jueves, 17 de julio de 2008

Profetas






Cuando se habla de profetas, ¿de quiénes estamos hablando? Antes de contestar la pregunta, es preciso decir que, en la historia de Israel, un colectivo muy especial como los nabi o profetas resultó decisivo a la hora de confeccionar todo ese complicado entramado de textos llamados revelados, que hoy conocemos como la Biblia.

¿Cuál sería la personalidad y el carácter de un profeta? Es más que razonable pensar que el perfil psicológico para el menester de profeta se ha mantenido constante a lo largo de la historia. Cuando se conocen adivinos, chamanes y arúspices actuales, no podemos menos que mostrarnos muy precavidos a la hora de enjuiciar la obra de los profetas bíblicos. En palabras menos sibilinas, el lenguaje de los profetas bíblicos es similar al que emplean los videntes urbanos actuales para sacarle dinero a su crédula clientela.

De lo expuesto resulta que los profetas no tuvieron un espíritu superior al de los demás hombres, sino una mayor fuerza de imaginación, como lo dijo B. Spinoza. Si estamos dotados de este don, es fácil profetizar. Veamos Sal 27,3: “Aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón. Aunque se alzare en guerra contra mí, aún entonces estaré tranquilo”. Es obvio que se trata de una profecía sobre... ¿Rambo, James Bond, David Koresh, el final del Che en La Higuera, la detención de Jesús de Nazaret en el Monte de los Olivos... ?

Un segundo rasgo destacado es el constituido por la certeza con que predicen. Ésta se funda en la extremada viveza con que se imaginan las cosas que revelan y en que disponen de un signo para confirmar la inspiración divina. Esto es claro en la profecía 8 que nos llevó a casa El Nacional el domingo 30 de enero: “El pueblo callará y todo parecerá normal, hasta un día en que llegará un fuerte rayo como el viento”.

Si de la Sagrada Escritura resulta alguna cosa indudable, es que Dios no concedía en igual grado (y con el mismo signo) el don de la profecía a todos los profetas -más de 400- que el buen sentido común laico confundía a veces a estos entusiastas con los locos. Realmente la diferencia era pequeña (si la había).

La disposición de su temperamento constituye un tercer rasgo del perfil profético. Si el profeta es de alegre humor, no revela más que victorias, paz y todo lo que conduce al hombre a la alegría. Si el profeta es triste, predice guerras, suplicios y todo género de desgracias. Por ejemplo, Miqueas nunca predijo nada bueno a Acab, aunque otros profetas verdaderos lo hicieron; por el contrario, le predijo males para toda su vida. En conclusión, los profetas tenían y tienen, según su temperamento, mayor o menor disposición para tal o cual clase de revelaciones.

No sé cuál es el de la más reconocida astróloga venezolana, pero si la juzgamos por cómo ve a Venezuela en 2005... los chavistas tienen buenas razonas para llamarla Adriana Nazi.

carloshjorge@hotmail.com
Publicado por TalCual, pág. 15, el viernes 8 de abril de 2005
Publicado por Imagen Latinoamericana/Editorial el 27 de abril de 2005
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1 comentario:

Carlos H. Jorge dijo...

¿Qué será de la vida de Adriana Azzi? ¿Sigue profetizando?