jueves, 17 de julio de 2008

Ocio vs Trabajo


La ejecución de algún trabajo ha sido aceptada como prueba de una inferioridad de poder; en consecuencia, intrínsecamente baja. La abstención del trabajo se convierte, por tanto, en una marca de buena reputación. Recíprocamente, como la aplicación al trabajo es un signo de pobreza y sujeción, resulta incompatible con una vida respetable en la comunidad .

Abstenerse del trabajo es la prueba convencional de la riqueza y, por ende, la marca de una buena posición social. Las ocupaciones normales y características de quienes no trabajan en los tiempos históricos son , desde el punto de vista formal, muy semejantes a las de sus primeros tiempos: el gobierno, la guerra, los deportes y las prácticas devotas, en una palabra, aquéllas que pueden clasificarse como ostensiblemente depredadoras. Por el contrario, aquellas tareas que caen dentro del terreno propio de la clase industriosa son innobles; tales la industria, el artesanado, el trabajo agropecuario o cualquier otro trabajo productivo, los servicios de los criados, etc. Pero un servicio bajo prestado a una persona de un grado superior puede convertirse en un oficio muy honorífico. Existe una clase ociosa subsidiaria o derivada, cuya tarea es la práctica de un ocio vicario para mantener la reputación de la clase ociosa primaria o auténtica. Esta clase ociosa vicaria se distingue de la auténtica por un rasgo característico de su modo habitual de vida: la ociosidad del criado no es su propia ociosidad. El primer requisito de un buen sirviente consiste en saber con claridad cuál es su sitio.

El término ‘ocio’ no comporta indolencia o quietud: significa pasar el tiempo sin hacer nada productivo, 1) por un sentido de la indignidad del trabajo productivo y 2) como demostración de una capacidad pecuniaria que permite una vida de ociosidad.

El ocio, considerado como ocupación, tiene un parecido muy cercano con la vida de las hazañas; y los resultados que caracterizan una vida de ocio y que sirven como criterios de decoro tienen mucho de común con los trofeos que resultan de las hazañas.

Hazaña se opone a industria. El industrioso gasta su energía para crear una cosa nueva con una finalidad nueva que le es dada por la mano moldeadora de quien la hace empleando material bruto. La hazaña, en cuanto produce un resultado útil para el agente, es la conversión hacia sus propios fines de energías anteriormente encaminadas por otro agente para algún otro fin.

Desde los tiempos de los filósofos griegos, los hombres reflexivos han considerado siempre como un requisito necesario para poder llevar una vida humana digna, buena o incluso irreprochable, un cierto grado de ociosidad y de exención de todo tipo de contacto con los procesos industriales que sirven a las finalidades cotidianas de la vida humana. A los ojos de todos los hombres civilizados, la vida ociosa es bella y ennoblecedora en sí misma y en sus consecuencias. Pero a nosotros se nos fue la mano. Es la madre de todos nuestros vicios y abuela de nuestras desgracias.

carloshjorge@hotmail.com
PUBLICADO POR TALCUAL, PÁG. 15, EL 1º DE DICIEMBRE DE 2005
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