velas, se pretende seducir a la casquivana y veleidosa diosa. Pero ella ama caprichosamente y concede sus favores sin considerar a nadie. Por más que te esfuerces, por más sacrificios que hagas, por más gritos que le des, por más ofrendas que pongas a sus plantas, no puedes hacer nada para obtenerlos. Y es que, como la justicia, ella es ciega, pero también sorda. Los antiguos la representaban presidiendo los sucesos de la vida, distribuyendo bienes y males sin saber a quién.
Adivinos, analistas, augures, brujos, cirujanoplásticos, elegidos, economistas, encuestadores, espiritistas, expertos, loteros, medicosalternativos, mentalistas, milagreros, místicos, numerólogos, parapsicólogos, pastores, predicadores, psicólogos, psíquicos, rematadoresdecaballos, reveladores, sanadores, videntes y otros optimistas de la Coordinadora Democrática venden sus contactos y buenos oficios ante la divinidad. También el Papa, que sigue creando mediadores. Todos ofrecen asegurar la suerte, el amor, la salud, el trabajo, el éxito, la vida eterna y... cambio de gobierno. Dotados de facultades extraordinarias, viendo el aura, oliendo orina, leyendo tabaco o café o las cartas o la marcha de los caracoles o las piedras; escudriñando el iris, interpretando sueños, analizando miserias, sacerdotes y sacerdotisas de la diosa prometen lo imposible. Porque la diosa no quiere saber nada de nosotros. Es inútil insistir. Hay que desistir, por ahora.
Porque sólo los profetas del desastre están acertando en sus predicciones. Según éstos, la diosa en este momento únicamente reparte males a la mayoría. Abramos el periódico de hoy, de cualquier día. Ahí podremos leer éstas malas noticias u otras parecidas: “Pelando clínicas del IVSS; Ratas, zancudos, escombros y basura sepultan al barrio Anauco de San Bernardino; La inversión vuela a Costa Rica; Disturbios en Liceo Andrés Bello por segundo día; Recesión obliga a cierre de tiendas; Decomisan 480 kilos de cocaína; Auguran fin del ejercicio del periodismo; La angustia se apodera de los pacientes renales; Un violento terremoto en Argelia causa más de 640 muertos y 4.700 heridos...” (Lo que es malo para unos puede ser una bendición para otros: las clínicas privadas, los vendedores de repelentes, la policía, los estudiantes flojos, los ticas, la competencia, los que recogen la basura, las funerarias y los enterradores...).
No siga leyendo. Lo que queda es ir a llorar al Valle. Tome el metro en Plaza Venezuela.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el jueves 3 de julio de 2003

Tras el horizonte


Tres son las aspiraciones de todo niño: pisar su sombra, ser grande y ver qué hay más allá del horizonte.
Pisar la sombra se ve como intento reiteradamente fallido. Aunque insistimos. Con el tiempo aprendemos a soportarla, caminamos con ella a todas partes y hasta con ella conversamos.
No es fácil ser grande. Que se sepa, el hombre es el animal que más tarda en crecer. Y además tiene que aprender. Pero cuando, por fin, crecemos, aunque nunca sabemos cuándo eso ocurrió, descubrimos que no valía la pena. ¡Tantas reglas, tanta disciplina, tantos ejercicios para obtener tan poco! Por ello todos quieren volver a la infancia, que es la añoranza, la inocencia, promesa de la felicidad.
Queda el horizonte. ¿Qué viene después de ese límite visual, donde parecen juntarse el cielo prometido y la tierra de nuestras penas?. En la búsqueda de un sentido más poético, que pensamos nos pertenece, todos hemos atravesado llanuras, ascendido a montañas, navegado mares o volado por los aires. Pero ¿a dónde nos llevan los pies, los barcos o los aviones?
En todos los tiempos ha habido hombres que un día se echaron a andar para saberlo. Como el alucinado genovés, que en la relación de su tercer viaje, a la vista de las bocas del caudaloso río, padre de los ríos, asentó: “digo que si no procede del Paraíso Terrenal...” Se llamaba Cristóbal Colón. Y no pudo comprobar su alucinación porque "nunca -escribe- se me dañaron los ojos, ni se me rompieron de sangre y con tanto dolor como agora". El signo es un síntoma.
Siglos antes, tres monjes grecosirios: Teófilo, Sergio e Higinio, dejaron un día su árido convento para ir en busca del Jardín del Edén. Después de mucho deambular, se acercaron al Infierno, que siempre queda antes. Pero el Paraíso Terrenal no fue alcanzado.
Los tres ascetas viajeros hicieron un largo viaje para descubrir que... nunca hubo un Paraíso Terrenal. Y que nunca lo habrá. Pero ellos no lo sabían, como Angelo, el emigrante triste de Nicola di Teodoro. Éste aclaró: “triste por el dolor de querer a dos Patrias y no tener ninguna”.
Persiguiendo el horizonte, como a la sombra, nos estamos volviendo viejos. Hemos descubierto que no pertenecemos a ninguna patria , porque nuestra patria no existe. Sólo hay un horizonte sin fin y una agonía, vale decir, espejismo y lucha.
Algunos emigrantes venidos de otras tierras se agolpan, hoy, a las puertas de los consulados buscando pasaportes. Otros, de aquí, desean irse, comprobar por sí mismos qué hay tras el horizonte. Las encuestas hablan de que el 42% de los venezolanos quiere dejar su patria. Unos y otros intentan, una vez más, pisar la propia sombra o regresar a la infancia.
Pero los más nos quedamos. Porque ni aquí ni allá está el Paraíso. No es placentero, pero al menos es bueno saber que somos desgarramiento y nostalgia, que quiere decir 'dolor por el regreso' a la patria perdida. Morriña de retornar a Tortoreos, As Neves, Pontevedra de la agarimosa Galicia, al lugar en el que hipotéticamente alguna vez fuimos felices. ¿Fuimos felices?


carloshjorge@hotmail.com
Nota. Este artículo me abrió las puertas para publicar en la prensa diaria
Publicado TalCual el 18 de julio de 2003, pág. 12
Publicado por Imagen Latinoamericana el jueves 24 de febrero de 2005.
Publicado por El Aragüeño

De la soberanía popular



He debido escribir: la soberanía popular es un fraude. Hegel lo expresó claramente: la soberanía popular es una ilusión. De lo que se trata es de una confusión de conceptos, pues el pueblo, “tomado sin sus monarcas y sin la articulación del todo que se vincula necesaria e inmediatamente con ellos es una masa informe que no constituye ya un Estado”. En otros términos, es esencialmente del monarca, de sus derechos, de su poder, de quien se trata en la organización general del sistema juridicopolítico occidental. El monarca era el cuerpo viviente de la soberanía. Hoy, soberano no tiene por qué ser un monarca en sentido estricto. El poder de uno puede estar en el ejército, los servicios secretos, los consejos de administración de compañías transnacionales, el “complejo militar-industrial” que denunciara Eisenhower en 1960, o... en tiranos y aprendices de tiranos. Entonces, soberano es quien tiene el poder para decidir, no sobre el funcionamiento normal de un orden jurídico, sino sobre los estados de excepción o, con palabras de Bodino, para hacer callar el Derecho cuando la necesidad es urgente, para castigar al enemigo interno al instante.
Para entender la tiranía debemos volver a los clásicos. Tanto Platón como Aristóteles hicieron énfasis en la degeneración de sistemas de gobierno. El Estagirita reconocía tres formas correctas de ejercer el poder: el reinado de uno, la aristocracia de los pocos (los ‘mejores’) y la república (politeia) o gobierno de los muchos.
Pero estas formas pueden degenerar en tiranía, el gobierno de uno dirigido a la utilidad del monarca, la oligarquía o el poder ejercido para utilidad de los ricos y la democracia, es decir, la república vuelta hacia el beneficio de los pobres únicamente. Son degeneradas porque ninguna de estas formas gobierna para utilidad pública.
Pero los hombres se juntan para vivir bien todos y cada uno, por ello éste es el fin del Estado. ¿Qué beneficia más -se pregunta el preceptor de Alejandro Magno- ser gobernado por un hombre excelente o por excelentes leyes? Mejor es aquello que no está sujeto en absoluto a pasiones. Ahora bien, esas pasiones no corresponden a las leyes, mientras que toda alma humana necesariamente las posee.
La exención de toda responsabilidad y el poder vitalicio es un poder excesivamente grande, y el poder que no se halla regulado por leyes, sino por el propio arbitrio, es peligroso, señalaba el viejo filósofo. Y añadía: "El poder más necesario al pueblo (es) el de elegir los magistrados y hacerse rendir cuenta de sus gestiones, pues, privado de semejante poder, el pueblo será esclavo y enemigo".
Si queremos entender la tragedia del soberano pueblo de Cuba, leamos la Política de Aristóteles. Cuba puede definirse como república de un ciudadano y... medio (cuando está sobrio). El único acaba de ser condecorado por su exitosa satrapía. Para los demás sólo queda vasallaje y esclavitud. Sin soberanía.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, p. 13, el 31 de julio de 2003

Ate

Ningún mortal del mundo puede escapar a las artimañas de Ate. Con caricias fatales y palabras que empalagan el alma, la engañosa diosa envuelve al hombre entre sus redes. A eso se dedica, lograrlo es la finalidad de su existencia y su gozo divino.
En épocas lejanas, Ate moró en el Olimpo. Pero de más en más se fue convirtiendo en compañía indeseable. Con sus cuchicheos, acallaba las amenas conversaciones que otrora alegraban los festines de los dioses. En las esquinas, los esperaba para espantarlos y burlarse de ellos que tan fácilmente perdían la compostura. Pronto miradas de dioses cabizbajos vagaban compungidas por oscuros corredores a causa de la presencia de tan astuta e inquietante diosa. Y más: los siemprejóvenes dioses se querellaban en toda forma todo el tiempo, porque Ate les insinuaba al oído alguna palabra que los inducía a equivocarse, ya fuera juzgando u obrando desacertadamente al tomar una cosa por otra . Los inmortales tenían entonces que cargar a sus espaldas pesados fardos de culpas nacidas de sus actos falaces y fallidos.
Pero cierto día, Zeus se cansó de tanta discordia. Se cansó de ver cómo los dioses se equivocaban y de cómo él mismo incurría en tremendas metidas de pata -con perdón-. Airado, el señor del Olimpo tomó a Ate por los cabellos y la arrojó a la Tierra.
Expulsada de la sociedad divina, la diosa pasó a vivir entre los hombres. Comenzó entonces su trabajo: perturbar los corazones, enredar las lenguas, desviar la mano que se mueve en gesto amable, poner tropiezos a los pies.... Desde ese día los lapsos, los juicios falsos, los desaciertos, el incumplimiento del deber de los hombres son pasatiempos de la diosa. Alcanzar esto es su diversión y mayor placer. A los hombres que la diosa enreda, no les queda sino vagar de un lugar a otro o divagar el pensamiento, la imaginación y atención y... lamentarse.
Pero los hombres no están desamparados, aunque casi. Cuentan con las Preces, humildes y cojas hijas de Zeus. Noche y día, estas siervas de los hombres siguen las huellas de la maléfica divinidad, tratando de deshacer muchas de las intrigas que Ate va esparciendo por donde pasa, aunque en raras ocasiones consiguen reparar por completo el mal que la diosa desparrama. Porque Ate es de muy ligeros pies. Sin dejarse alcanzar, anda por el mundo despojando a los mortales de su tranquilidad. Fingiendo mostrarles la buena senda, los conduce por vías tortuosas que van al despeñadero del mal.
Las Preces no llegan siempre a tiempo para detener a los humanos. Cuando ellas se presentan, muchas veces ya Ate ha pasado y únicamente encuentran en el camino lamentos de arrepentimiento o rebelión. Y ya no les queda otra cosa que consolar a los desdichados mortales, constantemente engañados por los artificios de la diosa con aquello de que “es de humanos errar”.
Ate es el error, el extravío, la desgracia y, sobre todo, es diosa de las disensiones. Algunos ambiciosos miembros de la Coordinadora Democrática la tienen como diosa protectora.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 14 de agosto de 2003, página 13

Utopía


Sin duda los 60 fueron años revolucionarios, locos... y sangrientos en América. Recordamos la instauración del régimen cubano (con no pocos fusilamientos) y la matanza de Tlatlelolco. Pero también fueron años de revoluciones menos violentas, aunque sí más mugrosas. ¿Cómo olvidar a los hippies? Los nuestros, aunque tardíamente, un día se fueron para La Azulita y para El Paují, en la Gran Sabana, a vivir su utopía de paz y amor.
Pero el siglo de la colonización utópica fue el XIX (testigo turístico es la hermosa Colonia Tovar) y América, el lugar para el no hay tal lugar. Aunque hubo teóricos muy importantes como Flora Tristán, sin embargo este continente fue el campo de experimentación del saintsimonismo, del falansterismo, de la sociedad cooperativa y de la Icaria de Cabet.
A partir de 1830, se fundaron una serie de colonias en las que la propiedad en común de los bienes de producción, el reparto comunista del consumo o el amor libre, para dar algunos ejemplos, parecían más factibles en las soledades americanas que en el anquilosado mundo del control social europeo.
Robert Owen le pidió a la República de México que le cediera libremente la provincia de Texas y de Cohauila a una sociedad que se formaría con el fin de realizar un cambio radical en la especie humana. El gobierno mexicano no lo escuchó. Pero sí a A. K. Owen con el que firmó unos contratos para que fundara la colonia de Topolobampo.
En Brasil hubo dos grandes experimentos socialistas europeos. Uno, alrededor de 1840, dirigido por el médico francés Jean-Benoit Mure. Giovanni Rossi dirigió el experimento de la colonia socialista Cecilia, fundada por él en febrero de 1890 en el Estado de Paraná, en un territorio desierto, en tierras vírgenes de una región aislada. Rossi consideró que gran parte del fracaso de Cecilia se había debido a la “contaminación” que traían los europeos, quienes, por esa razón, no podían vivir en una comunidad libertaria como la que él planteaba. Por eso, para la futura colonia elegiría a indias salvajes, que no estarían contaminadas como las europeas por la civilización, y aceptarían sin prejuicios el amor libre que preconizaba en la frontera del Estado de Matto Grosso.
El eje Orinoco-Apure no sería un mal territorio para un ensayo. Los expelidos y marginados, rechazados y vomitados, humillados y ofendidos por una sociedad y un Estado que los considera escoria, tal vez encontrarían su lugar. Con lujo de detalles el maestro Simón Rodríguez diseñó el experimento en 1842, para que los hombres pudieran empezar a vivir “como Dios manda que vivan”.
Claro que un problema no menor tal vez sería la elección del Ministro de Colonias. ¿A quién elegiría usted?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 12, el 27 de agosto de 2003

El perdón




El pueblo judío, con un ayuno riguroso, cada año reserva un día muy especial para purificarse ante Dios a fin de que lo vuelva a inscribir en el libro de la vida. Pero Dios no perdona los pecados cometidos contra los hombres. El hombre debe entenderse con sus hermanos para obtener su perdón. Todos hemos ofendido mucho, pero hay diez pecadores capitales que deben confesarse ante nosotros para que los perdonemos.
El que cometió acto punible en febrero y noviembre de 1992. No es suficiente haber sido condenado por felonía, aunque la suya haya sido una "rebelión de los ángeles" (del mal).
El beneficiario de cosa proveniente de delito, que se montó sobre la cresta de la ola golpista que lo llevó al mar de desgracias de que hoy se queja.
El andariego por tv y radio para vender bacalao podrido como si fuera rosado salmón. Su palabra no será creíble nunca más, aunque se desgañite diciendo que el pez era lobo.
El combatiente, de prestigio más ficticio que auténtico, bocetista de una revolución pacífica mal pensada y peor ejecutada.
El pusilánime que permitió el risueño derrumbe de instituciones que llevó muchos años construir.
El prestamista de conocimientos, con los que ayudó a crear la fantasía popular del Mesías redentor. Después se supo que la Constitución no era el problema, y de oropel la valía del académico.
El engañador y estafador de ilusiones, cobarde fugitivo del reflujo de la marea opositora. Un día responderá de sus acciones que causaron ruina, dolor y llanto a tantas familias.
El general inepto que reclama un respeto debido al mérito y al saber que no tiene. ¡Cuántos recursos no perdió en él la República! Ésta deberá considerar seriamente si la "defensa de la soberanía" no puede hacerse de otra manera... más barata.
El cobarde militar que declaró "territorio liberado" un espacio que no necesitaba la liberación, que sí requerían otros. Para detener el brazo vengador, se asiló en un lugar sagrado de la ciudadanía.
Una parte del pueblo venezolano debe pedir perdón por desear vivir sin trabajar; otra, por ofender con su prepotencia. Aquélla porque la envidia fue su consejera; ésta, porque la soberbia la ha confundido. Una y otra deben perdonarse y enmendar sus vidas. ¿Lo harán?
Los autores de obras de autoayuda aconsejan el perdón para ser felices. Alguno ha insinuado que, si al pecador le cuesta mucho enfrentarse a quienes ha ofendido, puede hacerlo frente al espejo. Este opinador cree que el presente no es el caso. Si el pueblo venezolano no perdona y no se arrepiente, no heredará esta hermosa tierra. Deberá perdonar, pero también hacer justicia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 12 de septiembre de 2003, pág. 12, con ilustración

De la mujer


Discutir de religión es como pelear por la sombra de un burro, como decía un refrán griego. Pero la discusión es pertinente cuando están en juego los Derechos Humanos. De hombres y de mujeres. En estos días se ha discutido de algunos de los hombres. Hablemos un poco de los de las mujeres en la Iglesia católica.
San Pablo odiaba a las mujeres, igual que San Agustín, después que se cansó de ellas. Éste tildó al placer sexual de enfermedad, podredumbre, pus nauseabundo, monstruoso, diabólico, locura... y fanáticamente condenó lo que definió como "la concupiscencia en el matrimonio".
Desde la cruzada emprendida por el Apóstol de los Gentiles y por el Obispo de Hipona, la mujer es señalada como el ser maldito y despreciable contra el que hay que luchar para salvarse (los varones). Y esta impronta patológica quedó grabada a fuego, hasta el día de hoy, en el cuerpo teológico y vital de la Iglesia católica y de sus clérigos, así sean papas. Los buenos conocedores de la curia romana dicen que el desprecio de cierto papa por las mujeres sólo tenía parangón con su amor por los hombres.
Para entender a la Iglesia de hoy, desandemos unos siglos. En Corintios 1, el apóstol Pablo desgrana estas perlas: "Comenzando a tratar de lo que me habéis escrito, bueno es al hombre no tocar mujer" (7,1). Insiste : “Digoos, pues, hermanos, que el tiempo es corto. Sólo queda que los que tienen mujer vivan como si no tuvieran” (7,29). Y añade: “”Quien, pues, casa a su hija doncella hace bien y quien no la casa hace mejor” (7,38). Esto es: ¡a quedarse solteras, chicas!
¿Y cuál es el papel de la mujer? La respuesta se comprende si se acepta el principio: “El varon (...) es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón, pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón; ni fue creado el varón para la mujer; sino la mujer para el varón” (11,9). Como el lector puede deducir, Pablo no quería nada con mujeres. No deja de ser ilustrativo el “olvido” que tiene el fariseo de su madre en el último pasaje.
Sentadas las premisas, las conclusiones se caen de maduras, como le dice a Timoteo (1): “La mujer aprenda en silencio, con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio, pues el primero fue formado Adán, después Eva. Y no fue Adán el seducido, sino Eva, que, seducida, incurrió en la transgresión. Se salvará por la crianza de de los hijos si permaneciere en la fe, en la caridad, en la castidad, acompañada de la modestia” (2,10-15).
¡Pobre mujer! ¡Un remedio para la concupiscencia de los hombres! ¡Sólo se salva, si se salva, criando hijos que los hombres producen! Doctrina actual de la Iglesia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 2 de octubre de 2003, pág. 12
Publicado por El Aragüeño, Maracay, el 14 de marzo de 2006

De nuevo la mujer


Las grandes religiones semíticas organizadas son siempre para varones. Los profetas del judaísmo fueron contrarios a las concupiscencias femeninas. Muy duramente trataba el gran Isaías a las mujeres.
Mahoma, por su parte, escribió: “Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a éstos por encima de aquéllas” (Corán, IV,38). A causa de su razón defectuosa, la mujer está siempre dispuesta a buscar camorra sin motivo ( XLIII, 17), cosa que no parece importarle demasiado al Profeta, al punto de que se arroga ciertos privilegios para hacerse con más (XXXIII, 49).
En otras palabras, por su condición la mujer es sierva y enemiga, instrumento sexual y agente provocador: mundo, demonio y carne al mismo tiempo.
La inferioridad fisiológica, moral, jurídica y política de la mujer ha sido y sigue siendo, abierta o encubiertamente, uno de los principios esenciales de la "antropología católica", causa y consecuencia a un tiempo del celibato obligatorio del clero y de la prohibición del sacerdocio femenino. La jerarquía católica no llega ni a la proclamación abstracta de la igualdad de la mujer ante la ley. La mujer es indigna del sacerdocio y de ser esposa o compañera de sacerdotes. Si no hay otro remedio, concubina; si lo hay, sólo alivio ocasional o meretriz. A ser posible, ni una cosa ni la otra: negada para las cosas santas.

Pero Jesús fue el restaurador y el libertador de la mujer, digan lo que quieran san Pablo y los Padres de la Iglesia que, al rebajar a la mujer al papel de sierva del hombre, han falseado el pensamiento del Maestro de Nazaret, cuyo carácter era amorosamente comprensivo. Un día le trajeron a una mujer y, poniéndola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos aconseja Moisés apedrear a éstas; tú, ¿qué dices? (...) Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en tierra. Como ellos insistieran en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero. E inclinándose de nuevo, escribía en tierra. Ellos que lo oyeron fueron saliéndose uno a uno, comenzando por los más ancianos, y quedó él solo y la mujer en medio. Incorporándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ? ¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más” (Jn 8,1-11).
La Iglesia católica no tiene ninguna indulgencia con las mujeres. ¿Temerá acaso una inundación de lujuria, como la derramada por los nicolaítas que extraían del cuerpo la fuerza de Prunikos (la lascivia) mediante la voluptuosidad? No hay peligro de que algo así se repita mientras la Iglesia esté gobernada por una gerentocracia clerical vestida de mujer... pero en cuerpo de varón.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 12, el 20 de octubre de 2003

De cierta intolerancia



La intolerancia no es característica casual, sino necesidad derivada del derecho de toda sociedad de excluir de su seno a aquél que no se somete a sus normas y ordenanzas. Después de siglos de persecución furiosa en contra de los que se desviaban, la Inquisición pasó. ¿Pasó también la intolerancia de la Iglesia católica en contra de los que le son fieles? Leamos el Catecismo y entenderemos sus últimas actuaciones.
Dice sobre "Castidad y homosexualidad": “La Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural (sic). Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementación afectiva y sexual (sic). No pueden recibir aprobación en ningún caso”. Aunque los homexuales no eligen su condición, que es instintiva, deben, sin embargo, someterse a la castidad.
Si un homosexual creyente acepta estos argumentos de la Iglesia católica y decide renunciar a su condición sexual para alcanzar "la perfección cristiana", es su libertad. Pero el hecho no justifica la intolerancia eclesiástica para con él y con muchos otros que, como él, desean ser cristianos dentro de la Iglesia católica.
Otro índice de intolerancia es el referido a la decisión tan humana de divorciarse. La oposición es, incluso, a la separación decidida por ambos cónyuges. Y es que para la Iglesia "El divorcio es una ofensa grave a la ley natural" (sic)
Tampoco le gusta a la Iglesia la unión libre de un hombre y una mujer que deciden probar vida en común. Los distintos matices de esa unión libre son contrarios para la ley moral, pues "el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la unión sacramental".
Si esa intolerancia es para con la gente "del siglo", ¿qué esperar para los que deciden vivir "en religión"? La Iglesia católica impone a sus sacerdotes un estándar de pureza tan elevado, inalcanzable e inhumano, que una parte de ellos sólo son capaces de enfrentarse a él desde su propia derrota.
Pero en otro lugar se lee: "La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es dueño de la vida desde su comienzo hasta su término..." Sentado lo anterior, no podemos dejar de sonreír cuando la propia Iglesia justifica la pena de muerte: "La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar prejuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte..." Es comprensible: la Iglesia católica es gobernada por el Antiguo Régimen. Los Derechos Humanos todavía no fueron promulgados en el Vaticano. ¿O sí?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, página 13, el 3 de noviembre de 2003

Días sagrados



Como el espacio, el tiempo no es, para el hombre religioso, ni homogéneo ni continuo. Existen los intervalos de tiempo sagrado, el de las fiestas periódicas, y el tiempo profano, en el que se inscriben los actos despojados de toda acción religiosa, tiempo que transcurre de día en día, lineal.
El tiempo sagrado es, por su propia naturaleza, reversible. Es decir, tiempo mítico primordial actualizado. Toda fiesta sagrada es reactivación de un acontecimiento que sucedió al comienzo de la constitución de los pueblos. En otros términos, por la fiesta el pueblo recupera indefinidamente los gesta de sus creadores y los mantiene presentes. En el tiempo sagrado el hombre se encuentra con su Creador y con él vive las acciones creadoras.
Posiblemente, pocos países como Venezuela hacen tantas celebraciones, que por ser tantas ya nada celebran. Hay “día de” de casi todo. Hasta los bancos se han vuelto muy “religiosos”. Que cada quien tenga sus fiestas, pero no se obligue al país. Semana Santa y Carnaval deben dejarse a cada uno, pero no estimular una significación que han perdido. La Navidad es fiesta de los niños y canto a la vida. Año Nuevo son las promesas de un futuro mejor. Éstas serían las fiestas nacionales profanas.
El tiempo sagrado es un tiempo circular, recuperable y ahistórico. Con él, los pueblos detienen periódicamente el tiempo profano y se reinsertan en la Historia, eterno presente. Venezuela debe revisar sus fiestas patrias, para que sean verdaderas celebraciones religiosas.
Hay que analizar el contenido del 19 de abril. ¿Qué conmemoramos ese día? ¿La renuncia del bonapartista Vicente Emparan? ¿El establecimiento de la “Junta defensora de los derechos de Fernando VII”? Fue un rey muy inicuo para seguir otorgándole ese honor.
Deben revisarse también el 24 de junio y el 24 de julio. No creemos que los pueblos deban celebrar sus batallas. Está bien que los franceses canten el comienzo de una gran matanza. Pero imitemos a los Estados Unidos que dedican un día para dar gracias por los dones recibidos.
Cantemos el 5 de Julio la civilidad, el entendimiento y la voluntad de vivir juntos y en armonía en el concierto de las naciones. Es imperioso recuperar la Primera República.
Tengamos el Día de la Nacionalidad. Como el Orinoco que atraviesa nuestra geografía, mantengamos presentes, sin privilegiar a ninguno, los afluentes de pueblos y de gentes que constituyen nuestra gran Nación. Si nuestra democracia política es aún defectuosa, nuestra democracia étnica es casi perfecta.
Volvámonos religiosos, pero de la religión de los Derechos Humanos, de la religión del ‘religare’, de la religión que une a los hombres en una maravillosa diversidad, de la que el pueblo venezolano es testimonio. Cantemos esa unión en los días sagrados.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 21 de noviembre de 2003, pág. 13

Esta oscura desbandada



Homero describe el lugar: una vasta planicie subterránea. Sus habitantes vagan apáticos como sombras sin inteligencia, sin dolor ni alegría, por las melancólicas praderas desprovistos de esperanzas
Se entra por una cueva de afiladas rocas. La oscuridad es cada vez mayor. Tinieblas cenicientas, espesas de silencio, pero que no se alcanzan a ver, vuelan por todas partes. Los fantasmas se duplican alrededor. Se pueden reconocer voces heladas. El fétido olor que todo lo invade anuncia la cercanía de uno de los cinco ríos que es preciso recorrer para el último viaje. Más allá están el Aqueronte, el Cocito, el Flegetón y el Leteo, donde todo se olvida.
En una margen sombría y estéril del Estigia, el primero de los ríos, aguarda el barquero Caronte para llevar a los viajeros al otro lado. De los pasajeros recibe el óbolo que los parientes les habían colocado bajo la lengua como pago para la travesía.
Mientras navegan, el barquero, sordo a los lamentos, señala la dirección. Tienen que atravesar el bosquecillo de Proserpina. Después, el portón del Erebo, guardado por Cerbero, can de múltiples cabezas. Detrás de él, el reino de los Infiernos.
Traspuesta la entrada, la barca llega a su destino. Los viajeros bajan y se apostan en las penumbras a la espera del juicio. Frente a ellos se abren dos caminos: uno va hacia los Campos Elíseos, lugar de temperatura amena, suaves brisas y constante felicidad; allí viven los héroes, los favoritos del Olimpo y los justos y respetuosos de los dioses. El otro lleva al Tártaro, lugar de tormento rodeado por una triple muralla, al pie de la cual corren las llamas del río Flegetón. En sus márgenes padecen, entre otros, los Gigantes (o la fuerza bruta), que se alzaron contra Zeus (o la razón).
Ante el alma estremecida por la ansiedad, se presentan tres jueces, tres figuras taciturnas y severas que, sin vacilar, castigan o recompensan. Por último, surge Hades, juez de jueces, señor de la noche, hijo invisible del Tiempo y de la Tierra. El rojo de sus ropas destaca en el fondo umbroso de sus dominios. De ceño fruncido, no llora ni sonríe. El rostro impávido, olvidado de la luz, muestra la cansada gravedad de quien hace tiempo que está acostumbrado a formular la sentencia final. Sus súbditos están muertos.
¿Por qué toda esta descripción? Porque el descontrol, desatinos y desesperos y, sobre todo, la falta de buen humor de que está dando muestras esta oscura desbandada que nos (des)gobierna parecen indicar su viaje a... tan inhóspita residencia.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 8 de diciembre de 2003, pág. 13

Placeres imaginarios


Platón nos dejó la primera universidad, que duró más de mil años, y una enorme cantidad de problemas. Entre éstos se cuenta la tesis de los falsos placeres.
Porque ¿qué quiere decir el Fundador de la Academia cuando afirma en el Filebo que los placeres falsos existen o pueden existir? Usted y yo, como personajes del diálogo, podemos preguntarle a Sócrates: ¿Es ello posible? ¿Qué significa 'falso' en la expresión 'placer falso'? ¿Qué relación hay entre 'falso' e 'irreal', y entre 'falso' y 'malo'? ¿Qué clase de falsedad está en juego?
No pretendemos dar cuenta de esta difícil tesis, pero mucho se aclara si suponemos tres niveles de realidad. Primero, el material sensible. El segundo construido por el imaginario individual. Social es el tercero, nivel que marca el equilibrio y la articulación de la realidad sensible y de la realidad imaginaria.
El imaginario humano, como el de todo animal, ejerce la aestimatio y si hay estimación puede haber yerro. Aplicado a la tesis, podemos decir que el placer es creído como placer. No se está diciendo que el que goza no goza, sino que su opinión es falsa. ¿Por qué es falsa? ¿Dónde está la ilusión? Es obvio que no en la sensación, sino en la opinión que de lo placentero tiene el sujeto que disfruta el placer. Esto quiere decir, no que el placer no se da, sino que no posee las características que le atribuye aquél que lo siente. La respuesta a la pregunta deriva de este enunciado: Todos los hombres desean estar bien, pero no todos calculan su bien por los mismos principios.
La tesis platónica tiene un segundo aspecto que debemos destacar: la opinión falsa es sustentada por el hombre malo que se representa placeres futuros. Es entonces la exageración, la creencia de que su bienestar está en fabulosos goces exclusivos la raíz de la falsedad. Al no poder vivir aislado, al requerir de las atenciones y cooperación del semejante, exclusivo vale tanto como imaginario, y sólo los malos pueden tener esta creencia. O como lo dijo el maestro Simón Rodríguez: "Goza ficticiamente uno solo de las privaciones de muchos, y en realidad todos padecen".
Reduciéndonos al máximo, el placer falso es posible únicamente en la ignorancia. La falsedad está en la ignorancia que el sujeto que goza tiene del hermano que sufre. Por eso ambos padecen. Saber es, fundamentalmente, saber que el otro sufre como uno. Sólo así puede haber goce verdadero. El goce es goce compartido o es ilusorio. El goce es social, o no es goce, porque es el resultado más genuino de una elección racional: vivir en civilización, vivir en armonía con los otros.
Los nuevos dirigentes, que pretenden sustituir a un gobierno que en su momento llamó a los excluidos del banquete social, deben tener presente que la clase alta venezolana ha vivido salvajemente durante mucho tiempo. Y la media, también.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 22 de diciembre de 2003, pág. 12

De iconoclastas e iconódulos




La historia suele ser socarrona. En el 726 d.C., el emperador León III el Isáurico mandó destruir los iconos o imágenes religiosas de todas las casas e iglesias; las paredes de éstas, decoradas con magníficas pinturas y mosaicos, fueron encaladas. Desde entonces, a los rompedores de imágenes se les denomina iconoclastas.
¿Por qué un emperador cristiano - que diez años antes había destrozado la armada de Sulaymán en el asedio de Constantinopla (716-717)- osaría acometer tal profanación? Por alergia personal que se le unió a la idea de que los fulgurantes éxitos de los musulmanes, enemigos de cualquier imagen, fuese un castigo divino para los cristianos no inmunes a la idolatría.
Por su lado, los defensores de las imágenes, llamados iconódulos (literalmente: servidores de iconos), reivindicaban la legitimidad de venerar lo divino en sus expresiones materiales, pues el mismo Dios había tomado cuerpo haciéndose visible en Cristo.
La historia, que es irónica, quiso que la principal oposición al decreto del rey-sacerdote viniera de la capital del Imperio omeya, golosa de conquistar el mundo, en la persona del monje (san) Juan el Mansur. Este hijo del visir de Damasco se atrevió a discutir la autoridad del emperador en cualquier materia religiosa, o sea, a proponer una separación de poderes en una tradición secular. Justificaba el Damasceno: "Las imágenes son para los que no saben leer lo que los libros para los letrados". Este último Padre griego rezaba a la Virgen: "Estrella de los mares, haz renacer la calma entre las olas. El león ruge buscando a quien devorar. No me dejes entre sus garras, oh Tú, Virgen Inmaculada, que diste al mundo un Niño divino, domeñador de furias y leones".
La revolución iconoclasta duró 116 años. En ese largo período se abrió un abismo de antipatía entre el Oriente y el Occidente, que culminó en el cisma griego de 1054, antipatía que los orientales sentían hacia los países latinos, a quienes menospreciaban como bárbaros. Algunos historiadores dicen que la barbarie estuvo en la infinidad de obras de arte que fueron destruidas.
No hay peligro de que el enfrentamiento entre iconoclastas e iconódulos criollos llegue a tanto. El pueblo venezolano es alegre por naturaleza y la guerra de las imágenes no es más que una buena razón para divertirse. Unos lo hacen sirviéndose de las imágenes con propósitos políticos; otros, cortándoles la cabeza (a las imágenes, todavía) por las mismas razones.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 9 de enero de 2004

A la intemperie


Phone home... Phone home... Era el quejido lastimero de E.T. que conmovió a la familia que lo había acogido y nos conmueve a todos porque todos hemos sido arrojados fuera de nuestros hogares.
Con su mujer preñada y su hija de seis años, baja del cerro el buhonero y se llega hasta Sabana Grande. En un depósito ha guardado durante la noche las pocas pertenencias que constituyen su capital de trabajo. Toma el carretillo, la tabla que le servirá de mostrador y una especie de rejilla que exhibe la mercancía, venida de todas partes, porque ya en el país no se producen sino buhoneros. El día será largo, sin comer muchas veces y... sin orinar. Con fervorosa dedicación se sienta a esperar el comprador, que no llega.
Baja también el latero que recorre la ciudad. Su capital son los envases de aluminio arrojados en papeleras, cunetas y canales. Vagar y andar cargado es su función.
¡Vaya usted a saber con qué criterio!, en lugares ya establecidos se instala el pordiosero. Muchos de ellos ni hablan ya. Un par de monedas en un pequeño envase gritan por ellos su miseria.
En la Avenida Libertador se pueden ver los pobres locos que a nadie ofenden, pero que a todos recuerdan su humanidad descalabrada. Una señora de mediana edad, con su petate al lado, mira sin ver pasar su futuro que ya pasó.
El joven drogadicto de la Avenida Casanova no tiene ni petate. Sólo un vaso de plástico le pide a usted una moneda para que su dueño pueda adquirir una lata de pega en la ferretería de al lado. No quiere comer. Lo suyo es olvidar.
Arrojado del trabajo ha sido el obrero y el empleado que ven pasar días y meses entregando currículos en empresas que no quieren leer. Porque las empresas van saliendo de circulación. Las grandes se van a Colombia o a Costa Rica; las pequeñas, aquí se mueren y aquí las entierran. El cementerio se va ensanchando y alargando. El país se nos está convirtiendo en un gran camposanto.
Ominosas predicciones nocturnas tienen confirmación matutina. Las fuerzas físicas sólo llegan hasta cierto límite, y las del ánimo, también. La enfermedad hace estragos en todos; pero al pobre lo muerde especialmente. Si no lo mata una infección, lo aniquila un mosquito o el degenerado malandro, enfermo social. Algunos dirán que así el mundo se corrige en su propia órbita, porque todo está pleno de oportunidades. Sólo, por cierto, que son de algún modo demasiado grandes para ser utilizadas... Otros, que ésta es una falsa revolución, de ahí los males que nos aquejan. El maestro de Bolívar, que sí conoció varias verdaderas, escribió: “Descríbase una peste y se describirá una revolución”. Además de enfermarnos por contagio, en cualquiera de ellas, aunque sea bonita, hay que vivir a la intemperie.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual, pág. 13, el 21 de enero de 2004

Nombres pomposos



En la escuela de antes, los niños aprendían que el nombre, por su extensión, puede ser propio o común; por su composición, simple o compuesto, frase u oración; por su origen, primitivo o derivado. Pero en uno de sus lúcidos y lucidos editoriales, Teodoro Petkoff acuñó otra clase, la del título; con 'nombre pomposo' se refería a 'Comando Ayacucho'.
Todas las revoluciones, bonitas y de las otras, tienen algunas características comunes, entre ellas destacan dos: la vuelta al punto de partida y el gusto por los nombres. Lo sucedido con la revolución bolchevique y su cambio de nombre de San Petersburgo por el de Leningrado es un buen ejemplo.
Pero la madre de todas las revoluciones es también paradigma de lo que afirmamos. De la monarquía absoluta pasó a la Asamblea Nacional de los estados, la Convención, el Directorio, el Terror, el 18 Brumario, el Consulado, el Imperio y... la Restauración de los borbones en Versalles de donde los habían sacado.
La Revolución Francesa, en plena guerra contra el sistema estamental y contra sus cimientos ideológicos, se propuso arrasar con todo, empezando por las cabezas, que segaba en la guillotina. Y queriendo arrancar el árbol del pasado hasta sus mismas raíces, no podía dejar intacto... ¡el calendario!, porque lo entendía como un gran depósito de doctrinas contrarias a la revolución. Claro que los creadores del nuevo no se devanaron excesivamente los sesos, pues aceptaron la autoridad del poeta Fabre d’Eglantine para darles un toque literario a los nombres de los meses y de los días. Así los primeros fueron llamados vendimioso, brumario, frimario, nivoso, pluvioso, ventoso, germinal, floreal, pradial, mesidor, termidor y fructoso; y los segundos, primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y decadi. Cada semana, como se ve, era una década
El Calendario Republicano duró apenas 12 años: desde octubre de 1793 hasta septiembre de 1805. Y no todo, porque los franceses no se avenían a vivir cada mes en tres décadas en lugar de las cuatro semanas. Subsistieron, entonces, los calendarios subversivos, con los que la gente se entendía. Y es que, por más que se cambien los nombres, el clima no mejora.
El maestro Simón Rodríguez, que padeció de cerca varias revoluciones, sabía de este gusto revolucionario cuando escribió: "Había un negro que mataba cochinos en las casas, y no quería que lo buscaran por el nombre de su oficio, sino por el de BENEFICIADOR DE CERDILLOS".

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el miércoles 4 de febrero de 2004

No me mandes flores


Si no lo explicara el pie, en la foto de Giorgio Ughi no se aprecia muy bien que se trata de un cadáver echado sobre la línea que separa la calzada de la cuneta. Una mano, que parece pedir ayuda, sale por debajo de unas hojas de periódico que apresuradamente lo cubren. Los carros siguen veloces a su destino. Manchas de sangre por todas partes. La oscuridad de la noche apenas se ve rota por la presencia de tres focos que iluminan el lugar. Un cono anaranjado en la vía marca la presencia de la autoridad. ¿Autoridad?. Asentó Hobbes: "La seguridad es la finalidad que persiguen los hombres al someterse a otros; si no lo logran, es incomprensible que se hayan sometido a otro y hayan abandonado el derecho de defenderse a su arbitrio" (VI,3).
La noticia que comentamos la trajo El Siglo un día, cualquier día, todos los días: "Ciclista murió arrollado en la Carretera Nacional". Nada extraordinario, como tampoco es nuevo que el homicida se haya fugado, sin ser visto ni reconocido. "El occiso no portaba identificación", aclara el diario de Aragua; "Se espera ubicar a los familiares".
Ingenuamente, en pocas palabras la periodista Alejandra Guerrero describió la situación del país. Si te matan en una esquina de cualquier calle, o en tu casa, debe de haber alguien que te llore, alguien a quien le hagas falta, tal vez tus hijos, o tus padres, o tu mujer, o tus hermanos , o algún amigo, porque debes tener, siquiera, un amigo. Si no tienes a nadie, mejor: así no le causarás dolor a nadie. 'Nadie' no siente. Nadie' es alguien para quien no existes, alguien que debiera velar por ti y por los tuyos : el Estado. Apenas eres una foto en el periódico, con una nota al pie, un número en la estadística de los combatientes caídos en la batalla de cada semana.
No me mandes flores, mándame vengadores, parece ser el eslogan que repiten con armas en la mano individuos justicieros. Es frecuente leer que la policía tuvo que "rescatar" a los acusados de ser "azotes de barrio". Otros no tienen tanta suerte. Mas esta golosa venganza no es sino la expresión de la guerra de todos contra todos. Sólo el enfermo social puede gustar de "vivir" en este mundo miserable y odioso, pues "mientras no se tiene garantía de que los otros no van a atacar, cada uno conserva el derecho originario de velar por sí mismo con cuantos medios quiera y pueda utilizar, es decir, el derecho sobre todo, que es también el derecho de guerra" (V,1), asentó el filósofo inglés en las páginas de Del Ciudadano.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 4 de marzo de 2004, página 13 (con ilustración), en TalCual
PUBLICADO POR EL ARAGÜEÑO EL 5 DE ABRIL DE 2006

jueves 17 de julio de 2008

Objetado


-Buenos días.
-Buenas.
-Por favor, quisiera renovar mi cédula.
-Ajá. ¿Le ha sacado copia?
-Sí, señor, aquí la tengo.
-Deme acá la original y tome asiento .
No hay lugar dónde sentarse. Un individuo recibe la cédula y marca un número en una teléfono celular. Habla con alguien por el aparato. Espera. A una seña suya, vuelve a la sala el primer funcionario.
-¿Señor XY?
-Sí, soy yo.
-Objetado.
-¿Cómo?
-Está objetado. Diríjase al piso 6 del edifico de la DIEX en El Silencio. Que pase el siguiente.

-Buenos días. ¿Estoy en el piso 6?
-Sí.
-Me envían de la DIEX de la Av. Andrés Bello para renovar mi cédula.
-Bueno, esto es del Consejo Nacional Electoral, pero tiene que venir el próximo lunes. Trabajamos de lunes a jueves de ocho y media a once y media, y de una y media a cuatro y media.
-Muchas gracias, señor. Adiós.

En la teoría fue J. Lacan quien primero invirtió la conocida fórmula saussereana del signo lingüístico de significado sobre el significante con un propósito práctico, terapéutico. En efecto, el psicoanalista francés enseñaba que el significante marca al sujeto. Es decir, el sujeto es efecto de la cadena del significante, pues está marcado en el lugar del significado de un significante que lo representa ante otro significante. Entre los dos hacen la cadena.
Si traducimos la jerga, diremos que la cédula de identidad es un significante fundamental proporcionado por el Gobierno y que sustituye y representa ante el significante primordial, el Estado, a un individuo. Mediante un número, éste queda incrustado, sujeto, como eslabón en una compleja red denominada ciudadanía. De existencia natural pasa el individuo a la existencia política: ciudadano, con derechos y deberes. Pero si esa cédula de identidad le es arrebatada, no existe. La pregunta es: ¿Cómo se renueva una cédula de identidad sin ser humillado por ejercer un derecho?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el 5 de abril de 2004

El fin del mundo

Cuentan los más ancianos de una tribu arunta, que el divino Numbakula, hace muchas, muchas lunas, creó un antepasado patrón, delimitó el territorio de la tribu y estableció sus instituciones. Del tronco de un árbol gomífero, el divino Numbakula elaboró el poste sagrado. Después de haberlo untado con su sangre, trepó por él y desapareció en el Cielo.
Sin duda alguna, este poste representa un eje alrededor del cual el mundo se hace habitable. Su presencia sacraliza el espacio. Del lugar sagrado así acotado toman los integrantes su fuerza vital y eficacia. El poste sagrado es tienda que los cobija de la intemperie del universo y, también, brújula que los guía en la travesía de su propio desierto. Por esta razón, la tribu observa cuidadosamente la inclinación del poste, que señala la dirección que debe seguir.
El poste sagrado de las naciones "civilizadas" es su Constitución. Bajo sus preceptos y normas, los pueblos modernos regulan su existencia. Las páginas escritas con la sangre de las generaciones fundadoras marcan la dirección, sobre todo en los momentos difíciles, como parece ser el caso de Venezuela.
Es seguro que a algunos nos parezca deficiente la nuestra. Los más se quejan de que impone pocos deberes, pero registra demasiados derechos que no pueden ser satisfechos. Para otros contiene demasiadas cosas que no debía tener. En fin, se anota, con propiedad, que la de los Estados Unidos, siendo mucho más breve y más general, les ha servido durante más de doscientos años, y durante otros tantos les servirá. Pero todo esto no importa, como no importa el tipo de madera de que está hecho el poste sagrado.
La Constitución permite corregir el rumbo que una vez pudimos haber tomado mal. Nuestra realidad, nuestra fuerza y vitalidad están en su entorno y baso su sombra. Anclados en ella, podemos comunicarnos con lo pasado y con lo futuro. En sus peregrinaciones, la tribu arunta de los achilpa transportaba el poste sagrado con temor y reverencia, pues éste les permitía desplazarse continuamente sin dejar de estar en su mundo, al mismo tiempo que en comunicación con el Cielo adonde el divino Numbakula se había ido. A travésde él se ponían en contacto con sus antepasados creadores que los protegen. Por eso, si el poste se rompía, sobrevenía la catástrofe; de alguna manera, se asistía a la regresión, al caos, al fin del mundo.
Cuentan Spencer y Guillen (The Arunta, Londres, 1928) que, según un mito, habiéndose roto una vez el poste sagrado, la tribu quedó presa de la desorientación. La angustia, entonces, se apoderó de todos. Por algún tiempo anduvieron errantes. Finalmente, cansados y sin rumbo, se sentaron en el suelo y se dejaron morir. ¿Qué está por venir si seguimos en el juego del tira y afloja de nuestro poste sagrado, nuestra Carta Magna?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 5 de mayo de 2004, pág. 13
Publicado nuevamente, con ilustración, el 15 DE JULIO DE 2004, p. 15

Los dos reyes y los dos laberintos


Valiéndose de una serie de falsedades del tipo de las que sólo son permitidas a los poderosos –y que sólo desgracia traen a los débiles-, construyó el rey de Nueva Babilonia un laberinto tan perplejo y sutil que los más prudentes varones no se aventuraron a entrar en él.
Insignificante, pero torvo y sediento de grandeza, se dio a la ingente tarea de armar una poderosa máquina hecha de clavos y tornillos, tuercas, pernos, remaches y puntillas de hierro con la que atrajo al laberinto a quien, no pudiendo destacarse por nada loable, se había destacado por la ignominia: algunas veces se solazaba torturando y matando a su propio pueblo, otras se daba el lujo de asustarlo asesinando a sus propios parientes. ¡Cuánto se burló! ¡Cómo se gozó el sedicente guardián de la seguridad del mundo viendo vagar aturdido por su torcida y escandalosa obra al zumbón, maldiciente y abominable rey de diabólica malignidad!
A la declinación de la tarde, el confundido y afrentado –que no era otro más que el rey de Nueva Arabia- imploró el socorro divino. El Clemente y Poderoso, que también atiende a los malvados, escuchó su oración y le mostró la puerta de salida. Ésta era -¡oh paradoja del Altísimo! ¿Quién puede conocer Tus designios!- la entrada a un dilatado, áspero, seco e inconmensurable desierto.
Arrogante y furioso, ambicionando perpetuar su nombre perseguía el emperador republicano al tirano de Tikrit que huía por las traicioneras arenas. Vientos huracanados cegaban su visibilidad a la vez que aumentaban la resequedad del clima general. Al cabo de un año, deslumbrado por el sol de la verdad, el rey de Nueva Babilonia no se daba cuenta de que estaba en medio de un laberinto donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, recovecos burlones ni muros intransigentes que impiden el paso.
Exhausto, sin poder encontrar un árbol al cual arrimarse y sin agua con la que saciar su enfebrecida sed, es muy posible que este otrora envanecido y fatuo rey muera solo y triste, acosado por los buitres y picado por las alimañas ponzoñosas del lugar. Abandonado hasta del Misericordioso, lo vio hace muchos años –en un cuento de El Aleph, que lleva el título de este artículo- J. L. Borges, cuya mirada penetraba en lo más profundo del interior humano, sus sentimientos.
Ha sido siempre muy torpe sustraer al problema de la guerra el sentimiento, porque éste es, en muchos casos, el principal soporte de la moral de la guerra. A un año de la penetración en Iraq de las tropas de la coalición tras haber destrozado el país, el sentimiento general del pueblo iraquí parece ser el de que se vaya el invasor.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 20 de mayo de 2004, pág. 13, con una ilustración.

Langosta









Los individuos que componen las familias de los acrídidos y testigónidos son cosmopolitas. Pero unos son gregarios; los otros, no. Los acrídidos gregarios y migratorios son las langostas, verdaderas plagas. En la fase solitaria, antes de convertirse en enjambres, las ninfas son de colores tales que se mimetizan en el medio que habitan con escasa actividad. Sin embargo, en un determinado momento se juntan y forman esas bandadas devoradoras de toda vida que encuentran a su paso, por tierra o por aire. Pero esto no ocurre sólo en el reino vegetal, también sucede en las repúblicas humanas.
En la necesidad de fumigar las langostas de funcionarios que se apoderaron de instituciones como el IVSS, CADIVI..., están de acuerdo partidarios de la revolución y de la contra. Por eso no está de más recordar algunos pasajes de los Diez días que estremecieron al mundo, cap. IV, que pueden ilustrar sobre la materia.
“La oleada impaciente de la tropa –escribió John Reed- nos empujó por la entrada de la derecha [del Palacio de Invierno], la cual conducía a una vasta sala abovedada, de muros desnudos: la bodega del ala Este, de donde partía un laberinto de corredores y escaleras. Guardias rojas y soldados se lanzaron inmediatamente sobre grandes cajas de embalaje que se encontraban allí, haciendo saltar las tapas a culatazos y sacando tapices, cortinas, ropa vajilla de porcelana, cristalería... Uno de ellos mostraba con orgullo un reloj de péndulo de bronce que llevaba colgado a la espalda. Otro había incrustado en su sombrero una pluma de avestruz. El pillaje no hacía más que comenzar cuando se escuchó una voz: “¡Camaradas, no toquéis nada, no agarréis nada, todo esto es propiedad del pueblo!” Inmediatamente repitieron veinte voces: “¡Alto! Volved a ponerlo todo en su lugar, prohibido agarrar nada, es propiedad del pueblo!”... En los corredores y las escaleras, debilitadas por la distancia, se escuchaba repercutir las palabras: “¡Disciplina revolucionaria! ¡Propiedad del pueblo!”...
“Fue confiscada así una variedad extraordinaria de objetos: estatuillas, frascos de tinta, colchas bordadas con las iniciales imperiales, candelabros, un bote pequeño de pintura, secantes de escritorio, espadas con puño de oro, pastillas de jabón, vestidos de todas clases, mantas... Los miembros de la comisión de registro, hablando todos a la vez, les explicaban que robar era indigno de los paladines del pueblo”.
Por definición, toda revolución vuelve a su punto de origen. La trayectoria del giro de la bolchevique fue de más de 70 años.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado el 7 de junio de 2004, pág. 13.

La mugre

Nadie sabe muy bien qué es. Tampoco se explica cómo apareció. Ni cuándo. Algunos en la casa quieren recordar un punto de partida: tres explosiones que, se afirma, mataron a mucha gente. Pero no es seguro que esto haya sido así. Los hechos, en realidad, fueron menos ruidosos, más bien sigilosos. La imagen más certera de lo que ocurrió es la de la casa tomada, de J. Cortázar.
Un día entró sin llamar a la puerta. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de su presencia. Tal vez entró por todas partes y no nos percatamos de ello porque estábamos dormidos. Ahora suponemos que fue tomando cuerpo cuando una noche se alzó un gran ruido.
Primero apareció como un polvillo plateado, que algunos veían dorado. Romántico, decían. Vino desde el fondo de la casa hasta el frente. Atravesando paredes, se diseminó por doquier: encima, debajo, dentro, fuera... No permite trabajar, estudiar, jugar ni hacer el amor, porque pasamos de la ansiedad a la euforia y caemos, a continuación, en una anemia espiritual y decaimiento general. Al tiempo que se iba apoderando de todas nuestras cosas y de nosotros mismos, ha ido cambiando de color y de textura. Polvo fino, granulado; pasta áspera; masa grasa, viscosa... Del color llamativo inicial no queda nada. Pasó por el gris, marrón, pardo, negro... A partir de ese momento, se ha vuelto incolora. Es como “pega loca”, pero más grasa y penetrante. Se agarra de uno y no lo suelta. Va con nosotros y con nuestras cosas adonde vayamos, como una sombra. Envuelve todos los enseres y nos cubre a todos. Se ha vuelto casi una segunda piel, como el amor propio.
No hemos hallado manera de quitárnosla de encima. No sale con nada. Hemos probado todo. Primero, no le prestamos atención porque la considerábamos un polvillo más de la calle que nos había invadido. Por eso algunos se pusieron a limpiarla con plumero. Lo que se consiguió fue una polvareda. Otros decidieron probar con el agua. Algo se hizo, pero muy poco. Al final casi nos vimos metidos en una inundación. De ahí se pasó al detergente, todos los detergentes habidos y por haber, nacionales e importados. En algunas partes se logró intimidarla, hasta el punto de que a fuerza de exfoliantes hubo ciertos retrocesos. Pero siempre regresa. Es taimada y voluntariosa, persistente, desafiante e infame. Ya hemos pasado por desinfectantes, soda cáustica, thinner... y nada. Hay quienes en su desesperación se han bañado en ácido muriático. Parece que sólo queda desollarnos.
¡Menos mal que sólo fue un sueño!


carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, pág. 15, el jueves 5 de agosto de 2004

Artistas hermafroditas




Y también mártires y testigos, sobre todo si son adolescentes y jóvenes. Tal prodigio resulta de considerar que género es lo mismo que sexo.
Con el término génos se designa en griego tanto al término gramatical género como el sexo de los seres vivos. La misma doble significación la tiene el vocablo alemán Geschlecht. Pero el castellano género, como el inglés gender, significa exclusivamente género gramatical.
Si esto es así, puede entenderse que la preferencia del masculino sobre el femenino de la segunda regla de la concordancia, según el ordenamiento de Andrés Bello, no es una manifestación machista. Decimos, en este sentido, que Antonio y Luisa son venezolanos del mismo modo que hablamos de problemas y preguntas muy dificultosos en el examen. De manera análoga, si concurren personas verbales diferentes para concordar con el verbo, la segunda es preferida a la tercera, y la primera a todas, como en tú, él y yo leemos el artículo. No se trata de egoísmo.
“La solidaridad femenina y la lucha del género por las aberraciones del poder no son nuevas”, escribió en estos días un periodista. Lo nuevo es este uso de género. Si aceptamos la confusión, tendremos entonces, además de palabras hermafroditas como las citadas, otras que son homosexuales: ruiseñor y grillo, criatura y persona, y hasta travestis. Así, clima, día y panorama tienen cuerpos de macho vestidos de hembra, mientras que mano y nao se visten de macho en cuerpos de hembra.
Para distinguir personas, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela habla de extranjeros y extranjeras, venezolanos y venezolanas, ciudadanos y ciudadanas, electores y electoras, funcionarios y funcionarias, gobernadores y gobernadoras, alcaldes y alcaldesas, diputados y diputadas, ministros y ministras... Claro que uno se pregunta: ¿Por qué los nombres masculinos van primero? ¿Por qué se dice el Consejo de Ministros? ¿A las ministras les quitaron la facultad de dar o recibir consejos? ¿Y qué hacemos con representantes, integrantes y solicitantes?
Según la prensa, la misma comisión de estilo que redactó la Constitución redactará las formas burocráticas de la UCV. Habrá, entonces, investigadores e investigadoras, profesores y profesoras, empleados y empleadas, todos y todas de primera, y estudiantes. Éstos y éstas van a tener que vivir indiferenciados e indeferenciadas ¿Acaso no tienen, ellos y ellas, derechos?
En serio, ¿además de vencer las sombras, esta nueva casa quiere también destrozar la gramática?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, con ilustración, pág. 15, el 1º de julio de 2004.

Nota. Este artículo causó mucho escozor a las feministas de la UCV, con carta y todo a la Dirección de Tal Cual.

Miles gloriosus




Pirgopolinices es el nombre del soldado fanfarrón que ridiculizara el comediógrafo latino Plauto (254-284 a. C.). Su trabajo era arduo: dar órdenes a sus esclavos para que pulieran su escudo y espada, a fin de que, cuando llegara la ocasión, el resplandor de estas armas nublara la mirada de sus enemigos; alardear de heroísmos en batallas que nunca dio y pretender que todas las mujeres corrían tras él, porque él sintetizaba en sí todas las virtudes de Marte y Venus.
Es indiscutible que muchos venezolanos tienen dudas sobre la necesidad de una defensa armada, y más precisamente sobre la función de la Fuerza Armada. Por otra parte, tanto militares como una buena porción de la opinión pública tienen mucha razón al afirmar que un pueblo tiene el derecho y el deber de defender su vida y sus derechos contra una agresión exterior. Ahora bien, ¿garantiza la Fuerza Armada la independencia y soberanía de la Nación y asegura la integridad de su espacio geográfico, como manda el artículo 328 de la Constitución Nacional? ¿Ha cumplido en lo pasado esa función y podrá hacerlo adecuadamente en lo futuro? Hay dudas razonables al respecto.
Hasta el presente, sólo ha sido eficaz en la “cooperación en el mantenimiento del orden interno”, como también manda la Constitución, estos es, en supresión de la llamada amenaza interior. El ejército “leal” chileno, las fuerzas armadas de Argentina, Uruguay y Colombia permiten comprobar de manera evidente que las fuerzas armadas muy frecuentemente son empleadas por los gobiernos como fuerza de represión interna. De donde, el ejército no constituye, en la esfera política, sino una seguridad engañosa.
Mucho más general y popular es la crítica de los hombres de armas por motivos económicos. Un ejército cuesta caro. En todos los países de América –con la honrosa excepción de Costa Rica- los presupuestos destinados a prepararse para la muerte constituyen una carga abrumadora, sobre todo si se comparan con las inversiones para la vida: sanidad, educación, investigación y ecología... Lo peor de todo: esos presupuestos son para nada, para preparar guerras que nunca se darán, afortunadamente. Nos dirán los estrategas que los ejércitos cumplen una función disuasiva. Sería bueno preguntarles a los ganaderos de Zulia, Táchira y Apure qué opinan del argumento.
No pensamos que sea un deshonor abrir carreteras, construir puentes, repartir pollo o atender a los más necesitados. Sí nos parece peligroso pretender que la Fuerza Armada Nacional deba ser el garante de la aplicación de la Constitución y de las leyes, como han pedido algunos políticos de la oposición. Éste es un buen momento para discutir el tema
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carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 15,

Creso, Némesis y Ciro


Creso gobierna a infinidad de gente. Su ambición de mando sólo es comporable con su hambre de riqueza. Pillajes, tesoros, tributos, impuestos y venta de ciudadanos como esclavos son el comienzo de su inmensa fortuna. La posesión de yacimientos mineros la consolida.
A destajo distribuye subsidios y prebendas para atraerse gentes a su corte. Sus riquezas parecen inagotables. Poderoso, rico y feliz, vive en el lujo rodeado de seres que sólo se ocupan de servirle. No teme a nada ni a nadie, pues la fidelidad de sus súbditos está garantizada por la largueza con que gobierna.
Creso tiene de todo en exceso. Y son justamente los excesos de bienes los que atraen la atención de Némesis, la Venganza divina. Oculta en lo alto, la diosa vigila y castiga con severidad, aunque con justicia. Ahora sus ojos se han puesto sobre Creso para guiar sus pasos, como a Narciso, hasta el río que le será fatal.
El poderoso rey debería temerla, pero el miedo está lejos de su corazón. Trasladado en trono de oro, se siente tan invulnerable como un dios. Ni siquiera le pasa por el pensamiento -siempre vuelto hacia su propia grandeza- que algún día podía perder todos sus bienes bajo la hoja de una espada movida por manos ambiciosas. Es más, intenta sobornar a los dioses, pero éstos lo castigarán. Némesis, entonces, decide apoyar abiertamente a Ciro que está forjando proyectos de conquista.
En la madrugada silenciosa los invasores asedian la ciudad y rodean el palacio. El sonido alegre de los cantos y las fiestas es reemplazado en el aire por los gritos y el ruido de las armas. El placer de la vida se trueca en el dolor de la guerra. Y en la antigua mesa repleta, sólo queda el hambre rodeada de cuerpos famélicos. La risa desaparece y en su lugar se presenta el llanto. La nostalgia habita en todos los corazones, el luto decora todos los hogares. La paz se perdió en el odio. Y Creso, siempre tan seguro, se ve obligado a acordarse de que quien poco tiene poco tiene que perder. Nada le queda de la antigua soberbia. Sus manos, acostumbradas a la molicie y a las caricias, se hieren en una lucha inútil por retener algo de todo lo que era suyo. Al fin caen vacías, inertes, prisioneras en las de su enemigo.
Condenado a la hoguera entre catorce de sus más cercanos seguidores, medita y suspira. Al oír los lamentos, Ciro le pregunta: “¿Quién te aconsejó salir en campaña contra mi país y te hizo mi enemigo en lugar de mi amigo?” “Rey, el causante fue la diosa que me incitó a la campaña, pues nadie es tan necio que elige la muerte en lugar de la paz”, respondió compungido.
Desde lo alto, Némesis sonríe... satisfecha. Su función es castigar el crimen y los excesos, cuidando que los mortales no intenten igualarse a los dioses.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual en Libremente, pág. 14, el 23 de septiembre de 2004.

De la voluntad de poder







Escribió F. Nietzsche: “En mi concepto, la voluntad de poder es la forma más primitiva de la pasión, y todas las otras pasiones son configuraciones de aquella”.
Lo anterior se dice de cada ser humano y, en especial, de Juan Pablo II, el Papa que se vio moribundo en Lourdes. En Suiza, reiteró que no renunciará al papado y que seguirá al frente de la Iglesia. “Después de casi sesenta años de sacerdote -dijo en Berna ante 13.000 oyentes que abarrotaron el Palacio de Hielo- estoy contento de poder expresar ante ustedes, jóvenes, mi testimonio: es bonito poder entregarse hasta el final por la causa del Reino de Dios”.
Cuarenta y un teólogos y sacerdotes no piensan lo mismo, pues en carta pública reclamaron que los pontífices deben jubilarse a los 75 años. Argumentaban: es muy difícil que un hombre anciano y enfermo, como el Papa Wojtyla, pueda dirigir la Iglesia.
El ejemplo más dramático de esto es Brasil. Por primera vez en 500 años, la Iglesia Católica del Brasil se está debatiendo en su propio terreno. Según el clero brasileño, el materialismo es uno de sus rivales. Un vigoroso movimiento evangélico es otro. Nación con el mayor número de católicos, de 1991 a 2000 perdió 9 puntos; por el contrario, el movimiento evangélico ganó el15% en el mismo período. (Y no sólo en Brasil. Le invito, lector, que vea cuántos templos católicos se están construyendo y que me diga cuántos templos evangélicos puede comprobar en su urbanización o en su barrio). Pero lo peor es un sentimiento creciente de indeferencia en la población.
El mismo hombre que defiende de puertas afuera los derechos humanos los niega, puertas adentro, a sus pares obispos y a los teólogos que no comulgan con su conservadurismo.
Se presenta como un gran admirador de María y predica excelsos ideales femeninos, pero, en realidad, rebaja a las mujeres al no permitirles ingresar en la jerarquía eclesiástica.
Predicador en contra de la pobreza masiva y la miseria del mundo, sin embargo su posición en contra de la regulación de la natalidad y la explosión demográfica es culpable de esa miseria.
La gente tiene problemas en el mundo de hoy con las drogas, el divorcio, la violencia y el alcohol, pero cuando va a la Iglesia Católica en busca de alivio lo que recibe es una ración de dogma y... espectáculo. Como cualquiera estrella del pop, el Papa es recibido con cantos haciendo la “ola” y ondeando banderas.
En sus presentaciones, Juan Pablo II suele estar rodeado de impresionanantes multitudes, que durante horas aguardan el paso del “papamóvil”. Pero el sucesor del pescador galileo se rodea de un importante número de policías y guardaespaldas. Tocarlo, como tocaban las gentes al Maestro, es imposible: demasiado importante.
La tradición católica quiere que el solio pontificio romano sea la piedra sobre la que el Profeta de Nazaret presuntamente fundó la Iglesia. Y a mí me parece que Juan Pablo II es la hiedra.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Tal Cual en Libremente, pág. 14, el jueves 7 de octubre de 2004.

La Pasión



Ahora que los ladridos de la jauría mercantil y fanática se oyen a distancia, podemos hablar de La Pasión.
Me cuento entre los que acusan a Mel Gibson de antisemita, pero lo disculpo. En realidad, quien pretenda filmar una película sobre la pasión de Jesús de Nazaret basándose en el Evangelio según Juan no puede dejar de ser antijudío.
El cuarto de los canónicos es, quizás, el texto más entrañable y querido por los creyentes cristianos por el fuerte contenido emocional con el que impregna todo lo referente a Jesús.
Gran parte de este evangelio consta de discursos de Jesús tratados al modo griego. En efecto, el Jesús de los evangelios sinópticos habla a la manera judía, en cuanto a temas y construcción, tal como puede observarse en el Sermón de la Montaña. En cambio, el Jesús de Juan emplea las más veces el lenguaje de un no judío y, a menudo, un estilo extraño. Por ejemplo, al referirse a la Ley dada por Moisés, Jesús dice "vuestra ley", en lugar de 'nuestra ley', y añade: "Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores". Incluso, Jesús alude a Dios identificándolo consigo mismo -que para los judíos sería una blasfemia- al decir "Yo y mi padre somos uno".
¿Quién escribió el Evangelio según Juan? En 1907, una comisión bíblica concluyó que el apóstol Juan fue el autor del libro que lleva este nombre, pero hoy los investigadores dicen otra cosa. Ya E. Renán , en su hermosa Vida de Jesús, se preguntaba cómo podía ser posible que al lado de noticias precisas, que revelan en algunos momentos al testigo ocular, se encuentren unos discursos en todo diferentes a los de Mateo. Pero pueden hacerse muchas otras preguntas: ¿Cómo puede ser que el cuarto evangelio no ofrezca una sola parábola, un solo exorcismo? ¿Pudo Juan, hijo de Zebedeo, hermano de Santiago (al que no se menciona ni una sola vez en el cuarto evangelio), escribir en griego lecciones de abstracta metafísica, de la que los sinópticos no ofrecen ninguna muestra? ¿Cómo es posible que “el Apóstol de la circuncisión” haya compuesto un escrito más hostil al judaísmo que todos los de Pablo, un escrito en el que la palabra ‘judío’ es casi equivalente a ‘enemigo de Jesús’?
Así como el Evangelio según Mateo está construido para demostrar que Jesús es el Mesías prometido, legítimo heredero del rey David, el Evangelio según Juan fue escrito para demostrar que los judíos mataron a Jesucristo, el Hijo de Dios. “Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron”, escribió el autor en el Prólogo. De ahí en adelante, se va a referir a “los judíos” 62 veces (trece en el capítulo 19, el capítulo de la Pasión).
En marzo de 2004, el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia entregó al Parlamento Europeo un informe de 344 páginas, en el que señala textualmente: “Europa tiene un problema con el antisemitismo”. El problema empezó con el cuarto evangelio.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, pág. 14 (Libremente), el miércoles 13 de octubre de 2004

Sobre la defensa del indio






Ante las imágenes del asalto al monumento de Colón en el Golfo Triste por la defensa del indio, uno duda de que “el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo”, como escribió Descartes.
La presencia de América para Europa fue un nuevo e inesperado hecho que condujo, por ejemplo, a la meditación filosófica y teológica por senderos no recorridos hasta ese entonces a fin de comprender la realidad del Nuevo Mundo.
Si dejamos de lado la conocida defensa que hizo del indio, en 1519, Fray Bartolomé de Las Casas (1474-1566) en una célebre polémica con Ginés de Sepúlveda y otros teólogos, en la que se demostró -entre otras cosas- que la infidelidad en materia de religión no debía privar a los pueblos de sus derechos políticos, sin duda el segundo ejemplo paradigmático de lo que apuntábamos arriba sea el caso de Francisco de Vitoria (+1546).
En sus Relectiones Theologicæ De Indis prior y De Indis posterior sive de iure belli (ambas de 1539), F. de Vitoria niega la legitimidad de la conquista, los derechos del soberano español sobre los pueblos conquistados y los derechos del Sumo Pontífice para disponer de los pueblos americanos. Rechaza el derecho fundado en el hallazgo, puesto que los indios tenían señores, y pretender derivar un título justo de dominio del hecho de haber Colón descubierto la América es tan absurdo como si, supuesto el caso de haber sido los americanos quienes hubieran descubierto el Viejo Mundo, pretendiesen aducir, por eso, derechos sobre él. En cuanto a la justicia de dominar a los indios para poder evangelizarlos, el catedrático de Salamanca recuerda que la fe es libre. Estima además necesario refutar el título basado en la voluntaria aceptación por los indios del dominio español, por ser notoria la inexistencia de tal hecho, y, con respecto al argumento de que la conquista era una manifestación de la voluntad divina, quien en sus inexorables juicios condenara, por sus iniquidades, a los indios a la pérdida de la libertad, entregándolos a los españoles, manifiesta que no quiere disputar sobre ello porque sería muy expuesto aceptar a algunos como profetas contra la opinión general y la Sagrada Escritura y sin que se confirme con milagros su espíritu profético.
La doctrina del padre Vitoria es una admirable manifestación de la filosofía del humanismo europeo, a la vez que una muestra del mejor pensamiento latinoamericano que ha sido dejado de lado. Pero los indios de hoy no requieren que los defiendan con argumentos que ya han sido dados hace más de 465 años. Piden, sí, atención de ciudadanos, como otros ciudadanos, que viven en una república del siglo XXI.


carloshjorge@hotmail.comPublicado en TalCual, pág. 14 (Libremente), el viernes 22 de octubre de 2004.

El siniestro




Todos cuantos lo vieron aparecer tuvieron el mismo escalofriante pensamiento: siniestro. Porque realmente era espeluznante, espantoso, demoníaco.
En 1919 publicó S. Freud Das Unheimliche, un artículo que trata de desentrañar esta sensación. A partir de él, quisiéramos apuntar algunas notas sobre aquello que petrificó a todos cuantos lo vieron aparecer el 16 de agosto a las 3:49 de la madrugada.
Era, en primer lugar, alguien muy familiar y conocido de tiempo atrás. Lo nuevo y desacostumbrado nunca es siniestro. Por eso Freud destacó que lo siniestro corresponde a la transformación de lo familiar en su opuesto, algo extraño y destructivo, que genera incertidumbre y desconfianza. Pero también era algo que todos esperaban que permaneciera oculto, disimulado. Por otro lado, el padre del Psicoanálisis ha demostrado la continuidad simbólica que existe entre las figuras parentales y las autoridades que detentan el poder político.
Algún autor ha señalado que lo siniestro por excelencia es la duda de que un ser que, aparentemente animado, sea en efecto viviente; y a la inversa, de que un objeto sin vida esté en alguna forma animado, como las figuras de cera, los autómatas y ciertas muñecos. Los productores de películas como Chucky y La novia de Chucky han tratado de sacarle provecho a estas sensaciones, que los espectadores aceptan porque saben que son personajes de ficción. Ante personas que encarnan lo siniestro, es muy común preguntarse: ¿Es una persona o es un autómata?
Es lo siniestro una especie de doble, mensajero de la muerte. Se trata de la máscara que oculta, en una vida paralela, al ser que la sustenta.“El doble se ha transformado en espantajo -escribió Heine- así como los dioses se tornan demonios una vez caídas sus religiones”.
El retorno inesperado de lo idéntico, en ciertas condiciones y en determinadas circunstancias, despierta sin duda alguna la sensación de lo siniestro. Pero, sobre todo, puede decirse de un ser viviente que es siniestro cuando se le atribuyen intenciones malévolas para perjudicarnos. Y que, para alcanzar ese fin, no desdeña servirse de fuerzas ocultas, especiales y prohibidas, tales como las de la magia.
En fin, lo siniestro se da cuando se desvanecen los límites entre fantasía y realidad. Cuando lo que habíamos tenido por fantástico, se presenta ante nosotros como real.
La soledad, el silencio y la oscuridad de la noche son circunstancias que afectan a la aparición de lo siniestro. Los terrores infantiles, que jamás se extinguen en la mayoría de los seres, resucitan en forma de angustia general que entristece , agobia y paraliza. La misma sensación se tiene cuando primitivas convicciones, que parecían superadas, se presentan para demostrarnos su confirmación. Eso fue lo que experimentaron todos cuantos vieron aparecer al siniestro personaje.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual con una ilustración el 4 de noviembre de 2004, pág. 15.
Publicado por Imagen Latinoamericana/Editorial, el 21 de marzo de 2005

De la monarquía absoluta

Con la firma de la Declaración de Derechos por parte de Guillermo III en 1689, no sólo hubo un cambio de dinastía (de los estuardos a los orangistas) sin derramamiento de sangre, sino que se estableció el principio de que el monarca es el primer servidor y ejecutor de la ley, no la fuente de donde brota. De esta manera quedó formulada la doctrina de la monarquía constitucional. A partir de ese momento y tras la Independencia de los EE.UU., los gobiernos del mundo, en general, son repúblicas o monarquías liberales.
En los primeros años del siglo XXI, solamente algunas repúblicas devenidas en tiranías, como Corea del Norte, Cuba o Zimbabue, el reino de Bután (Estado olvidado que no tiene abogados ni mercados de valores), el sultanato constitucional de Brunei, los Estados de la península arábiga y... el Vaticano se caracterizan por regir de modo absolutista.
El Estado de la Ciudad del Vaticano surgió por el Tratado Lateranense, suscrito entre Italia y la Santa Sede, en febrero de 1929. Estado monarco-sacerdotal, se gobierna por la Constitución Apostólica (?) de 1967. La Jefatura recae en el Papa, elegido de por vida por el Colegio de Cardenales. Su Santidad, a su vez, nombra al Primer Ministro y a la Comisión Pontificia que le ayudan a administrar el Estado más pequeño del mundo en tamaño ( menos de 1 Km2) y en población (alrededor de 1.000 habitantes).
Es absoluta la monarquía cuando el soberano (emir, emperador, papa, presidente, rey o zar) tiene el control absoluto sobre el poder político y militar. En ella no existe una división de poderes, la fuente de legislar y gobernar es el monarca, así como, en términos judiciales, él es la última instancia para abolir, promulgar, vetar o reformar leyes.
Históricamente, la monarquía absoluta se desarrolló en la Edad Media a partir del sistema feudal. En los siglos XVI y XVII, conforme se consolidaron los Estados nacionales en Europa, el poder del monarca alcanzó sus niveles más altos; el rey sólo respondía ante el juicio directo de Dios y era la máxima representatividad de la divinidad en la Tierra. Luis XVI en Francia es el símbolo de este clímax de absolutismo, estrechamente relacionado con la religión.
Pero el mundo gira. El reino de Arabia Saudita por primera vez convoca a elecciones de jefes tribales en los que por primera vez las mujeres tendrán derecho a votar. Este cambio demuestra que la monarquía absoluta también tiene que modernizarse y adaptarse a las demandas de sus súbditos, porque de otro modo podrían desaparecer. ¿Pasará esto con el Vaticano?
El papa Juan Pablo II es obispo de Roma y algo así como presidente de la primera transnacional de la fe, la Iglesia Católica. En ese cargo nombra cardenales, arzobispos y obispos en todos países del mundo donde viven católicos, que lo mantienen como monarca absoluto del Vaticano y de la fe cristiana. La pregunta es: ¿para qué necesitan los católicos un Estado, cuando el Profeta de Nazaret dijo que su reino no era de este mundo?


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, página 13, el miércoles 24 de noviembre de 2004.

El hablanueva del género




El orwelliano Ministerio de la Verdad tenía un departamento dedicado al estudio y edición de diccionarios del hablanueva de Oceanía. A su imagen y semejanza, como sacados de la ficción, aparecieron estudiosos e investigadores del género (¿?) que pretenden darle una nueva forma al castellano. No inventan palabras nuevas, que se sepa, sólo a las ya acuñadas, como género, les dan otros usos y nuevas caras. No quieren nada con el viejo idioma con toda su vaguedad y sus inútiles matices de significado.
“Por puro sexismo” -como les gusta decir a los cultores del hablanueva del género- emplean la palabra miembra , por ejemplo, para referirse a una mujer. La verdad es que las palabras tienen género, pero no sexo; y los seres humanos sexo, pero no género. El género de las palabras viene del uso general –tirano de las lenguas- y del origen. Así, sartén se usa en Venezuela como vocablo masculino mientras por otros pagos es palabra femenina. Miembro viene del latino membrum, del género neutro, y pasó al castellano con género masculino, aplicable a los dos sexos.
“Es una regla fundamental de la gramática española la de la concordancia de género”, dicen. Pero deben añadir: la del sustantivo con el artículo y el adjetivo (1ª regla de A. Bello), pues no existe ninguna “regla de oro” que obligue a concordar el género de la palabra con el sexo de la persona a quien se refiere, p.e.: Amparo y Consuelo son nombres masculinos que llevan con mucho orgullo y donaire femenino algunas mujeres. Por esta razón una persona puede recibir un título masculino o femenino, aunque no corresponda a su sexo. Hablamos de su Majestad, su Alteza, su Eminencia o su Excelencia al dirigirnos a varones. También decimos de un varón que es periodista, psiquiatra o estratega, aunque la terminación de las palabras sea en –a. Claro que los españoles llaman modisto al hombre que tiene por oficio hacer prendas de vestir y no se quedan de una pieza.
El hablanueva del género no puede concebir colectivos. Sufre de una variante del mal que aquejaba también a Funes el memorioso. incapaz de ideas generales, platónicas. Los colectivos son nombres que significan un conjunto que es visto como una unidad, así ejército, familia y muchedumbre. Pero con frecuencia hacemos uso de nombres en singular, sin ser colectivos, para designar no sólo un individuo, sino en general todos los que constituyen la clase entera a la que conviene ese nombre, p.e.: el PERRO es el mejor AMIGO del HOMBRE.
El singular masculino hombre equivale a varón, pero también designa mujeres y varones si es empleado genéricamente. Y no sólo en castellano. Así Ch. Darwin tituló una de sus obras The Descent of Man, and Selection in Relatio to Sex (1871). El capítulo 1 de la primera parte de la obra pasa revista a los testimonios de que el hombre procede de una forma humana inferior. Se entiende: la mujer es divina.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, con ilustración, el 7 de diciembre de 2004
Publicado nuevamente por TalCual sin ilustración, pág. 13, el 10 de enero de 2005.
Publicado por Imagen Latinoamericana/Editorial el 10 de marzo de 2005.

Reliquias


Nietzsche ha condenado el cristianismo por ser una religión para la muerte. Y defendía al budismo por ser más realista, pues dice : Lucha contra el dolor. A pesar de esta opinión del solitario de Sils-Maria, ambas tienen gusto por las reliquias.
Desde el año 2000 los restos de Siddhartha Gautama recorren el mundo y en cada uno de los países miles de personas acuden a verlos para recibir su gracia, porque conceden felicidad, bendiciones y paz a quienes los contemplan con fe, aseguran los promotores. Se dice que ver las reliquias es como ver al Buda en persona. Esto se pudo comprobar en Caracas y en Puerto Ordaz.
Pero las reliquias, más que paz de espíritu, han fraguado auténticos torbellinos pasionales entre los creyentes, encendido enconadas polémicas, provocado peleas y guerras. Recuérdese que las Cruzadas se llevaron a cabo para rescatar los Santos Lugares de manos de los infieles.
Durante la Edad Media se llevó a cabo un insólito tráfico de objetos de culto, forma de afianzar la fe de los devotos y ... lucrativa fuente de ingresos, que hoy pueblan la existencia católica. Un historiador clasificó las reliquias de Cristo que poseemos en orgánicas e inorgánicas. Éstas, a su vez, pueden ser divinas o terrenales. Clasificó a las divinas en hematológicas (sangres de la Pasión o de la circuncisión; o tierra de Getsemaní impregnada del sudor de sangre), odontológicas (dientes de leche; dientes saltados por la paliza de Mc. 14,65; o el estacazo de Jn. 18, 22), cárnicas y capilares. Forman las terrenales cuatro grandes apartados: animales (la esponja con la que le dieron vinagre y hiel), vegetales (los pañales, el Pañolón de Oviedo, el madero de la cruz, las sagradas vendas y la Santa Sábana de Turín), metálicas (clavos santos, la lanza que lo perforó) y pétreas (el pesebre, la columna de la flagelación, el Santo Sepulcro y la casa de Nazaret que se puede visitar en Loreto, Italia).
Aunque pudiese sonar a chacota, el Santo Prepucio de Cristo ha supuesto un dilema teológico que obsesionó a los Padres y Doctores de la Iglesia. Y mientras los grandes teóricos especulaban sobre tan inquietante problema, muchas místicas protagonizaron insólitos éxtasis en los que el santo pellejo de la circuncisión de Cristo se les manifestaba en toda su gloria. Hoy en día se lo puede venerar en la basílica laterana de Roma; en Amberes, París, Burgos, Bolonia; hay otros en Besançon, Nancy y Metz; en Le Puy, Conques y en Hildesheim y hasta en... Calcuta. En Charroux (Francia) era tal la devoción que inspiraba el sagrado pellejo que llegaron a crearse cofradías, como la Hermandad del Santo Prepucio, encargadas de custodiar la reliquia conservada en esa ciudad, muy venerada por las mujeres embarazadas y por las que deseaban estarlo.


Nosotros no tenemos ninguna reliquia del fundador (?) del cristianismo, pero tenemos en la basílica de Santa Teresa una silla que sustentó las sagradas posaderas del Santo Padre en su primera visita a Venezuela. De locos, ¿no?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el 16 de diciembre de 2004.

Sobre la necesidad y la libertad


Algunos filósofos lo han dicho: el hombre es un ser necesitado y la necesidad norma su vida. Este hecho marca la faltaenser de todo individuo humano y a él hay que llegar para encontrar los fundamentos de la moral y de la política, esferas ambas, íntimamente entrelazadas, de la acción individual y del hacer colectivo.
Hablamos de necesidad en el sentido de carencia, pero también, de urgencia, grito y determinación en el obrar, pues cuando la necesidad apremia no se consultan voluntades. Paradójicamente, esta necesidad de ser es el fundamento del derecho, de la justicia, a la vez que de la injusticia, pues el instinto de nuestra propia conservación nos obliga a luchar con otros que también tienen necesidades. ¿Sobre qué sería la lucha? Por los medios de adquirir las cosas que se requieren para satisfacer la necesidad de seguir siendo. Por ello hay que consultarse mucho para entenderse. De lo contrario, la guerra de todos contra todos será permanente. Algunos no lo ven, pero hace tiempo que estamos en ella. Cada nueva semana se nos da el parte de los caídos en la última batalla.
¿De qué necesidades se habla? De alimento, vestido, alojamiento, curación, distracción y de sus grados, pues cada uno interpreta su necesidad de acuerdo con sus conveniencias, enseñaba el maestro Simón Rodríguez. Uno, como Gandhi, se sostiene con poco; pero este Pantagruel necesita “llenarse” y aquel drogadicto matará para conseguir el crack o la heroína a fin de escapar al peso de su existencia: ésa es su distracción.
Sólo reconociendo la necesidad podemos alcanzar la libertad, que es, en primer lugar, una conquista de la razón sobre los instintos y sobre los deseos. Es cierto que el deseo es de la esencia humana misma. Es cierto que la felicidad no es más que un deseo sin fin, interminable, un continuo progreso de los deseos de un objeto a otro. Pero el hombre que no puede gobernar sus necesidades y deseos es un esclavo de sí mismo. El hombre no puede menos que determinarse, por eso es preciso que conozca las causas y asuma la responsabilidad de sus acciones. La libertad no excluye la necesidad: la impone.
Pero, en segundo lugar, libertad es un deseo, el más íntimo, porque es una aspiración permanente. Es tan profunda esta aspiración, tan invasora, que sólo se reconoce por la falta, por la carencia. Pero no podemos vivir todo el tiempo aspirando, porque no satisfacer deseos es perecer, aunque intentar su satisfacción plena es la locura. La libertad implica satisfacción de necesidades. Aquí viene bien una cita (de memoria) de Bolívar: “más quiero una libertad peligrosa que una esclavitud tranquila”.
En tercer lugar, libertad es, esencialmente, la capacidad de negación. Y ésta es, en síntesis, la grandeza humana. Cuando se nos han segado aspiraciones esenciales, todavía nos queda la libertad de recogernos en nuestro interior para decir no. ¡Débil el Estado que constriñe a sus ciudadanos con la ley y la fuerza en ese estado!

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual el 24 enero de 2005, página 17
Publicado por imagenlatinoamericana.net el 11 de abril de 2005

Lugares sagrados



Consideremos la escena mil veces repetida. Primero son millares; después, decenas de millares; al poco rato, centenas de millares de personas se agolpan en plazas, calles y avenidas. Marchan. Sólo buscan ser vistas y escuchadas. Vestidas de banderas, enarbolando carteles y entonando el himno patrio, se manifiestan. Apelan al espacio público. Aunque no lo parezca, lo público es la seguridad, el refugio de sus vidas. Codo con codo, vociferan su fuerza que extraen de la calle en donde están las respuestas a sus preguntas. En la calle está la paz a sus angustias, porque la calle es lugar sagrado de la Nación.
Para el hombre de todas las sociedades, desde el “primitivo” hasta el “civilizado”, lo sagrado equivale a potencia, porque es la realidad por excelencia. Lo sagrado está saturado de ser. En otros términos, la potencia de lo sagrado significa, a la vez, realidad, perennidad y eficacia. La oposición sacro-profano puede traducirse por oposición real-irreal. Por eso, cuando los ciudadanos salen a la calle a manifestarse, van en busca de eficacia que se adquiere por beber la vida que brota de la fuente de la realidad del espacio sagrado.
Para el hombre religioso, el espacio que habita no es homogéneo; por el contrario, presenta roturas, escisiones. Más aún, para el hombre religioso esta ausencia de homogeneidad permite la experiencia de la oposición entre el espacio sagrado, el único realmente existente, y el resto, la extensión informe que lo rodea. Esta ruptura del espacio posibilita la constitución de un mundo común, cálido y acogedor, eje central de la vida social.
El deseo del hombre religioso de vivir en lo sagrado -se puede decir otro tanto del marchista y del que se manifiesta- equivale a su afán de situarse en la realidad objetiva, de no dejarse paralizar por la realidad sin fin de las experiencias puramente subjetivas. Quiere vivir en un mundo real y eficiente, espacio constituido y ordenado, porque fue fundado, y no en una ilusión, espacio caótico y extraño, ilimitado, imprevisible y azaroso, mundo de ficción poblado por extranjeros, demonios y fantasmas.
Venezuela ha empezado a recuperar sus lugares sagrados. Está retornando a sus calles, plazas y avenidas. Debe, también, recuperar su memoria histórica, porque somos nuestra memoria; ella es nuestra coherencia y nuestra razón. El artesano, cronista y, sobre todo, poeta Antonio Trujillo lo dijo a El Nacional con claridad meridiana: "A San Antonio le tumbaron su iglesia; la casa de los hermanos Salias, que son héroes de la Independencia; la casa de Francisco de Miranda. Ya ves, lo que le ocurre a un pueblo le ocurre a todo el país".
Venezuela debe sacralizar todo su territorio. No puede permitir que quienes viven en él y quienes la gobiernan (?) la ultrajen como si fuera un espacio profano, extranjero, invadido.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, lunes 31 de enero de 2005

Platón y la flauta de Lidia

De República de Platón dijo J. J. Rousseau que es el mejor tratado de educación que jamás se haya escrito. Y de censura, debió haber añadido.
Al pragmatismo de los sofistas y de los retóricos, que no recurren a otra instancia superior a la opinión, opone Platón un sistema educativo que reposa íntegramente sobre la noción de la Verdad, tanto en el pensamiento como en la conducta. Según esta concepción, la educación es el medio de volver a los hombres tanto sabios como buenos. Pero... ¿Qué es la verdad?, preguntó Pilatos al Cristo y de seguro no esperó respuesta.
Establecido, pues, el orwelliano Ministerio de la Verdad, éste empieza a decretar: gimnasia para el cuerpo y música para el alma. La gimnasia comprende no sólo ejercicios físicos, sino también higiene, dietética y medicina, todo con el objeto de alcanzar las virtudes de coraje, firmeza y autodominio.
Por música debe entenderse letras y bellas artes. En primer lugar, a los niños hay que contarles fábulas, que enciendan su imaginación y pulsen sus sentimientos, pero fábulas verdaderas. Las fábulas son mentirosas cuando el poeta finge dioses y héroes que se comportan como dioses y héroes que no son de verdad. De ahí la crítica despiadada a Homero, Hesíodo y otros poetas menores que cuentan que Cronos mutiló (castró) a Urano, su padre, y después se puso a devorar a sus hijos, según iban naciendo, excepto a Zeus, que felizmente escapó al hambre paterna. Apenas menos horripilante, aunque sí más pintoresco, era todo el cuento de las fechorías y travesuras de los demás olímpicos, tan pronto en guerra como en libertinaje sexual entre ellos y con los mortales.
Los héroes, para Platón, deben ser encarnación de las virtudes de valentía, firmeza del alma y temperancia. Por consiguiente, nada de héroes gemebundos, berrinchudos o disolutos, como abundan en la Ilíada y en la Odisea.
A la literatura sigue en la educación la música propiamente dicha, pues no hay nada como el ritmo y la armonía para penetrar hasta lo más profundo del alma infantil, a fin de volverla bella y fuerte en extremo. Pero, justamente, en razón de su importancia pedagógica, la música tampoco puede escapar a la censura en la paideia platónica. Partiendo de que la música debe estimular las mismas emociones y sentimientos que la literatura, Platón proscribe en su proyecto político las melodías dulces e instrumentos que, como la flauta de Lidia, son quejumbrosos o lánguidos.
La aprobada ley de Responsabilidad social en radio y televisión no busca formar guardianes de Ciudad, y por tanto no está interesado en las virtudes ciudadanas de valentía, firmeza de carácter y autodominio, sino en la “protección integral de los niños, niñas y adolescentes”, que no se sabe muy bien en qué consiste. Dice la resistencia a la ley que la clasificación mojigata de sonidos e imágenes en los tipos A, A1, B, B1, C y D son rosas desvaídas que cubren la mordaza. ¿Será verdad?

carloshjorge@hotmail.comPublicado por TalCual, página 13, el jueves 24 de febrero de 2005

Unidades y usuarios


Hace unos años se decretó el fin de las ideologías. Parece ser que la predicción se está cumpliendo, porque la confusión de vocablos y conceptos es uno de los signos. Antes se sabía quiénes eran los buenos y dónde estaban y cómo se llamaban los malos. Por el discurso. El momento histórico actual se nos parece mucho al descrito por Tucídides en La guerra del Peloponeso (III,2,82): “Los hombres para calificar los actos llegaron a modificar arbitrariamente el sentido habitual de los términos. La audacia insensata pasó por valentía y devoción al partido, la expectativa prudente por flojedad disimulada bajo apariencias honorables, y la moderación por máscara de la cobardía”.
Dejando de lado el fangoso terreno de la moral, vengamos al no menos movedizo de la vida ordinaria. Así, para feministas y machistos las palabras tienen sexo y las personas (sobre todo las mujeres), género. Uno ya no va simplemente a un concierto a deleitarse con la música y los intérpretes de su gusto; ahora tiene que ser en vivo. Si usted ha tenido alguna experiencia traumática, alégrese, porque a eso le llaman crecimiento. Claro que puede obviar el dolor y tener alguna convivencia de fin de semana y, además de pasarlo bien en el Junquito o en la Colonia Tovar, se habrá desarrollado a tamaño de gigante. Si desea que su hijo viaje más barato, apúrese a comprarle el boleto directo personalizado; el indirecto y personal no le sirve.
Lo actual es no designar con términos precisos, sino con aquellos ambiguos que sirven para planchar un huevo y freír una camisa. Sección y departamento, vehículo, autobús y tren, rancho, apartamento y casa, escuela, colegio, liceo e instituto, han devenido unidades, p.e., de terapia intensiva, de transporte (las más veces destartalado), habitacionales (horroroso barbarismo en lugar de vivienda), educativas...
Cada unidad posee sus propios usuarios. Se han acabado los enfermos y pacientes, habitantes, pasajeros, viajeros, lectores de la biblioteca, clientes...
Cierta unidad financiera, que no es una sino un montón, atiende a sus usuarios en dos filas. En una están los Clientes Titulares. Allí le dicen: “Presente su Tarjeta de Débito o Crédito del Banco Venezuela / Grupo Santander y disfrute de una atención diferenciada”. La otra fila es la de los Clientes sin Tarjeta y no Clientes. Si usted es usuario de esa unidad bancaria, debe tener muy presente lo que se le informa: “Solicite su Tarjeta de Débito y disfrute de las ventajas de ser Cliente del Banco de Venezuela / Grupo Santander”. Si usted, como yo, piensa que es suficiente ser cliente para que lo atiendan como se merece, piensa mal. Usted es usuario, así tenga varias cuentas en la unidad financiera. En la espera de atención –si no ha tenido la experiencia- le aseguro que echará raíces y le van a salir flores. Lleve su sándwich y TalCual para leer en la cola. Allí no habrá clientes, sino usuarios con tarjeta o sin tarjeta
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carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 15, el 29 de marzo de 2005

Profetas






Cuando se habla de profetas, ¿de quiénes estamos hablando? Antes de contestar la pregunta, es preciso decir que, en la historia de Israel, un colectivo muy especial como los nabi o profetas resultó decisivo a la hora de confeccionar todo ese complicado entramado de textos llamados revelados, que hoy conocemos como la Biblia.
¿Cuál sería la personalidad y el carácter de un profeta? Es más que razonable pensar que el perfil psicológico para el menester de profeta se ha mantenido constante a lo largo de la historia. Cuando se conocen adivinos, chamanes y arúspices actuales, no podemos menos que mostrarnos muy precavidos a la hora de enjuiciar la obra de los profetas bíblicos. En palabras menos sibilinas, el lenguaje de los profetas bíblicos es similar al que emplean los videntes urbanos actuales para sacarle dinero a su crédula clientela.
De lo expuesto resulta que los profetas no tuvieron un espíritu superior al de los demás hombres, sino una mayor fuerza de imaginación, como lo dijo B. Spinoza. Si estamos dotados de este don, es fácil profecitar. Veamos Sal 27,3: “Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. Aunque se alzare en guerra contra mí, aún entonces estaré tranquilo”. Es obvio que se trata de una profecía sobre... ¿Rambo, James Bond, David Koresh, el final del Che en La Higuera, la detención de Jesús de Nazaret en el Monte de los Olivos... ?
Un segundo rasgo destacado es el constituido por la certeza con que predicen. Ésta se funda en la extremada viveza con que se imaginan las cosas que revelan y en que disponen de un signo para confirmar la inspiración divina. Esto es claro en la profecía 8 que nos llevó a casa El Nacional el domingo 30 de enero: “El pueblo callará y todo parecerá normal, hasta un día en que llegará un fuerte rayo como el viento”.
Si de la Sagrada Escritura resulta alguna cosa indudable, es que Dios no concedía en igual grado (y con el mismo signo) el don de la profecía a todos los profetas -más de 400- que el buen sentido común laico confundía a veces a estos entusiastas con los locos. Realmente la diferencia era pequeña (si la había).
La disposición de su temperamento constituye un tercer rasgo del perfil profético. Si el profeta es de alegre humor, no revela más que victorias, paz y todo lo que conduce al hombre a la alegría. Si el profeta es triste, predice guerras, suplicios y todo género de desgracias. Por ejemplo, Miqueas nunca predijo nada bueno a Acab, aunque otros profetas verdaderos lo hicieron; por el contrario, le predijo males para toda su vida. En conclusión, los profetas tenían y tienen, según su temperamento, mayor o menor disposición para tal o cual clase de revelaciones.
No sé cuál es el de la más reconocida astróloga venezolana, pero si la juzgamos por cómo ve a Venezuela en 2005... los chavistas tienen buenas razonas para llamarla Adriana Nazi.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 15, el viernes 8 de abril de 2005
Publicado por Imagen Latinoamericana/Editorial el 27 de abril de 2005

El limbo


Es bien sabido: el Papa supera a todos los creyentes y por mucho. ¡Antiguamente era un simple diácono de Roma; hoy, jefe de todos los obispos, arzobispos, cardenales, patriarcas, jefes de gobierno y de Estado, sean presidentes, reyes o emperadores! Y el Espíritu Santo lo ayuda en el gobierno de la Iglesia, lo impulsa a crear sin interrupción.
Una de las operaciones más brillantes que ejecutó con respecto a lo pasado fue la de enviar a los paganos y judíos que vivieron antes de la Era Cristiana a un reino que él no había creado por sí mismo (como el Purgatorio): el Limbo. En efecto, el Limbo era el único lugar del universo en el que verdaderamente no tenía nada qué decir, pues pertenecía a la jurisdicción natural del diablo. Sin embargo, el poder papal permitió colocarlo al borde (limbus, 'borde', 'canto') del Infierno. Allá envió a esa masa humana, presa de la órbita de su poder. ¡Y, cosa comprensible, allí fue recibida! Aproximadamente treinta años más tarde, el Santo Padre recuperó un cierto número de estas personas para trasladarlas al Cielo. Entre los rescatados estaban, según afirmaciones dignas de fe, Aristóteles, Platón y Sócrates, la reina de Saba, David, Eva y Adán...
Sobre el Limbo, los niños católicos de hace unos años aprendían que es el lugar donde van las almas de los que antes del uso de la razón mueren sin el bautismo. A él van los que mueren con pecado original y sin ningún otro pecado personal. En él no se sufre pena de sentido, porque ésta corresponde a las faltas personales, pero tampoco gozan de la visión de Dios. Se encuentran, sin embargo, en un estado feliz, en un estado que podemos llamar felicidad natural imperfecta, o sea, la que gozarían los hombres, si Dios no los hubiera elevado al orden sobrenatural, y en él conocerán a Dios y gozarán, no como en el Cielo.
En el Catecismo del Papa Wojtyla, el Limbo queda en el limbo, pero permanece el "Seno de Abrahán", adonde bajó Jesús a buscar a los justos para llevarlos al Cielo. En efecto, según el Credo, versión "Símbolo de los Apóstoles", Jesús descendió a los infiernos. "En cuanto a los niños muertos sin bautismo -señala el Catecismo-, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis", nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo (& 1261)”. De estas palabras se puede deducir que la silla de Pedro se está desarticulando. ¡Dejar a los inocentes sin un lugar en qué refugiarse?
Acusados de pecado original, igual están y en manos de la misericordia divina los pecadores firmantes de la famosa lista que solicitaron el constitucional RR.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por Talcual, pág. 15, el jueves 14 de abril de 2005

Enza y Pandora




Después de robar el fuego, Prometeo observa con orgullo la fuerte especie que ha engendrado: sus criaturas tienen coraje y alegría. Tienen conciencia. Se saben fuertes y poderosas. No precisan nada más fuera de su propio esfuerzo, tienen fe en sus propias manos, en su lucha, y constituyen una terrible amenaza para los olímpicos. Tal vez impongan un nuevo orden, el orden humano. Por eso los dioses están aterrados. Discuten. Será el mismo Júpiter en persona quien decida la forma más rápida de destruir el paraíso que los hombres se habían construido.
Llama a Vulcano, el habilidoso dios artesano, y le pide que confeccione una imagen de bronce. Deberá parecerse al hombre, pero diferenciándose de él, de tal forma que lo espante y lo conmueva, atrasándole el trabajo y trastornándole el alma.
Hecha la criatura, cada dios la adorna con algún don. Minerva, que ya no se considera amiga de Prometeo, pues éste ha desafiado a sus divinos compañeros, entrega a la mujer, recién creada, un hermoso vestido bordado que envuelve sus armoniosas formas, un velo que oculta el rostro y una guirnalda de flores que le adorna la cabeza. Venus le ofrece la belleza infinita y los encantos que les serán fatales a los indefensos varones. Mercurio le confiere el don de la lengua y Apolo le regala una suavísima voz.
Antes de partir Pandora (“todos los dones”) a cumplir su misión, el padre de los dioses le entrega una caja con una tapa.
Cuando la doncella llega a este mundo, encuentra a Epimeteo (“el que reflexiona tarde”), quien se enamora locamente de la hermosa figura. La enviada de los dioses le regala la caja. Epimeteo, todavía desorientado por el deslumbramiento que le ha ocasionado la seductora figura, olvida el juramento hecho a su hermano Prometeo de no aceptar presente alguno de Júpiter y abre la tapa. Su olvido y su acción serán fatales para el género humano. Inmediatamente, saltan de adentro de la caja todas las desgracias del mundo.
Sin embargo, en el fondo del recipiente maldito permanece un tesoro, un sentimiento precioso que podría arruinar toda la venganza de los dioses y destruir definitivamente cualquier plaga, pues Júpiter no desea deshacerse de los hombres, sólo quitarles el paraíso. Escondida para siempre, en el fondo de la caja de Pandora estaba la esperanza.
En medio de tantos males que nos agobian, hay muchos jóvenes que son nuestra esperanza. La “generación boba” les ha dejado un mundo de miserias, pero allí están ellos, inocentes y talentosos, para transformarlo, como Enza García Arreaza. Adornada con el don de la buena escritura y con sólo 17 años, acaba de ganar el VI Premio Cuento Contigo: Nuevas voces jóvenes, Aula Iberoamericana, de Casa de América, en Madrid. Noticias como éstas permiten creer que el paraíso existe

carloshjorge@hotmail.comPublicado por TalCual, pág. 15, el martes 26 de abril de 2005

Los cátaros



Un fantasma recorre el mundo. El Papa, Bush, los ayatolás y obispos se han coligado en una cruzada de pureza de fe y costumbres. Como los cátaros, pero sin su autenticidad.
Estos herejes de los siglos XII-XIV también fueron conocidos como albigenses, por la importancia que tuvieron sus comunidades en la ciudad y región de Albi, situada en el sur de Francia.
Simplificando mucho sus creencias, podemos decir que los cátaros (katharoi, puros) eran descendientes del maniqueísmo, para el que hay dos principios supremos: el del Bien, creador del espíritu, y el del Mal, creador de la materia. Con esta base, consideraban que el hombre era un campo de batalla entre el dios de la luz y el de las tinieblas. La materia, creación exclusiva de Satanás, iba a desaparecer a través de reencarnaciones. Para ayudar al alma a liberarse de ella, los cátaros llevaban una vida “casta”, se alimentaban lo menos posible y recomendaban el suicidio, como medio heroico.
En EE.UU., el presidente, diputados y senadores entre gallos y medianoche –y no es metáfora- aprobaron una ley para que la desahuciada Terri Schiavo no se muriera dignamente, para que tuviera la oportunidad de vivir, al modo de los últimos 15 años, como... ¡una planta! Mientras tanto, esos mismos cátaros en dos años han matado a más de 1.500 compatriotas y 25.000 iraquíes con el falaz argumento de que éstos poseían armas de exterminio.
En Argentina, un obispo alza su voz contra la posible despenalización del aborto, recitando el versículo 6 de Mateo 18: “Y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le arrojaran al fondo del mar”. Con razón al oírlo los ciudadanos de ese país recordaron con pavor lo cerca que la Iglesia católica estuvo de los que iban a ser arrojados al mar... dándoles la bendición para que los recibieran en el Cielo.
Después de dieciséis años, a Salman Rushdie aún lo persigue la fatwa lanzada contra él por el más medieval de los ayatolás iraníes, émulo del papa Inocencio III, que había decretado la exterminadora cruzada de los albigenses.
Iglesias y deportistas aseguran que sus productos son el mejor sustituto de las drogas heroicas y no tan heroicas. Y debe de ser cierto, si uno observa la paranoia de algunos predicadores y las obsesiones enfermizas de muchos atletas.
Ahora, en cruzada antitabáquica, con imágenes francamente intolerantes, se pretende disuadir a los fumadores de su suicidio. Pero, para éstos, el humo es como la castidad para los cátaros, que no condenaban la actividad sexual... ¡mientras fuera estéril!, sino el matrimonio y la procreación. Por esta causa se les acusó de orgías contra natura... como a los fumadores. ¿Será por eso que los recaudadores de impuestos están de plácemes?

carloshjorge@hotmail.com
Publicado en TalCual, con una ilustración, el jueves 8 de septiembre de 2005, página 15

Astrea


Temis, el orden establecido (en el universo y entre los hombres), y por extensión el Derecho, es una de las raras divinidades alegóricas asociadas a los olímpicos. En efecto, los antiguos vates materializaron la idea de lo justo figurándosela sentada, para indicar el reposo en que debe estar el juez; le vendaron los ojos, porque el juez no ha de ver a las personas; le dieron un semblante sereno, porque el juez no se ha de apasionar; le pusieron una balanza en la mano izquierda, porque el juez no ha de inclinarse más a un lado que a otro, y en la derecha una espada con que amenaza al culpable, porque el juez no ha de perdonar.
Fue Temis esposa y consejera de Zeus (Júpiter), pues el poder duradero es el que se funda en la justicia. De ese matrimonio nacieron cuatro hijas: Concordia, Paz, Ley y Astrea. A Ley le regaló su padre unas tablas para que escribiera en ellas los preceptos que él les había dado a los hombres. A su hija Astrea la envió al mundo para que presidiera los tribunales y para que dirigiese los consejos que mantenían la Paz y la Concordia. Pero eso sucedió en los venturosos días de la edad de oro. Con el tiempo el oro se convirtió en bronce, el bronce en hierro, el hierro en... Total que la doncella Astrea, viendo que los hombres no pensaban sino en matarse, se volvió al Cielo. Allí está con el nombre de Virgo al lado de su madre, Libra. Ésta, para resguardarse y resguardar a su hija temiendo la petulancia de la especie humana, puso un escorpión de centinela, a quien auxilia un flechero; un león, que intimida al más osado; un cangrejo vigila atentamente mientras retrocede; un carnero, un toro y un macho cabrío están para defenderlas con cuernos; los gemelos Cástor y Pólux guardan armados; a quienes intentaran asaltar el zodíaco embarcados, los esperan unas mandíbulas dentadas de feroces tiburones y un asolador huracán que los ahogará sin remedio.
No deja de ser ilustrativo que tirios y troyanos políticos se hayan puesto de acuerdo en un caso de administración de justicia y se hayan convertido en jueces de alzadas. tampoco que un partido quiera realizar una protesta y la irresponsable Coordinadora Democrática lo califique de escandaloso, perverso e inmoral, y las feministas se indignen y consternen con una decisión sexista, “pues no tiene conciencia de los problemas de la discriminación de la mujer”. ¡Hasta una reconocida narradora como Rosa Montero no pudo dejar de publicar unas cuantas tonterías sobre el asunto!
Ser juez es el cargo de mayor responsabilidad que se puede asumir y el de mayor soledad, porque no hay buen juez a gusto de partes. Hasta que un tribunal superior diga lo contrario, tengo para mí que Rosa Cádiz es reposada, serena, imparcial, desapasionada y... valiente, y que ha dictado una sentencia justa. La injusticia con el acusado y la víctima, parece, está en los investigadores (¿?) del caso que se graduaron en un curso por correspondencia.


carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 13, el miércoles 9 de marzo de 2005

Ecclesia




Aunque parezca absurdo, Jesús no fue cristiano. No es baladí recordar que los cristianos de las primeras generaciones eran judíos de lengua semítica. Tres siglos después de la muerte del Profeta de Nazaret, en el concilio de Nicea (324) -verdadero origen del catolicismo- los obispos ya sólo hablaban griego y un poco de latín. El cristianismo que elaboraron entonces los gentiles y judíos helenizados se apartó del judeocristianismo que, desde Jerusalén y de la mano de Santiago, el hermano de Jesús, y del apóstol Pedro propagó el mensaje del Nazareno después de su ejecución. Ganaron los griegos. La estructura mítica de Jesús fundió en un crisol las creencias paganas más ilustres. Posteriormente, habrá una segunda transformación al volverse romana.
Como lo dijo sin ambages Ch. Guignebert, es difícil establecer con certeza de qué rito pagano deriva tal rito cristiano, pero es indudable que el espíritu ritualista de los paganos se impuso poco a poco en el cristianismo, hasta el punto de volverse a encontrar, enteramente, en sus ceremonias. La necesidad cristiana de desarraigar usos antiguos y muy tenaces precipitó la asimilación a partir del siglo IV. Además, el poder del clero se vio notablemente acrecentado por el derecho casi exclusivo que adquirió desde temprano y por disponer de la fuerza mágica de los ritos, a los que llamó sacramentos. En otros términos, si consideramos la Iglesia cristiana a principios del siglo IV, nos será difícil reconocer a la comunidad apostólica. A decir verdad, no la reconoceríamos en absoluto.
El cristianismo de la Edad Media: universalista y guerrero, exclusivista, violentamente intolerante y particularmente terrible para los judíos, está erizado de dogmas absolutos que irritan la razón, de ritos minuciosos y múltiples, poderosos y misteriosos. Tal cristianismo está cargado de incontables devociones particulares, que se dirigen a dioses prácticamente distintos y a infinidad de santos especializados. Tal cristianismo está regido por un clero, amo de la fe y de la conciencia de los laicos. Estrictamente jerarquizado, tiende cada vez más a recibir órdenes de un centro único impulsado por el formidable ejército de los monjes y contenido por la tropa porfiada y sutil de los teólogos.
Cuando, hoy, se contempla el cristianismo en la magnificente Basílica de San Pedro, en las innumerables y suntuosas catedrales que habita, en las espléndidas ceremonias que celebra y en los símbolos que lo animan y se lo compara con la religión del Maestro galileo, humilde y dulce, que pretendía únicamente anunciar a sus hermanos la Buena Nueva de la llegada del Reino y hacerlos dignos de recibirlo, casi no se ve qué haya de común entre una y otra. La religión de Jesús, cuya piedad se elevaba hacia el Dios de sus padres, era la expresión de un confiado impulso filial. Parecería, entonces, que, con el nombre de Cristo, la vida religiosa y filosófica del paganismo, con todos sus contrastes y todas sus incoherencias, hubiera recuperado vigor y triunfado de la religión del espíritu y de la verdad que el Rabí judío había vivido

carloshjorge@hotmail.com
PUBLICADO POR TALCUAL, PÁG. 15, EL 26 DE SEPTIEMBRE DE 2005

La guerra del amor propio

Dentro de la variedad casi infinita de apetencias que pululan por nuestro interior, existe un deseo que es la piel del animal humano, pues arropa y viste a todos los demás deseos; tal no es otro más que el amor propio: un querer ser más que los demás, u otro tanto, si valen mucho.
Para Rousseau, el amour prope es una pasión alterada y abultada por mil raudales, que nunca está contento, que no reposa, que "hiere con frecuencia la mano que de él se sirve y rara vez hace provecho sin causar estragos", pasión progenitora de pasiones irascibles y rencorosas. Celebra el amour de soi porque, como pasión genuinamente natural, es instrumento de nuestra conservación.
Para otros autores, el amor propio es juez de todo lo que hacemos, causa de todos los yerros como de todos los aciertos, motor de todas nuestras empresas.
Así entendido, el amor propio es una perspectiva individual del querer ser en la autoafirmación de lo humano en las relaciones intersubjetivas. Tal es la brújula que nos guía en la búsqueda y defensa de lo que nos es más provechoso, de lo que creemos que nos conviene más, aunque a veces se alucina. Queremos al otro porque nos amamos a nosotros mismos. Y nos amamos a nosotros mismos porque somos valiosos.
En la elección que hacemos del semejante, hay una triple vertiente del amor propio: a) es un impulso (como todo deseo) de perseverar en el ser, de sobrevivir, de asegurarnos las condiciones mínimas de humanidad; b) hay, por otro lado, en esa elección, en esa comparación con el otro, un anhelo de excelencia personal; y c) es a partir y en nombre del amor propio cómo el hombre quiere y se apropia los objetos. En resumen, el amor propio no es entonces un mero afán de simple supervivencia sino, también, de una determinada imagen del propio yo que es puesto para sí como valioso, en cuya consolidación el reconocimiento y la aprobación de los semejantes es imprescindible.
Es, pues, un deseo, inquieto y sin medida y, por tanto, el mejor resorte del obrar, fuente incesante de zozobra individual. El hombre, cada hombre, sufre y padece por causa de su amor propio. Como todo amor es permanente angustia y constante insatisfacción, porque es eminentemnente social. Hay en el amor propio un prurito de no decaer en el aprecio del otro, que vale más. Pero la búsqueda de la excelencia y el temor al reproche de los mejores no son concesiones gratuitas al gregarismo, sino parte de la aceptación de nuestra génesis social.
Creo que en Venezuela está planteada una lucha entre el amor de sí y el amor propio. ¿Quién vencerá? Contra Rousseau y contra los que piensan como él en este asunto, escribió Simón Rodríguez: “Querer perfeccionar a un hombre quitándole su amor propio, es querer blanquear a un negro, raspándole el pellejo: más valdría desollarlo de una vez; pero ni blanco ni negro quedaría porque la piel es de esencia en el animal”.

carloshjorge@hotmail.comPUBLICADO POR TALCUAL, PÁG. 15, EL 14 DE OCTUBRE DE 2005

Corsarios

Pirata, filibustero, bucanero y corsario suelen usarse como sinónimos. Pero como no hay sinónimos, no queda sino aclarar los términos para centrar sus significaciones. Bucaneros y filibusteros eran individuos que durante los siglos XVII y XVIII formaron grupos que infestaron el mar de las Antillas, entregados al saqueo de las posesiones españolas de ultramar. Pirata es nombre de muy vieja data. Con este términ o nos referimos, en su primera acepción, a aquella persona que, junto con otras de su misma condición, se dedica al abordaje de barcos en el mar para robar. Así, filibustero, bucanero y corsario son piratas, pero no todo pirata es corsario. Corsario es otra cosa. Se dice del buque de propiedad privada, de su capitán y tripulación que, con patente del gobierno, se dedica a la piratería. Es difícil determinar dónde empieza la piratería y dónde termina el corso, que degenera fácilmente en aquélla. Y hay más: el mismo individuo es considerado, a veces, corsario por los suyos y pirata por los enemigos.

A partir de la piratería apátrida sin apoyo gubernamental alguno, que surgió tras el descubrimiento de América, Inglaterra, Francia y las Provincias Unidas fomentaron la proliferación corsaria que se produjo en la carrera de Indias desde la segunda mitad del siglo XVI y que mantuvo en un estado endémico de guerra marítima irregular o asimétrica al monopolio español en la captura de galeones del tesoro e incursiones a puertos coloniales.
A modo de ilustración recordemos a dos “distinguidos” corsarios ennoblecidos por sus gobiernos que atacaron a Venezuela. El primero, francés, fue un corsario falsificado. En efecto, de una patente vencida y otorgada, además, por un gobernador de la isla de la Tortuga que había muerto antes de la presunta fecha en que fuera otorgada, se valió Francisco Estaban Grammont para organizar una expedición nocturna contra el puerto de La Guaira. Henry Morgan, inglés, fue un superpirata distinguido por el gobierno con el título de Sir. En 1669, con cuatrocientos hombres se introdujo en el lago de Maracaibo. Después de saquear la ciudad, la incendió. Se cuenta que al repartir el botín en Port-Royal, se decían los corsarios: “Basta de combates. Ya somos ricos hasta el fin de nuestros días”... Al año siguiente estaban saqueando Panamá. Como reza un viejo dicho, el tigre pierde las lanas pero no las mañas.
Como en su tiempo fueron bases de corsarios la isla de la Tortuga (francesa) y Jamaica (inglesa), así funciona Tenería, un estacionamiento de la Dirección de Tránsito Terrestre, en Puente Hierro, en donde se reparten el botín recogido durante el día en las correrías por calles y avenidas de Caracas. Se entiende que los buques son camiones equipados con grúas para llevarse los carros particulares mal estacionados. Además de cobrar por el rescate de los automóviles capturados –150 .000 es la tarifa mínima-, estos corsarios terrestres nuestros perciben sueldo, vacaciones, aguinaldo y pensión de vejez como funcionarios públicos. ¡No les llevan nada a los piratas que asolaban nuestras costas!


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PUBLICADO POR TAL CUAL, PÁG. 15, EL 27 DE OCTUBRE DE 2005

Aparatos ideológicos del Estado

La tradición marxista es categórica: se concibe el Estado como un aparato represivo. El Estado es una máquina de represión que permite que las clases dominantes aseguren su dominación... Por eso los clásicos del marxismo lo denominan aparato del Estado (AE).
El Estado (y su existencia como aparato) sólo tiene sentido en función de poder del Estado. Sabemos que el aparato del Estado puede permanecer a pesar de los acontecimientos políticos que afecten el poder del Estado. El objetivo de la lucha de clases concierne al poder del Estado. El proletariado debe conquistar el poder para destruir el aparato burgués del Estado.
El AE contiene dos cuerpos: el cuerpo de las instituciones que representan el aparato represivo del Estado, por una parte, y el cuerpo de instituciones que representan el cuerpo de aparatos ideológicos del Estado (AIE).
¿Qué son los aparatos ideológicos del Estado? Llamamos AIE a cierto número de realidades que se presentan al observador bajo la forma de instituciones precisas y especializadas: los AIE religiosos (las distintas iglesias), los AIE escolares (escuelas públicas y privadas), familiares, jurídicos, políticos (sistema político, partidos), sindicales, de información (prensa, radio, tv), culturales...
Lo que distingue a los AIE del AE represivo es esta diferencia fundamental: el AE funciona con violencia, mientras que los AIE funcionan con ideologías. Si los AIE “funcionan” de modo predominantemente ideológico, lo que unifica su diversidad es su mismo funcionamiento, en la medida en que la ideología según la cual funcionan está siempre, de hecho, unificada –a pesar de sus contradicciones y diversidad- bajo la ideología dominante, que es la de “la clase dominante”.
Si reparamos en que la “clase dominante” detenta el poder del Estado y dispone, por tanto, del aparato (represivo) del Estado, podemos admitir que la misma clase dominante está activa en los AIE, en la medida en que, a través de sus mismas contradicciones, la ideología dominante se realiza en los AIE. Según nuestros datos, ninguna clase puede detentar durablemente el poder del Estado sin ejercer al mismo tiempo su hegemonía sobre y en los aparatos ideológicos del Estado.
Los AIE pueden no sólo ser la piedra de toque, sino también el lugar de la lucha de clases y, a menudo, de formas organizadas de la lucha de clases.
La ideología de la clase dominante no se convierte en dominante por gracia del cielo, ni siquiera por la simple virtud de la toma del poder del Estado. Se convierte en dominante por la puesta en operaciones de los AIE, en que ella se realiza y es realizada.
Louis Althusser escribió todo lo anterior en 1970, antes de estrangular a su mujer diez años después. Los disparos sobre la autonomía universitaria parecieron ser una operación necesaria del AE para asegurar el poder del Estado a través de los AIE, aunque no su asesinato... todavía. Faltan algunas leyes.

carloshjorge@hotmail.com
PUBLICADO EN TALCUAL, PÁG. 15, EL 7 DE NOVIEMBRE DE 2005

Actitud depredadora





No es una sátira, aunque pareciera, La teoría de la clase ociosa (1898); es la singular obra de un gran sociólogo: Thorstein Veblen. De ella extraeremos algunos conceptos para que iluminen nuestra confusión.
Señala Veblen que la institución de una clase ociosa surgió gradualmente durante la transición de unos bárbaros de vida pacífica a otros bárbaros de costumbres belicosas.
Las condiciones necesarias para que surja una clase ociosa bien desarrrollada son: 1) la comunidad debe tener hábitos de vida depredadores; 2) tienen que haber posibilidades de conseguir medios de subsistencia suficientemente grandes para permitir que una parte considerable de la comunidad pueda estar exenta de dedicarse, de modo habitual, al trabajo rutinario.
De la institución de una clase ociosa hay que decir que es la excrecencia de una discriminación entre tareas dignas (honorables y nobles), que pueden ser clasificadas como hazañas, e indignas (degradantes e innobles), esto es, ocupaciones de vida cotidiana en que no entra ningún elemento apreciable de proeza.
La fase cultural depredadora se alcanza sólo cuando la actitud depredadora se ha convertido en la actitud espiritual habitual y acreditada de los miembros del grupo; cuando el combate ha pasado a ser la nota dominante de la teoría normal de la vida; cuando, finalmente, la apreciación vulgar de los hombres y las cosas ha llegado a ser una apreciación orientada hacia la lucha.
Es cierto que todas las sociedades poseen una clase ociosa. Pero cuando la actitud depredadora de una clase es la actitud de todo el grupo tenemos la nación ociosa. Aunque no todos los individuos vivan de la ociosidad. Ejemplos históricos sobran.
Los espartanos no trabajaban; obtenían todo lo necesario para su subsistencia de la explotación sistemática de los habitantes de Lakonia y Mesinía, a los que habían sometido a servidumbre permanente. En cuanto a la Roma republicana, se trata del caso más extraño de rapiña que registra la historia. El Mediterráneo entero fue implacablemente saqueado, exprimido y esclavizado para que en la ciudad de Roma una plebe holgazana y privilegiada pudiese vivir sin trabajar, alimentada y entretenida por el Estado. En la España imperial las únicas profesiones lucrativas eran las de soldado, cura o pícaro, profesiones eminentemente de una nación que subsiste de explotar a otros. Los borbones trataron de crear una clase industriosa, pero ya era tarde para el Imperio: los sometidos se rebelaron.
En el proceso de la evolución cultural, la aparición de una clase ociosa coincide con el comienzo de la propiedad, pues la posesión de riqueza confiere honor; es una distinción envidiable. La aparición de la nación ociosa coincide, también, con la propiedad para toda la nación. El acta de nacimiento de nuestra nación ociosa fue redactada el 1 de enero de 1975 con la nacionalización del hierro y canto del Himno en el Cerro Bolívar; una segunda acta se redacta el año siguiente, en Zumaque, con la nacionalización del petróleo. “Tá barato, dame dos” fue el grito depredador.

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PUBLICADO POR TALCUAL, CON ILUSTRACIÓN, EL 17 DE NOVIEMBRE DE 2005, P. 15

Ocio vs Trabajo


La ejecución de algún trabajo ha sido aceptada como prueba de una inferioridad de poder; en consecuencia, intrínsecamente baja. La abstención del trabajo se convierte, por tanto, en una marca de buena reputación. Recíprocamente, como la aplicación al trabajo es un signo de pobreza y sujeción, resulta incompatible con una vida respetable en la comunidad .
Abstenerse del trabajo es la prueba convencional de la riqueza y, por ende, la marca de una buena posición social. Las ocupaciones normales y características de quienes no trabajan en los tiempos históricos son , desde el punto de vista formal, muy semejantes a las de sus primeros tiempos: el gobierno, la guerra, los deportes y las prácticas devotas, en una palabra, aquéllas que pueden clasificarse como ostensiblemente depredadoras. Por el contrario, aquellas tareas que caen dentro del terreno propio de la clase industriosa son innobles; tales la industria, el artesanado, el trabajo agropecuario o cualquier otro trabajo productivo, los servicios de los criados, etc. Pero un servicio bajo prestado a una persona de un grado superior puede convertirse en un oficio muy honorífico. Existe una clase ociosa subsidiaria o derivada, cuya tarea es la práctica de un ocio vicario para mantener la reputación de la clase ociosa primaria o auténtica. Esta clase ociosa vicaria se distingue de la auténtica por un rasgo característico de su modo habitual de vida: la ociosidad del criado no es su propia ociosidad. El primer requisito de un buen sirviente consiste en saber con claridad cuál es su sitio.
El término ‘ocio’ no comporta indolencia o quietud: significa pasar el tiempo sin hacer nada productivo, 1) por un sentido de la indignidad del trabajo productivo y 2) como demostración de una capacidad pecuniaria que permite una vida de ociosidad.
El ocio, considerado como ocupación, tiene un parecido muy cercano con la vida de las hazañas; y los resultados que caracterizan una vida de ocio y que sirven como criterios de decoro tienen mucho de común con los trofeos que resultan de las hazañas.
Hazaña se opone a industria. El industrioso gasta su energía para crear una cosa nueva con una finalidad nueva que le es dada por la mano moldeadora de quien la hace empleando material bruto. La hazaña, en cuanto produce un resultado útil para el agente, es la conversión hacia sus propios fines de energías anteriormente encaminadas por otro agente para algún otro fin.
Desde los tiempos de los filósofos griegos, los hombres reflexivos han considerado siempre como un requisito necesario para poder llevar una vida humana digna, buena o incluso irreprochable, un cierto grado de ociosidad y de exención de todo tipo de contacto con los procesos industriales que sirven a las finalidades cotidianas de la vida humana. A los ojos de todos los hombres civilizados, la vida ociosia es bella y ennoblecedora en sí misma y en sus consecuencias. Pero a nosotros se nos fue la mano. Es la madre de todos nuestros vicios y abuela de nuestras desgracias.

carloshjorge@hotmail.com
PUBLICADO POR TALCUAL, PÁG. 15, EL 1º DE DICIEMBRE DE 2005