miércoles, 18 de febrero de 2009

Teoría de la Revolución: El juego



La obra de Germán Roscio El triunfo de la libertad sobre el despotismo, libro de cabecera del presidente mexicano Benito Juárez, es una de las pocas obras de teoría política de la época de la Independencia de América. Su contemporáneo y compatriota, el también caraqueño Simón Rodríguez, no sólo escribió de teoría política para aclarar los acontecimientos de su turbulenta época sino de teoría revolucionaria. A 198 años de la Independencia, 149 de la Federación y 10 de la Revolución bonita, el maestro de Bolívar tal vez nos pueda dar algunas lecciones de lo qué entender por revolución y qué podemos esperar de la última nombrada. En el artículo de hoy me limitaré a una comparación. En los que vienen prometo seguir hurgando en nuestro pasado más heroico para entender lo porvenir que se ve bastante prosaico.
En Lima, en 1842, casi al final de Sociedades Americanas en 1828, el filósofo caraqueño comparó “el estado de la Cuestión Política, en América, a un JUEGO”. No deja de sorprender la comparación. También en su época, pues escribió a continuación: “¿Qué tiene que ver la Revolución con el JUEGO? (preguntarán algunos)”. “El que no vea que la contienda actual es un JUEGO no tiene ojos intelectuales”, les contestó.
Y pasa a definir: “Jugar es apostar a quien gana”. En estos días los venezolanos apostaron: unos perdieron, otros ganaron. De los que perdieron –que fueron obligados a jugar, aunque no tenían ganas-, unos se defienden diciendo que “el ventajismo oficialista tornó el referéndum en un gran fraude”; otros denuncian “un plan intimidatorio (que) existe y seguirá existiendo”. Los ganadores aseguran que derrotaron la mentira de las encuestas de empresas que venden perro y que cuando la gente llega a su casa descubre que era gato (en mi época se decía dar gato por liebre). Y debe de ser verdad, pues no se entiende que los “ganadores” de hace dos meses hayan perdido por más de nueve puntos en tan poco tiempo. Pero así es el juego electoral.
Es muy posible que el lector de hoy, al igual que el de ayer, cuando se le dice juego asocie la palabra con perinolas, yoyos, metras, trompos, vuelos de papagayos, escondites y tantos otros regocijos que poblaron nuestra infancia. Pero el juego al que se refiere el Sócrates de Caracas es un poco más peligroso que los nombrados. Lo describió así: “Si porque el contrario me lleva una parada, lo mato ¿con quién sigo jugando? Y si cuando yo gané me hubieran matado… ¿jugaría hoy?”
La comparación se estableció para denunciar el prejuicio de “los que sostienen que la Revolución debe seguir su curso”… entendiendo que el curso es seguir insultándose, desterrándose y matándose por opiniones que no tienen otro fundamento que el modo de proceder en la misma empresa.